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sábado, 3 de mayo de 2014

Roma: puertas mágicas, cerraduras de 1700 años, y peticiones varias...

 

No mucha gente conoce que en Roma hay una puerta que es mágica, o se supone que lo es. La verdad es que ni se abre ni se cierra, pues ha acabado encastada en un muro y custodiada por dos esculturas del dios egipcio Bes –que fueron colocadas en fecha posterior a su construcción–. Para encontrarla debemos situarnos en la colina del Esquilino, concretamente en la Piazza Vittorio Emanuele (no es donde está el Monumento a Vittorio Emanuele II). Aquí justo en medio de un pequeño parque, se conserva el único monumento alquímico del mundo mejor conocido como la Puerta Mágica o Puerta Alquímica.

Esta puerta formaba parte de la villa que construyó a principios del 1600 el marqués romano Massimiliano Palombara, un entusiasta iluminado, buscador de la ciencia de la alquimia. (La alquimia, una pseudociencia que buscaba y aún busca incansablemente la “piedra filosofal” para convertir cualquier metal en oro) ésta fue la gran pasión del marqués romano Massimiliano Palombara, uno de “los alquimistas de Palazzo Riario”, y que formaba parte de la corte de la reina  Cristina de Suecia. Massimiliano Palombara era un miembro de los Rosacruces ; este fue un famoso orden esotérica , cuyo símbolo era la Rosa Cruz . Había sido fundada por primera vez en 1407 por un ocultista alemán llamado Christian Rosenkreutz, que había completado sus estudios de ocultismo en la Tierra Santa . El orden se extinguió, pero fue posteriormente refundada a principios del siglo XVII. De las cinco puertas que contaba la villa, solo ha sobrevivido ésta. Se trata de una puerta de mármol blanco.  En esta villa estaban incluidas también las grandiosas ruinas de una fuente romana de la época de los Severos (siglo III), de la cual hay ahora solo el impresionante “esqueleto” hecho de ladrillos (ya que todas sus decoraciones de estatuas fueron reutilizadas en el Renacimiento y recolocadas en la celebre balaustrada de la Plaza del Capitolio).

La historia es que un joven médico y alquimista de Milán, Giuseppe Borri, que había sido expulsado del colegio de los jesuitas donde estudiaba por su gran interés en lo oculto, llegó a Roma y se unió al círculo de Villa Palombara. La leyenda cuenta que Borri, financiado por el Marqués, llevaría muchos experimentos, haciendo todo lo posible para encontrar la legendaria piedra filosofal que le permitiría convertir la materia en oro. Pero una noche se fue de pronto (lo que realmente sucedió, es que la Inquisición papal se cruzó en su camino) dejando tras de sí una serie de pergaminos en los quehabía fórmulas complejas,  que nadie fue capaz de interpretar. Así Massimiliano Palombara hizo labrarlas en la puerta de acceso de su laboratorio (o, según otra versión, fue el mismo Borri el que las grabó antes de salir corriendo)

Otra leyenda explica que un día mientras estaba paseando el Duca, por la zona del Letrán, tuvo una visión en la cual vio a San Juan que le revelaba los secretos alquímicos, de la Piedra Filosofal y, sobre todo, los del proceso que le habría permitido “transmutar” los minerales en oro. Fue para que no se olvidase de estas “formulas”, que el mismo Palombara decidió de tallar con letras latinas y hebraicas, con varios signos y símbolos mágicos y misteriosos, el marco de una puerta de mármol que evidentemente, en origen, daba acceso a un lugar secreto desaparecido. Para saber más  sobre las inscripciones de la puerta.
File:Porta magica 2.JPG

Desde el Esquilino llegamos a la cercana Basílica de San Juan de Letrán “Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del Mundo”, como dicen dos inscripciones que hay al lado de la entrada principal!
Justo en el atrio de la misma Basílica está la puerta central de bronce, majestuosa, es una de las pocas originales de época romana que se conservan en la ciudad. Los dos batientes se remontan al siglo III-IV y antes permitían el acceso a uno de los lugares más importantes del Foro: la Curia, lugar de reunión de los Senadores romanos.
Fue durante el pontificado de Alejandro VII Chigi, precisamente en el 1660, cuando se trasladó esta puerta al lugar actual y, pocos años después, nació una curiosa costumbre popular que sigue existiendo hoy en día. Prácticamente todas las futuras madres la tocan con la esperanza de dar a la luz un hijo varón, ya que por esa puerta pasaron los hombres más importantes de la Roma antigua. Por eso a un metro y medio más o menos, se ve que la superficie ha cambiado de color con tanto toqueteo...

Es uno de los templos más destacados de la cristiandad, durante mil años, desde el año 324 hasta el 1400 (época en que los Papas se fueron a vivir a Avignon, en Francia), la casa contigua a la Basílica era el “Palacio de Letrán”,  y fue la residencia de los Pontífices,  allí se celebraron cinco Concilios. En este palacio se celebró en 1929 el tratado de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán).
Cuando los Papas volvieron de Avignon, se trasladaron a vivir al Vaticano. Ahora en el Palacio de Letrán vive el Vicario de Roma. Sobre la fachada de la Basílica encontramos 15 estatuas de 7 metros de altura. En el centro tenemos a Cristo, y a ambos lados están San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Los demás representan a los Doctores de las Iglesias griega y latina.
El interior se compone de cinco naves con un amplio crucero y un enorme ábside, restaurado en el XIX, en tiempos de León XIII. La decoración y la arquitectura del interior pertenecen a la intervención llevada a cabo en el XVI por Borromini.
La parte más interesante del crucero es el hermoso baldaquino realizado por Giovanni di Stefano en la segunda mitad del siglo XIV. Debajo del baldaquino, en el interior del altar papal, se conservan las reliquias de lo que, según la tradición, es el antiguo altar de madera sobre el cual en las edades paleocristiana y medieval habrían celebrado los Papas sus misas.

Bajamos ahora hacia la zona arqueológica más famosa de Roma: el Foro. En la Vía Sacra hay un templo conocido con el nombre de “Templo de Romulo”, en realidad estaba dedicado en el siglo IV, no tanto al mítico fundador de la ciudad, sino al hijo divinizado del emperador Majencio, que se llamaba Romulo, y que muestra en perfectas condiciones su puerta original de bronce. Este pequeño edificio se construyó en un espacio que quedaba entre el templo de Antonino y Faustina (hoy día San Lorenzo en Miranda), la Basílica Nova (también conocida como de Majencio o de Constantino) y el Foro de la Paz.
Cuando los arqueólogos la descubrieron, se dieron cuenta  de que era un milagro, ya que casi todas las que estaban en la zona del Foro, habían sido destruidas o reutilizadas durante los siglos de la época medieval y renacentista. La cosa curiosa es que hicieron también una prueba para ver si la cerradura, “vieja” de más 1700 años todavía funcionaba. El resultado fue que la llave, creada para hacer la prueba, entraba y salia sin problema cerrando los dos batientes perfectamente. Se puede visitar, si la puerta está abierta claro!