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miércoles, 21 de octubre de 2015

De Westminster a Mayfair: cuando Buckingham no era tan importante para los reyes...




Saldremos desde Buckingham Palace como si fuésemos parte de un cortejo real para hacer nuestro recorrido por los barrios de Westminster y acabaremos en el de Mayfair, podemos hacerlo andando apenas son 6 km que nos tomaremos con tiempo para poder verlo todo tranquilamente.
Ya que estamos aquí podemos aprovechar para ver el cambio de guardia, atención porque sólo se celebra diariamente entre los meses de abril a julio, y en días alternativos durante el resto del año. Si no llueve la ceremonia empieza sobre las 11:00 de la mañana, se inspeccionan las tropas en St. James’s Palace y Wellington Barracks. Luego las tropas se desplazan a pie y a caballo por The Mall, la gran avenida que nos lleva hacia Charing Cross, el acto oficial del relevo tiene lugar en el patio del Palacio de Buckingham a las 11.30 horas. Así que os aconsejo que os asegureis de que el día que queráis verlo sea el correcto.


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El edificio original se construyó sobre lo que había sido un monasterio, tal vez por ello corre el rumor de que por sus muros vaga un alma en pena. Este primigenio edificio fue bautizado como Buckingham House, y era la residencia de John Sheffield, el primer duque de Buckingham (los que presumen de pertenecer al círculo más íntimo de la familia real aún se refieren a él como “Buck House”. En 1721 el duque pasó a mejor vida y su hijo natural vendió la mansión a Jorge III por unas 28,000 libras, era el año 1762. Cuando Jorge IV subió al trono, anunció que Carlton House no era lo suficientemente digna del rey de Inglaterra, ni tan siquiera el Palacio de St. James, así que decidió que la Buckingham House tenía que ampliarse a su nueva condición de rey. Conociendo cómo había actuado cuando era Príncipe de Gales con su anterior vivienda, pues se dedicó a reformarla y adecuarla a su gusto sin reparar en gastos, pues se hacía cargo de ellos la corona y su querido padre Jorge III, no fue extraño que se desentendiera de las obras antes de que se dieran por concluidas, así mismo desvió buena parte de los fondos que se habían destinado a la construcción del palacio, en un nuevo capricho, en el Royal Pavilion de Brighton, que acabó siendo su residencia preferida...

domingo, 11 de octubre de 2015

Fantasmas en Londres, hay muchos...pero hoy hablamos de los que murieron y aún vagan por la ciudad.

Londres tiene tal energía, genera tanta atracción, que muchas personas que han muerto en Londres parecen poco inclinadas a dejar la ciudad. Son muchos los que afirman haber visto o haber recibido visitas de aquellos que se niegan a abandonar la ciudad una vez han pasado a mejor vida, y lo curioso del caso es que los lugares favoritos donde suelen aparecerse son los palacios, los teatros y cómo no, los pubs. ghost-31320_1280.png
Dichos espíritus suelen ser de carácter benigno, y según se dice pocos son los casos de actos diabólicos o malvados, tal vez sea la flema inglesa, que dura eternamente…
Hoy conoceremos a tres de los más infelices fantasmas y a su vez personajes conocidos en vida, el primero Oliver Cromwell, luego tenemos a Henry Ireton y por último a John Bradshaw.
Tres personajes que tenían mucho en común y que murieron en un espacio de tiempo relativamente corto.


Tras derrotar a Carlos I, y convertirse en protector de la Commonwealth inglesa, Cromwell vivió otros nueve años antes de sucumbir a las fiebres intermitentes que acabarían con su vida en 1658.
Ireton era un soldado y yerno de Cromwell, además de ser uno de los regicidas que firmó la autorización de muerte para Carlos I. Y también murió de fiebres en el asedio a Limerick en 1651.
Bradshaw murió en 1659, y presidía la mesa en el juicio de Carlos I, y fue él quien dictó la sentencia de muerte contra el rey.
Los tres personajes estaban tranquilamente muertos en su tumbas, ya no molestaban a nadie, pero todo empezó cuando Carlos II fue restituido al trono y el nuevo rey decidió que los cuerpos fueran exhumados, llevados a la prisión de Tyburn y ser ahorcados, el mismo día en que su padre había sido ejecutado años antes, el nuevo rey quería hacer justicia con los que asesinaron a su padre, aunque estuvieran ya muertos...

domingo, 19 de abril de 2015

London is on fire! el gran incendio de 1666, nunca hay que dejar el horno encendido...

«Great Fire London». Publicado bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Great_Fire_London.jpg#/media/File:Great_Fire_London.jpg.


Londres, el verano de 1666 está siendo duro, muy duro para los que han perdido a su familia por culpa de la peste que a asolado la ciudad, y el país. El clima está siendo extremadamente seco y caluroso, aunque la primavera y el invierno también lo han sido . Las casas están más secas de lo habitual, se echa en falta la humedad y las lluvias de Londres.
Es sábado, 1 de septiembre, en un pequeño callejón de nombre Pudding Lane, tan pequeño que apenas cabe una carretilla, y que nos lleva a la populosa Thames Street, centro de la actividad comercial. En este callejón está la panadería de Thomas Farynor, el panadero del rey Carlos II. No se sabe bien por qué pero esta vez el panadero se olvida de apagar el horno de su panadería, como siempre suele hacer. Sobre las dos de la madrugada del domingo día 2 los criados del panadero le despiertan alarmados, el horno ha prendido el piso inferior de la casa, están atrapados. Para poder escapar del fuego deben salir por la ventana y subirse a la azotea, lo consiguen el panadero, su hija y un criado. La pobre doncella no se atreve a caminar por el tejado, y muere en el incendio. Ella fue la primera víctima del incendio, que ya ha devorado la casa del panadero y amenaza con extenderse sobre las casas vecinas. Las construcciones están todas amontonadas, todas muy pegadas unas con otras. El fuerte viento que empieza a soplar desde el este, comienza a empujar las llamas en dirección al oeste, en apenas dos horas de haber comenzado el incendio, este ya se ha descontrolado.

Por Eluveitie (Trabajo propio) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], undefined
Los alguaciles van corriendo a informar al Lord Major de Londres, se trata de Thomas Bludworth, y la respuesta que da pasará a la historia como un gran ejemplo de irresponsabilidad de un gran incompetente, sólo se le ocurrió decir "¡Mead! ¡Una mujer podría acabar con él de una meada! y se volvió tranquilamente a la cama. Por suerte estaba Samuel Pepys, que más tarde se haría famosos por los diarios que escribió sobre la vide en Londres entre 1660 y 1669. Por aquel entonces era oficial de la Armada, decidió subirse a la Torre de Londres para poder ver lo que ocurría con el incendio. Y lo que vio le heló la sangre, el incendio ha arrasado Pudding Lane, la cercana Fish Street Hill está reducida a cenizas, incluidos los almacenes llenos de carbón, leña, aceite y brandy, lo que hace que las llamas se hayan avivado considerablemente. El fuego ha alcanzado el Puente de Londres, cuya construcción se había iniciado en 1176 bajo el reinado de Enrique II de Inglaterra y fue completado durante el reinado de Juan Sin Tierra. Lo malo de que haya llegado hasta el puente, es que sobre el mismo hay una estructura con hasta siete pisos de casas, llenas de comercios y pegadas unas a otras. Apenas hay una estrecha callejuela que separa las casas a ambos lados del puente.
Todos los que vivían en el puente estaban intentando salvar sus bienes, los arrojaban al río o utilizaban barcas a las que lanzarse para poder huir. Este no era el caso de los más pobres, que esperaban hasta que el incendio llegaba hasta la puerta de su casa, para saltar al río. Por aquel entonces no existía el cuerpo de bomberos, sino que las parroquias o algunos particulares disponían de carros con bombas de agua montadas sobre ellos, pero primero había que localizarlos y reunirlos para que pudieran actuar. Todo ese tiempo que se perdía hacía que el incendio tuviese alas. Cuando consiguieron organizar las brigadas, el problema era la gente que huía del incendio y los arrastraba impidiendo que llegasen a la zona del fuego. Cuando lo consiguieron se dispusieron a seguir con la táctica de crear cortafuegos dentro de la ciudad, para ello había que derribar una linea de edificios para que sirviera de barrera. El Lord Major, a esas alturas ya se había dado cuenta de que con una simple meada no conseguirían nada, había dado la orden de formar los cortafuegos demasiado tarde, el fuego estaba sin control.
Mientras Pepys, viendo que ya hay más de trescientas casas destruidas, y al ver como está ardiendo el Puente de Londres, solicita audiencia al Rey Carlos II en su calidad de oficial de la Armada Inglesa. Cuando le explica al rey cómo está la situación, el rey le ordena que contacte con el Lord Major y le ordene que demuela todas las casas que sean necesarias con tal de cortar el fuego. Cuando Pepys se encuentra con Bludworth se lo encuentra que está sufriendo una crisis nerviosa y es incapaz de hacer nada más que desmayarse.
Las llamas se extienden hacia el oeste y el norte de la ciudad , sus dimensiones son tan grandes que parece el Juicio Final. Hacia el mediodía del domingo se abandonan los intentos de extinción y control del fuego, la gente trata de huir y ponerse a salvo con lo poco que tienen como pertenencias.
El rey se encuentra en un barco en el Támesis, desde ahí contempla la ineptitud del Lord Major, decide relevarle del cargo y ordena que se sigan derribando casas para formar otro cortafuego, pero ya es demasiado tarde. El aire que se encuentra sobre el incendio se calienta mucho por el efecto del fuego, y va subiendo a gran velocidad creando un vacío que es ocupado por corrientes de aire más frío que se encuentra a ras del suelo, lo que sirve para alimentar de oxígeno a las llamas que se hacen aún más virulentas, es lo que se conoce como tormenta ígnea.
Por Bunchofgrapes at the english wikipedia [GFDL (www.gnu.org/copyleft/fdl.html) undefined CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/)], a través de Wikimedia Commons
El fuego seguirá ardiendo toda la madrugada hasta el lunes tres de septiembre, cuando amanece un fuerte viento del este, ayudado por el clima cálido y seco, hará que el fuego recorra la ciudad, arrasando todo lo que encuentra a su paso. El señor Bludworth ha desaparecido, ni está ni se le espera, por lo que el rey decide poner al mando a su hermano el duque de York, que tratará de abrir nuevos cortafuegos en distintos puntos de la ciudad. La verdad es que con poco éxito, pues el fuego iba demasiado veloz. Tan veloz como lo hacía el monarca que recorría la ciudad acompañado de una pequeña escolta para animar a los que combatían las llamas.
El mismo Puente de Londres hizo de cortafuego, así que el fuego no llegó a la otra orilla del Támesis, en cambio las llamas se dirigen hacia el norte, al corazón de Londres. La Catedral de Saint Paul cae pasto de las llamas, al igual que el distrito comercial y de negocios de la ciudad. Los ricos salen a las calles entregando dinero a los ciudadanos que encontraban para que les ayudasen a salvar sus pertenencias.
La ciudad seguirá quemando todo el lunes, y su noche, continuará el martes pero ya su fuerza será menor. El pueblo lleva días buscando culpables, y como no, empiezan los rumores de que ha sido provocado por los holandeses y francese, justo con los que Inglaterra mantenía una larga enemistad. Empiezan a producirse ataques a extranjeros hasta que el rey decide enviar al ejército para protegerles. 
Después de cuatro días de incendio el miércoles 5 de septiembre el viento amaina y las llamas se extinguen, dejando un panorama desolador. Se habían destruido trece mil viviendas, la catedral de Saint Paul, el Custom House, todas la prisiones, la Oficina General de Correos, la Bolsa, la Royal Exchange. Hay más de doscientos mil londinenses sin hogar, sin nada... pero sólo se han contabilizado cuatro muertos, oficialmente claro. Ahora sabemos que pudieron morir miles de ellos, y si los cuerpos no se encontraron fue porque el intenso calor había provocado que hasta los huesos se desintegrasen, como había pasado con las cerraduras de la ciudad, que quedaron fundidas por el calor. Más del 75 % de la ciudad que estaba dentro de las murallas había desaparecido, y fuera de ella había suburbios que también habían sido afectados.

Como muchos dicen, no hay mal que por bien no venga, el incendio a pesar de que nos cueste imaginarlo, tuvo dos efectos beneficiosos. Por un lado supuso el final de la epidemia de peste de 1665, y por el otro la renovación total de la ciudad.
A finales de septiembre, una comisión parlamentaria fue nombrada para la investigación del incendio. Durante la investigación un relojero protestante francés, un tal Robert Hubert, confesó haber provocado deliberadamente el incendio en la panadería, ayudado por otros conspiradores. Sus colegas dijeron que estaba desequilibrado, además los detalles de su confesión iban cambiando según lo interrogaban, el Conde de Clarendon comentó que "ni los jueces, ni nadie presente en el juicio creyeron que fuera culpable, pero consideraron que era un pobre desgraciado, cansado de la vida y no dudaron en ahorcarlo en Tyburn."
El comité parlamentario informó en enero de 1667, que no habían encontrado nada que pudiera argumentar que el fuego había sido provocado.  Sólo sería años más tarde en 1678, durante un complot papista, Titus Oates declaró que "la ciudad de Londres fue quemada en el año 1666 por los papistas... para introducir el poder arbitrario y papista en este reino" debido a estas declaraciones en el monumento conmemorativo colocaron una placa en la que se decía "la traición y la malicia de la facción papista", retirada en 1831.
Christopher Wren [Public domain], undefined
Tan sólo un año después se aprobaría la Ley de Reconstrucción, que permitirá en apenas ocho años que se construyan diez mil casas, todas ellas en ladrillo o piedra para evitar que se repitieran nuevos incendios. Las calles serán más anchas, se construirá un nuevo alcantarillado subterráneo que sustituirá las que había a cielo abierto, eso hará que la ciudad sea más limpia y menos olorosa. Se instauraron las aceras en las calles, se amplió el ancho de las mismas para permitir que entrara la luz en las casas, y éstas fueran más ventiladas. El renacimiento de este nuevo Londres se lo debemos al arquitecto Cristopher Wren, que dirigirá la construcción de cuarenta y nueve iglesias, y como no la nueva Catedral de Saint Paul. Será el encargado de planificar las amplias avenidas, las plazas y los parques, estableciendo las bases del Londres moderno.
Por iniciativa del rey, Carlos II, Cristopher Wren y Robert Hooke construyeron un monumento cerca de Pudding Lane, se encuentra a unos 61 metros de donde se sabe que comenzó el incendio. A su vez su altura de 200 pies (corresponderían a 61 metros) recuerda la distancia del foco del fuego. Se le conoce como "The Monument". En 1668 se añadieron las acusaciones contra los católicos en una inscripción del monumento, que según algunos los hacían culpables del suceso: " Aquí, con permiso del cielo, el infierno se desató sobre esta ciudad protestante... iniciado y llevado a cabo por la traición y la malicia de la facción papista..." Esta inscripción a pesar de que lo que relata no fue cierto, se mantuvo hasta 1830.
Hay otro monumento que nos recuerda este gran incendio, se trata del Golden Boy de Pye Corner en Smithfield, marca el lugar donde el fuego se detuvo. También hay una inscripción en la que se constata que el hecho de que el fuego se iniciara en Pudding Lane y se detuviera en Pye Corner era un indicio claro de que el fuego era una evidencia de la ira de Dios en la ciudad de Londres, por el pecado de la gula...
Por Ariaski [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], undefined

El Golden Boy, es un querubín de casi dos metros metido en una hornacina, es una figura de madera recubierta de oro,  en sus inicios estaba incrustada en la parte delantera de un pub en Pye Corner, y que era conocido como "La fortuna de la guerra". Está situado en la esquina de la calle Giltspur y Cock Lane, en Smithfield, en el centro de Londres, cerca del Hospital de San Bartolomé.
Su proximidad al hospital nos lleva a contaros una historia bastante macabra, sobre los Body Snatchers, o sea ladrones de cuerpos...
En los siglos XVIII y XIX digamos que hubo cierta escasez de cadáveres para que los médicos pudieran diseccionar, y a raíz de esto se creo un negocio que movía bastante dinero. Los ladrones de cuerpos por una buena suma se acercaban a los cementerios y desenterraban a los que acababan de morir, o sino asesinaban a cualquier menesteroso que se encontrasen por la calle y vendían su cuerpo. La gente temía el robo de órganos de sus difuntos, tanto, que solían pagar a guardias para que vigilasen al muerto hasta que este se hubiera descompuesto y ya no fuera útil para su disección. Se dice que la iglesia del Santo Sepulcro que está cerca de Pye Corner se construyó para disuadir a los Body Snatchers. Lo más fuerte de todo es que en el pub "La fortuna de la guerra" donde estaba el rollizo querubín, era el lugar macabro donde traían los cuerpos para que los médicos del hospital cercano los evaluasen y dieran el visto y así poder realizar el correspondiente cobro de los servicios.       

Aún estaba la ciudad en ascuas, cuando el rey dictó los primeros decretos de emergencia, primero ordenó distribuir pan y otros alimentos en los barrios del norte y de levante, que eran los más castigados. Se habilitaron las iglesias y escuelas que aún estaban en pie, para albergar a los que habían perdido sus casas. Al mismo tiempo se lanzó una campaña nacional para conseguir fondos para ayudar a las víctimas. Cumplidas estas primeras medidas, y restablecida en mayor o menor medida la normalidad en la ciudad, Carlos II se enfrentó a la dura tarea de reconstruir Londres. Para ello solicito la ayuda de sus amigos científicos, como Christopher Wren, arquitecto y astrónomo, o el matemático y físico Robert Hooke, así como el escritor y estadista John Evelyn que le propusieron ambiciosos planes inspirados en el urbanismo barroco que por aquel entonces hacía furor en el continente. La cosa fue muy lenta, pues no habían suficientes fondos, además ya sabemos como de tradicionales son los londinenses como para cambiarles de arriba a abajo la ciudad. De modo que la reconstrucción se llevó a cabo según las posibilidades del Reino, el Ayuntamiento y los propios vecinos. Cinco años después, aún quedaban unos 20.000 habitantes que no habían regresado a la ciudad, pese que se habían construido ya casi 10.000 viviendas y edificios. 
La Rebuilding Act, o sea, la Ley de Reconstrucción de 1667, establecía una serie de normas para que la nueva ciudad fuera más sólida, habitable y segura. No todos cumplieron dichas normas, pero la ciudad cambió realmente de aspecto y no sufrió incendios de tal magnitud. Desaparecieron las casas de madera, las callejas y callejones, las fachadas de las casas ya no eran escalonadas, sino rectas, eso facilitaba el paso del aire y del sol. De esta época vienen las manzanas de casas iguales, con los tejados de pizarra y las típicas chimeneas londinenses.       


miércoles, 15 de abril de 2015

Reconstruyendo Londres, de los Estuardo a los Orange en un pis pas...

Londres se encuentra permanentemente en obras desde el incendio de 1666 que asoló la ciudad. El rey confía en su amigo Christopher Wren para la reconstrucción de la misma, en 1669 lo nombró arquitecto real, cargo que mantuvo a pesar de los diferentes monarcas que sucedieron a Carlos II. A Wren le debemos la reconstrucción de la Catedral de Saint Paul, además de que aún se conservan 24 iglesias proyectadas por él, como la de Saint James, la de Picadilly, la de San Clemente Danes, en  el Strand, o la de San Esteban, en Walbrook, cuya cúpula se considera una de las obras maestras de Wren. No sólo se dedico a las iglesias también se encargó de los edificios civiles como el Palacio de Kensington y sus jardines, el Hospital Real de Chelsea, y las reformas del ala este y sur del antiguo palacio de Hampton Court. A pesar del numeroso trabajo que tenía en cuanto a proyectos, tuvo tiempo para ser el fundador y primer presidente de la Royal Society. La muerte le llegó trabajando, a los 91 años, en 1723.


Mientras Wren se dedicaba a trabajar, al rey le buscaban esposa, rozaba la cuarentena y aún seguía soltero, y no era por falta de pretendientas, sino más bien porque tendría que dejar de hacer durante un tiempo lo que más le gustaba, visitar a sus numerosas amantes. Al final se casó con Catalina de Braganza, princesa portuguesa, que era católica, al igual que Jacobo el Duque de York y hermano del rey.
Y ya la tenemos liada, pues los anticatólicos no podían soportar que los posibles herederos del rey, ya fuera su esposa o su hermano, instaurasen de nuevo el catolicismo en Inglaterra. Tal es así que preferían que sucediese al rey el hijo ilegítimo que tenía. Su nombre era James Scott, duque de Mommouth, era el primer fruto de sus amores con Lucy Walter en 1649, y era un devoto anglicano.
La presión del Parlamento obligó al rey a negar la legitimidad del joven Scott, que aunque fuera protestante era bastardo, y esta palabrita es aún hoy, el mayor insulto que le puedes decir a un británico.
Como muestra de buena voluntad para con los anglicanos, hace que su hermano el duque de York se vaya de bolos por las cortes europeas para no tenerlo cerca, además ofrece una serie de limitaciones que atarían el poder de Jacobo si este llegara a reinar. Pese a todas estas concesiones, el parlamento se enfrenta cada vez más al rey y éste ni corto ni perezoso decide cortar por lo sano y disuelve definitivamente la tradicional institución.
http://www.galleryhistoricalfigures.com/figuredetail.php?abvrname=NellGwynne
Nell Gwyn
Pasan los años y el rey sigue tan jovial como siempre, fiel a su máxima: "Dios nunca condenará a un hombre por procurarse un poco de placer" no cejo de alternar sus obligaciones reales con las de cualquier hombre robusto y bien parecido. Era aficionado a la navegación, a la caza, a los caballos y como no a las mujeres, sus aventuras amorosas dejaron no menos de 15 retoños ilegítimos nacidos en Londres y alrededores, aunque no llegó a obtener la ansiada descendencia de su reina portuguesa.

"Barbara Villiers" by Peter Lely - archived web page of Euston Hall.. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Barbara_Villiers.jpg#/media/File:Barbara_Villiers.jpg
Bárbara Villiers
Entre sus amantes tenemos a Nell Gwyn, Lucy Walter, Bárbara Villiers (duquesa de Cleveland) y Louisa de Kéroualle (duquesa de Portsmouth y apodada Lelly). A pesar de todo ello el rey no abandonó su intención de mejorar la ciudad, y de ampliarla. Se drenó y canalizó el río Fleet, se ensancharon un centenar de calles con un mínimo de 4 metros y medio, reservó algunas de ellas para peatones exclusivamente, instauró la costumbre del paseo vespertino por esas calles. Una ordenanza estableció que los edificios de las calles más importantes no tuvieran menos de 4 plantas, sus muros debían tener un espesor suficiente para ser consistentes y evitar desgracias. En este tiempo aparecerán las primeras "square" o manzanas edificadas con una plaza en el centro. Los nobles y magnates que huyeron cuando el gran incendio, vuelven a la ciudad y se instalan en las afueras de la muralla, en el actual barrio del West End.

Podemos decir que el reinado de Carlos II fue bastante tranquilo, hubo algunos episodios trágicos, pero el rey podía morir tranquilo. Y lo hizo el 6 de febrero de 1685, de muerte natural, probablemente lo hizo feliz, pues había conseguido un trono que no se esperaba, obtenido el amor de sus súbditos, y sobre todo súbditas, y disfrutado de la vida tal y como siempre quiso. El mismo Londres que lo había recibido con alborozo, lo despidió con llorosa y sincera consternación en Whitehall.

Ya se sabe, a rey muerto, rey puesto. Y en esta ocasión le tocó el turno a Jacobo, el duque de York y hermano del finado. La pega es que era católico.
El heredero era un personaje bastante particular, tan conciliador como su hermano y igualmente disoluto. En el momento de acceder al trono, contaba con 52 años de edad, en su juventud había sido un excelente marino y un gran militar y está casado en segundas nupcias con María de Módena. En esos momentos se encuentra viviendo entre Bruselas y Luxemburgo, dispuesto a ocupar su trono, el heredero regresa a Londres y emprende una ardua negociación con los "tories" anglicanos, sector que ostenta la mayoría del Parlamento. Éstos admiran el historial militar de Jacobo en defensa de Inglaterra, gracias a su sinceridad en cuestiones religiosas deciden entonces que el mal menor es su religión, y deciden apoyar su entronización. Jacobo II será coronado el 6 de febrero de 1685, pero a los dos meses de la coronación, su sobrino bastardo James Scott, duque de Mommouth desembarca en la costa de Somerset, para reclamar sus derechos hereditarios, cuenta con una pequeña tropa y con el apoyo de los anticatólicos más radicales. El rey envía al ejército que lo derrotará, lo prenderá y lo ejecutará, hala! problema resuelto.
Al año siguiente se produce un levantamiento en Escocia, liderado por Archibald Campbell, el duque de Argyll, jefe de uno de los clanes más prestigiosos y respetados de Escocia, y cuyo padre había propiciado la coronación de Carlos II en la Abadía de Scone. Pero su linaje y ascendencia política no impidieron que tras ser derrotado, acabara de la misma manera que James Scott.

Este ramalazo que le suele dar al rey de ejecutar y represaliar a todo aquel que le haga oposición, preocupan primero y alarman después a cortesanos y parlamentarios. Al poco tiempo de estos sucesos la reina queda encinta, eso supone que el nuevo sucesor también será católico. A los anglicanos eso les preocupa, y le recuerdan la rey sus compromisos adquiridos de tolerancia y buen gobierno, a lo que Jacobo responde con otro alarde de autoritarismo. Destituye a la mayor parte de sus ministros anglicanos, y los reemplaza por católicos afectos a la reina. Poco después el arzobispo de Canterbury junto a otros cinco obispos más firman un documento público exigiendo al soberano el respeto a la preeminencia oficial de su credo. El rey, como jefe de la iglesia Anglicana, los destituye sin designarles sucesor. Al día siguiente, siete personalidades del Parlamento y la Iglesia envían una misiva al estatúder Guillermo de Orange, paladín del protestantismo europeo, y yerno de Jacobo II, pues se había casado con la princesa María, hasta entonces heredera de la corona Británica. En la misiva le ruegan que vaya para Inglaterra con un ejército y que convoque un nuevo Parlamento para decidir la legitimidad del inminente príncipe de Gales.
Al entrar en Londres, Guillermo de Orange se encuentra con que el rey ha huido a Francia, en 1689 el nuevo Parlamento declara la abdicación del rey ausente y ofrece el trono a Guillermo y María, que deberán reinar conjuntamente. El monarca holandés será coronado como Guillermo III. A pesar de todos sus intentos de dar un heredero a la corona, no lo logra. Y tras su muerte sucedida el 8 de marzo de 1702 la sucesión recaerá en su cuñada, Ana Estuardo. Ésta con una salud débil y delicada nombrará a John Churchill, duque de Malborough, Primer Ministro, cargo que ocupará durante 12 años. La buena reina Ana y su guapo príncipe consorte Jorge de Dinamarca, se dedicaron con mucho empeño a proveer un heredero que asegurara la continuidad de la dinastía. La reina tuvo 18 embarazos, de los cuales 13 resultaron fallidos. Los cinco niños que nacieron vivos fallecieron durante su infancia. La reina ya contaba con 43 años cuando murió su esposo, y viendo que no podría dar un heredero reafirmó el "Act of Settlement" o acta de Compromiso, que se había acordado en 1701 para evitar que su hermano Jacobo III y primogénito católico accediera al trono. En estas disposiciones se establecía que si se interrumpía la línea sucesoria de los Estuardo, la Corona pasaría a sus parientes alemanes de la casa de Hannover, que era la segunda rama descendiente de Jacobo I.

Durante los últimos años de la reina Ana, se había iniciado en la ciudad una fiebre constructora que se prolongaría a lo largo del siguiente reinado con Jorge I de Hannover. En Grosvenor Square, cerca de Hyde Park se concentran elegantes palacetes. Esta amplia y elegante square de forma oval se situa en el extremo noroccidental de Mayfair, sobre un solar que antiguamente ocupaba una antigua fortaleza. Su nombre nos recuerda al arquitecto Richard Grosvenor, que en 1725 incluyó el trazado de esta plaza dentro de un gran proyecto de urbanización de la zona. Quedan aún unos pocos edificios originales del siglo XVIII, pero la mayor parte de la construcción es moderna, como la embajada de Estados Unidos, de mediados del siglo XX. Esta imponente sede diplomática ocupa toda la manzana occidental de Grosvenor Square, en cuyo extremo opuesto se encuentra la embajada de Italia. En el número 25 de Brook Street, vivió entre 1712 y 1759 el gran compositor austríaco Georg Händel, aquí fue donde compuso la mayor parte de su obra.

No dejamos aún el barrio de Mayfair, pues en su centro se encuentra la Berkeley Square, la más refinada y aristocrática plaza de la época, presenta una elegante forma alargada con los extremos redondeados. En un tiempo estuvo rodeada de lujosas residencias del siglo XVIII, los bombardeos destruyeron gran parte de ellas y sólo quedan algunas fachadas. Quizá la más interesante de ellas sea la que ocupa el Landsdowne Club, construido en 1768. En el número 20 de esta plaza durante la II Guerra Mundial, el general Eisenhower estableció su cuartel general, es por ello que durante un tiempo a esta plaza se la conocía como "Eisenhower Platz". En la plaza hay un monumento que se colocó en 2003 en memoria de
los 67 británicos fallecidos durante los ataques del 11-S en Nueva York.  En sus cercanías se encuentra el templo de la Inmaculada Concepción y la casa donde nació la reina Isabel II, en el número 17 de Bruton Street, quiero recordaros que Isabel II es reina, por ser hija de rey Jorge VI, que a su vez fue rey porque el titular Eduardo VIII renunció al trono por amor a Wallis Simpson, es decir por una serie de circunstancias concretas, pues estaba bastante lejos en la linea sucesoria si todo hubiese ido según lo previsto.


sábado, 11 de abril de 2015

Carlos II "The Merry King" y la gran peste que asoló Londres

«Charles I (1640)» de Sir Anthony Van Dyck - Historical Portraits. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Charles_I_(1640).jpg#/media/File:Charles_I_(1640).jpg
En el último post sobre Londres nos encontrábamos en que el Rey Carlos I se encuentra encerrado en el Palacio de Windsor, donde espera a ser sometido a juicio acusado de "haberse alzado en armas contra el Parlamento y contra el Reino de Inglaterra", el rey se niega a descubrirse ante los jueces, y con el sombrero bien plantado declara que no reconoce autoridad alguna para que lo juzgue. Ese alarde de chulería no le sirve de mucho, pues acabará siendo decapitado el 30 de enero de 1649. Para esa ocasión el rey ha decidido vestirse con sus mejores galas, vestido elegantemente sale del Palacio de Saint James donde lo habían recluido, y anda solemnemente por el parque escoltado por sus cancerberos. Primero hace una parada en Whitehall para tomar la comunión, luego se dirige a Banqueting Hall donde le espera el cadalso. Que ironía, va a morir en uno de los lugares más queridos de su padre.


Whitehall es la columna vertebral del centro político de Londres, entre emblemáticos monumentos históricos y solemnes edificios gubernamentales. Esta avenida se inicia en Trafalgar Square y se va extendiendo hasta el conjunto monumental que está formado por el Parlamento, la abadía de Westminster y la iglesia gótica de Santa Margarita. 
En su tramo final su nombre cambia por el de Parliament Street, aquí tenemos los edificios del Foreign Office y de otros departamentos del gobierno. Al otro lado está el ministerio de Defensa, en cuyo extremo norte se encuentra Banqueting House, construida por Inigo Jones en 1622. A mitad de Whitehall, se levanta el antiguo cuartel de los Horse Guards, es decir los guardias de caballería, de mediados del siglo XVIII, hoy aún está siendo utilizado como cuartel. Tanto por la mañana como por la tarde, ante el portal se efectúa la ceremonia del cambio de guardia, protagonizado por los guardias reales o life guards. Detrás del cuartel y casi tocando el parque de Saint James se extiende la Horse Guard Parade, está considerada la plaza mayor de Londres. En ella se celebra cada año, el segundo o tercer domingo de junio la Trooping the Colour, o sea la ceremonia de presentación a la bandera, antiguamente lo hacían coincidir con el aniversario del monarca reinante. Es una de las celebraciones más coloridas y suntuosas de los militares británicos, presidida por un espectacular desfile de los Horse Guards y sus bien entrenadas cabalgaduras, tanto jinetes como monturas compiten en ver quien está más espléndido con sus uniformes de gala.

"Horse Guards from Whitehall Shotter Boys pub 1836 edited". Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Horse_Guards_from_Whitehall_Shotter_Boys_pub_1836_edited.jpg#/media/File:Horse_Guards_from_Whitehall_Shotter_Boys_pub_1836_edited.jpg
El pueblo de Londres el voluble, y una vez se sabe de la condena del rey, cambian completamente de posición. Una cosa era levantarse contra el autoritarismo, y si me apuras quitarle el trono, pero que Inglaterra ejecutara a su propio rey, eso hería las fibras más sensibles del nacionalismo y del sentimiento monárquico, que de ese hay mucho... Tal es así que en los dias previos a la ejecución se produjeron numerosas manifestaciones de protesta y actos populares para solicitar el indulto al soberano, pero no consiguieron nada. Como recuerdo de esa ejecución hay una estatua ecuestre del poco afortunado soberano en el extremo norte de la avenida Whitehall, no muy lejos del lugar donde perdió la cabeza.

Y que pasó con la familia real, pues huyeron hacia Escocia. La reina Henrietta María y el joven Carlos II se fueron a Escocia acompañados de una serie de fieles monárquicos, dos años después de la muerte del rey, su hijo Carlos será coronado por los mismo fieles que les ayudaron a huir en la Abadía de Scone, lugar de consagración de los reyes Caledonios. Esa coronación no le va a valer de mucho, no tiene ninguna posibilidad de reinar de nuevo sobre Inglaterra.

Treinta años después de haber sido coronado Carlos intenta invadir la Inglaterra de Cromwell, conseguirá llegar hasta Worcester donde será derrotado. Qué ironías de la vida los ingleses decapitaron a su rey por ser absolutista, y en estos momentos están gobernados por un tipo dictatorial, puritano que con el poder que tiene mangonea el parlamento como quiere. En ocasiones los cambios no suelen ser muy buenos...
Tras la derrota el joven rey decide que para aliviar sus penas lo mejor es refugiarse en Francia. Es un muchacho alto y guapo, de buena planta y buen carácter. Sabe combinar la política y la guerra con los placeres terrenales, y en París se aprovecha de ello para buscar ayuda para su causa sin olvidarse de vivir la vida, que para eso estamos en París!.

Collection of the Museum of Ventura County, Private Collection
En la capital francesa asiste al teatro y a los salones mundanos, su éxito con las mujeres es espectacular. Cuando se cansa de París se va a Holanda, a España, en España será donde tendrá innumerables conquistas sentimentales, a pesar de que no conseguirá que los poderosos se decidan a brindarle fondos y tropas para conquistar Inglaterra y acceder al trono. El problema es que a pesar  de que las monarquías europeas no sintieran ningún cariño por el advenedizo de Cromwell, habían firmado la paz con él y no había intención alguna de romperla siempre que mantuviera sus ideas republicanas en las islas Británicas.
Todo cambió con la muerte de Cromwell en 1660, el sucesor del mismo no será otro que su hijo Richard, ¿desde cuándo una república resulta ser hereditaria?, bueno la cuestión es que el tal Richard comete errores uno tras otro, y es torpe en cuanto a temas de gobierno. El régimen puritano que había impuesto su padre se va debilitando, el ejército está inquieto, es el momento de actuar. Carlos se dirige a los Países Bajos, y proclama la declaración de Breda. En este documento el rey promete a los británicos una amnistía general, la libertad de conciencia religiosa, un reparto equitativo de las tierras en disputa y el inmediato pago de los salarios retrasados de la milicia. Éste último punto fue clave para que el general realista George Monk lograra reunir un poderoso ejército, al tiempo que sus colegas del Consejo Militar de Londres decidan que actitud tomar. Monck para darles tiempo va avanzando lentamente hacia Londres, de esta manera quiere evitar el derramamiento de sangre y que vayan avanzando las negociaciones para la entronización del rey.

A este periodo se le conoce como la Restauración, los ingleses con la sorna que los caracteriza bautizan a su nuevo rey como "The Merry King", o sea el Rey Alegre (o feliz). El monarca hizo su entrada en Londres el 29 de mayo de 1660, justo el día en que cumplía 30 años. En el triunfal desfile le hicieron guardia de honor unos 20,000 hombres del ejército de Monck, vestidos de gala y alzando los sables al paso del rey. Los londinenses se apiñaban en medio de las calles alfombradas con flores y adornadas con arcos triunfales, mientras acababan con el vino que brotaba de las fuentes por milagro del Ayuntamiento. Las campanas repiqueteaban sin cesar, y desde todos los rincones se oía música. En los balcones se situaban las damas, damiselas, y mujeres de mal vivir engalanadas con sus mejores trajes para la ocasión. El Lord Mayor y los concejales esperaban al soberano bajo numerosos y coloridos estandartes, vestidos con sus libreas relucientes y los collares que indicaban su rango luciendo bajo el sol. Al otro lado se encontraban los lores y nobles, enfundados en sus trajes de seda y terciopelo, bordados en oro y plata. Todo el mundo estaba alegre y sonriente, aliviados y esperanzados con su nuevo rey.

No hay duda alguna de que el nuevo rey entró en palacio con el pie derecho. En la primera etapa de su reinado la situación le favoreció abiertamente, sin gran esfuerzo de su parte. La jerarquía anglicana y los nobles terratenientes llegaran a un acuerdo para dominar el nuevo Parlamento, que será elegido en 1661. Gracias a ellos el rey podrá disponer de un poderoso ejército, esta estabilidad tanto la del soberano, como la del Parlamento será asegurada por medio de leyes que controlarán la prensa, limitarán las reuniones públicas y establecerán una educación unitaria, nacionalista y monárquica.
Las medidas tomadas no molestan a los londinenses, saben lo que es sufrir los extremismos políticos y no quieren volver a padecerlos. En este periodo de bonanza en que todos están más o menos contentos, los londinenses pueden ver como su rey suele pasear diariamente por una colina, la que actualmente se llama Constitution Hill, suele ir acompañado por alguno de los hombres sabios que lo asesoran o por alguna de sus favoritas, que tiene una docena de ellas....

Simon Pietersz. Verelst (1644–1710/1717) [Public domain], undefined
De sus favoritas destaca una joven galesa, Nell Gwyn, y que fue una de las primeras comediantes que triunfó en los escenarios de Londres. Hay que recordar que este rey antes de subir al trono, había disfrutado de la vida en ciudades como París. Allí había asistido a la Comedie Française, y a otros teatros parisinos, gracias a esta amplitud de miras decidió reabrir y subvencionar las salas que habían sido clausuradas por los puritanos, e impulsar las actuaciones de mujeres en sus escenarios. Hasta ese momento y ya desde tiempos de Shakespeare los papeles femeninos eran interpretados por muchachos, lo que a menudo provocaba maliciosas carcajada y silbidos del público.
Como el rey era un deportista nato, también importó y puso de moda un juego francés al aire libre llamado Pall Mall, era una especie de mezcla entre el criquet y el golf. Las pistas se encontraban en la actual avenida de Pall Mall, casualmente junto a la confortable residencia de la mencionada señorita Gwyn.
Pall Mall era y es una amplia y señorial avenida que une el palacio de Saint James con la plaza de Waterloo, estamos en el corazón del Londres aristocrático. Su nombre viene de que en el siglo XVII la nobleza practicaba en ese lugar un juego de origen italiano, el palla-maglio, o pelota martillo, digamos que sería el ancestro del británico cricket. Es conocida por albergar unos cuantos clubs de caballeros que se construyeron entre el siglo XIX y principios del XX. De entre ellos destacan el Athenaeun, entre sus socios estaban C. Darwin, W. Churchill, C. Dickens, T.S. Elliot....y muchos más, aquí se reunían los literatos y poetas. El Travellers, era un club de caballeros del que sólo podían ser socios aquellos caballeros que viajaran al extranjero para que pudieran reunirse y a la mismo tiempo ofrecer hospitalidad a los distinguidos visitantes extranjeros. Las normas originales de 1819 excluían a cualquier miembro que "no haya viajado fuera de las Islas Británicas a una distancia de por lo menos, 500 kilómetros de Londres en línea directa", así que si no cumplís los requisitos olvidaros...También estaba el Oxford and Cambridge Club, exclusivo para los antiguos alumnos de esas universidades, el Royal Automobile Club, con una piscina que daría envidia a cualquier gimnasio de alto standing... Chicas, lo siento pero no podemos entrar, todos tenían siempre la misma norma, sólo hombres...
«Nell Gwynne Blue plaque» de Panhard - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY 2.5 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Nell_Gwynne_Blue_plaque.jpg#/media/File:Nell_Gwynne_Blue_plaque.jpg
Esta calle resultó ser el centro artístico de Londres debido a que en 1814 la Royal Academy, la National Gallery y la casa de subastas Christie's se situaban en ella, aunque ninguna permaneció allí por mucho tiempo. Los inmuebles de la zona sur del Pall Mall pertenecen y han pertenecido durante años a la corona, como el Palacio de Saint James, o Malborough House, que en el pasado fue una residencia real. En esta zona también se encontraba la War Office, en su época fue el centro administrativo del Gobierno del Reino Unido, era un complejo de edificios pertenecientes a la mansión ducal de Cumberland House. No era la única residencia ducal de la zona, también estaba la Schomberg House y la Buckingham House, que fue la residencia del duque de Buckingham.
Durante los fines de semana el rey se solía escapar en buena compañía hacia los palacios de Windsor, Hampton Court... atravesaba Chelsea al galope con su caballo para llegar lo antes posible a los brazos de su amante de turno. Este camino que realizaba se le conoce actualmente por King's Road, es decir el Camino del Rey.
King's Road en un principio era el camino privado que utilizaba el monarca para ir hacia Kew, hasta 1830 siguió siendo privado, aunque los que vivían por los alrededores solían utilizarlo. Hay algunas casas que datan de principios del siglo XVIII como la que está en el número 213, en ella se puede ver una placa azul en la que nos informa que el director de cine Sir Carol Reed, vivió allí desde 1948 hasta su muerte, treinta años después. Dos números más, en el 215, vivieron el actor Peter Ustinov, Thomas Arne (compositor de "Rule Britannia") y Ellen Terry. Otro de los vecinos ilustres del barrio fue Ian Fleming, el padre de James Bond.
"King's Road, Chelsea, London SW10, 4 June 2011" by Mark Ahsmann - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:King%27s_Road,_Chelsea,_London_SW10,_4_June_2011.jpg#/media/File:King%27s_Road,_Chelsea,_London_SW10,_4_June_2011.jpg
Al lado de King's Road se abrió en 1876, la primera pista de hielo artificial del mundo, el "Glaciarum". En plena explosión de la década de los 60 la calle se convirtió en el símbolo de la cultura mod. Más tarde llegaron los hippies y los punks, que la convirtieron en un centro de la contracultura. Actualmente si paseáis por allí veréis que se ha aburguesado un poco. En King's Road se abrió la primera franquicia de Starbucks de Londres.
Volvamos con el "Merry King" Carlos II a su época. Todo era felicidad y tranquilidad para la corte y sus súbditos, hasta que el buen rey se vio envuelto en una absurda guerra con Holanda, cuyos sucesivos desastres y la vergonzosa derrota que sufrieron sus naves con la que acabó el conflicto en 1667 hicieron que el prestigio del soberano cayera por los suelos, a parte la corona y el reino quedaron gravemente endeudados. Si a eso añadimos que Londres sufrió dos terribles catástrofes un año tras otro, el rey lo tenía un poco mal para mantener su credibilidad y su simpatía para con el pueblo.
La primera catástrofe que les llegó fue la peste, o la "gran Peste" como se conoce, llegó a Londres la primavera de 1665, fue totalmente excepcional, tanto por su virulencia, y duración, como por sus consecuencias. De 460,000 habitantes de la ciudad, murieron unos 70,000 (aunque algunas fuentes dicen que podrían haber sido casi 100,000) ya que muchos certificados de defunción eran ambiguos. El mal se manifestó a principios de abril, tras un invierno muy duro que la había mantenido latente. A medida que avanzaba el verano, que fue más bien tórrido y húmedo, la peste se fue extendiendo rápidamente. En junio ya habían perecido 4,000 personas, y al mes siguiente la cifra se había doblado.
Los apestados se hacinaban entre gemidos en los improvisados hospitales, vagaban por las calles o se arrastraban hasta los abrevaderos de caballos para calmar su incesante sed. Los vecinos no podían más que apiñar los cadáveres en las plazas y esquinas, a la espera de que los atareados carros que los recogían pasasen por su zona. El panorama era dantesco, el olor que se respiraba por todos los rincones de la ciudad era nauseabundo y los gritos de dolor asustaban al más valiente. En septiembre la mortalidad llegó a su máximo, en una sola semana se registraron 12,000 muertes, luego poco a poco se fue reduciendo gracias a que ya llegaba el frío invierno.
El rey ya no era tan alegre, y se dedicó a participar personalmente en las tareas de prevención y dictó una serie de medidas inteligentes como sería el acondicionar casas de aislamiento, conocidas como "pesthouses" en las que sólo se depositaban a los realmente enfermos. Se marcaban las puertas con una equis roja y eran custodiadas por guardias armados, para reprimir los frecuentes disturbios en los que a menudo intentaban incendiar las casas marcadas. 
Entre las recomendaciones de las autoridades para protegerse del contagio estaba el "consumo de tabaco" así que el fuego solía mantener encendidas grandes hogueras pro toda la ciudad con la esperanza de que quemando tabaco se purificara el aire. Se establecen unas normas para el entierro de los muertos, debían enterrarse antes de la salida del sol, las tumbas debían tener una profundidad como mínimo de seis pies, y toda aglomeración de gente en los entierros queda prohibida mientras dure la actual epidemia. Los enfermos deben permanecer recluidos, "tan pronto como cualquier persona sea declarada contaminada de peste, a partir de esa misma noche deberá quedar recluida en su casa", además tenían la obligación de denunciar al pobre que tuviera "manchas, rojeces, hinchazón  de cualquier parte del cuerpo, o caiga gravemente enfermo, el dueño de la casa debe dar aviso al inspector de salud en un plazo de dos horas. Pero hay de los que compartían casa con el enfermo, también estaban estigmatizados y no podían salir de casa ni cambiar de residencia, es decir que también acababan condenados a morir.
Los aristócratas y los que tenían dinero huían de la ciudad para salvar sus vidas, al final el rey también abandonó la ciudad, no sin antes dar un consejo a los que tenían barcas, botes o cualquier tipo de embarcación, les instó a que permanecieran aislados en medio del Támesis. Este consejo real fue realmente efectivo, pues se preservaron unas 10,000 vidas con él.
Este 2015 encontraron unos cuantos cadáveres en Liverpool Street, y que parece ser que corresponderían a las víctimas de la peste, si queréis leer más en este enlace.



miércoles, 8 de abril de 2015

El Londres Isabelino, the Globe, Shakespeare y Sam Wanamaker


Durante el reinado Isabelino, la cultura y las artes florecieron sin medida, al igual que la ciudad de Londres.
El Londres Isabelino lo encontramos por distintas partes de la ciudad. Tal vez lo que más nos recuerde esa época sea el teatro The Globe. Situado en la zona de Bankside, al otro lado del río. El que ahora podemos visitar no es ni mucho menos el original, pero podría serlo por la exactitud con la que se hizo.


El Globe original fue construido en 1599 para la compañía de teatro "Chamberlain's men", de la que formaba parte el mismísimo William Shakespeare.  Se encontraba situado en el extraradio de la ciudad, fuera de las murallas, tal y como hemos dicho al otro lado del Támesis, a no más de 500 metros de donde está hoy el London Eye. Se trataba de una zona poco recomendable de borrachos y delincuentes, que está fuera del control de los consejeros de Londres, estos consejeros consideran a los actores unos vagabundos que esparcían enfermedades, ruido y desorden. A pesar de esta opinión los actores cuentan con el beneplácito de la ya anciana Isabel I, que adora el teatro y apoya la compañía de Shakespeare.
Pero el Globe no fue el primer teatro construido en la ciudad, sino que lo fue el Rose, construido entre 1586 y 1587. Ambos teatros competían por el público, un público que estaba dispuesto a pagar por ver una obra de teatro. La entrada tenía un coste de un penique, si querías sentarte había que pagar dos, y por tres conseguías un cojín donde descansar tus posaderas.

« Globe Theatre Innenraum » par Tohma — Travail personnel. Sous licence GFDL via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Globe_Theatre_Innenraum.jpg#/media/File:Globe_Theatre_Innenraum.jpg
El Globe era de madera en su mayor parte, descubierto por el centro, y con techumbre de paja, los materiales con los que se ha construido proceden de otro teatro desmantelado al norte de Londres.  En torno al escenario habían dispuestas unas galerías en las que se sentaban los que tenían más dinero, los más pudientes se situaban en los palcos integrados en el escenario, y el pueblo llano se situaba en el patio, justo en frente del escenario, a éstos últimos los llamaban "pisatierras" o "apestosos"  La estructura circula daba a todo el mundo un buen punto de vista, al estar descubierto, en el suelo había cáscaras de avellana para evitar que el suelo quedase embarrado si llovía. La primera representación fue en 1602, y la obra escogida fue "Noche de Reyes", junto al escenario se encuentra un sonriente caballero, es el autor, está contento, el teatro tiene el aforo completo, parece que esto promete.

"Globe Theatre Buehne" by Tohma - Own work. Licensed under GFDL via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Globe_Theatre_Buehne.jpg#/media/File:Globe_Theatre_Buehne.jpg
Desgraciadamente en una representación  de Enrique VIII la paja del tejado se prendió y el techo ardió, el edificio quedó totalmente en ruinas era el año 1613. Se reconstruyó, pero acabó cerrando en 1642 gracias al puritanismo que se había extendido por Inglaterra. El Globe acabó cerrándose por imperativo de la llamada Administración Puritana. Dos años más tarde lo demolieron.
Tres siglos más tarde, un hombre llamado Sam Wanamaker había llegado a Londres para conocer lo que el consideraba la cuna del teatro, buscaba la meca de los actores teatrales y del famoso W. Shakespeare. Pero sólo encontró una triste y mísera placa en la pared de una vieja fábrica de cerveza que se alzaba en el antiguo solar del teatro.
Wanamaker decidió que no podía ser, así que creó un fideicomiso con la intención de instaurar la memoria de Shakespeare a través de sus obras. En 1949 comenzó la reconstrucción, que estaría a 100 metros de donde estaba el original. Por desgracia Wanamaker murió tres años antes de su inauguración que fue en 1997.

«Elizabeth I Rainbow Portrait» de Atribuido a Isaac Oliver - http://www.marileecody.com/gloriana/elizabethrainbow1.jpg. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Elizabeth_I_Rainbow_Portrait.jpg#/media/File:Elizabeth_I_Rainbow_Portrait.jpgVolviendo al reinado de Isabel I, que duró 45 años nada menos. Este es el periodo más extraordinario de la Historia de Inglaterra, durante esas cuatro décadas la literatura inglesa vivió un renacimiento importante, hubo cierta tolerancia religiosa, aunque la persecución a los católicos no cesó. Inglaterra se convirtió en una gran potencia marítima, la ciudad de Londres creció, ya llegaban a ser 200,000 habitantes, y se impuso como el primer mercado mundial con la apertura de la Bolsa, la Royal Exchange, en 1566.

Isabel I, murió en 1603 sin dejar herederos, le sucedió al trono su primo segundo, hijo de María Estuardo que a su vez era el rey de Escocia, Jacobo VI. En Londres no les hizo mucha gracia que el nuevo soberano de Inglaterra fuera un rey escocés. Si la idea de coronarlo no había caído bien, su llegada a Londres en persona produjo una atónita decepción. El monarca mantuvo una expresión severa, y ni miró ni saludó a los numerosos curiosos que presenciaban su desfile de entrada a la ciudad. Las autoridades que lo esperaban a las puertas de Whitehall, comprobaron el fuerte acento escocés que tenía, a pesar de que sus palabras fueron escasas.

Los londinenses estaban acostumbrados de que su reina se paseara por la ciudad, a que discutiera precios con las pescaderas, discutiera con los carreteros o amonestara a los que no llevaban bien los ropajes. No es de extrañar que el nuevo rey, encerrado en su palacio, no fuera de su agrado. Jacobo I, sabía que era impopular, nunca se preocupó de conocer los usos y costumbres de la ciudad. Estaba convencido de que reinaba por derecho divino, por lo tanto lo que pensase el pueblo no le importaba lo más mínimo.

Con este rey la ciudad se vuelve diversa y a su vez intolerante, los barrios y distritos se dividen por oficios, y también por nacionalidades. A los prestamistas los encontramos en Long Lane, los dentistas y ópticos ofrecen sus servicios en Ludgate, y los libreros en los alrededores de Saint Paul. Para distinguirse cuelgan carteles metálicos tallados, con una muela, unas gafas, una tetera o un yelmo según sea el carácter del comercio.
Los artesanos se dividen en parroquias, los tejedores de encajes los encontramos en Saint Martin, los caldereros en Saint George, a los carpinteros en Lamberth y a los pintores y decoradores en el santo Sepulcro.
Estos barrios estarán formados por inmigrantes del norte del país, así como tejedores de paño de los Países Bajos, los cerveceros de Alemania, los encuadernadores de Bélgica, y los Italianos que se dedican a ser armeros.
Esta creciente aglomeración de gente de nacionalidades diversas despertó prejuicios y enfrentamientos. Lo que era sana competencia, se convierte de la noche a la mañana en intolerancia, y la diferencia en xenofobia.
El rey seguía ausente, no se enteraba de los problemas de sus súbditos, bastante tenía con aguantar a la nobleza anglosajona que cada vez le exigía más lugar y poder en la corte, hasta el punto de tener que enviar a sus consejeros escoceses de vuelta a su casa. Harto de las disputas, decidió que a partir de ese momento debían llamarlo "rey de Gran Bretaña" en lugar de ostentar el título de rey de Escocia y Rey de Inglaterra.
Un rasgo curioso de Jacobo I, si lo comparamos con otros monarcas de Inglaterra, fue su escaso interés por los asuntos sentimentales. Al año de ceñir la corona de Escocia, se casó con Ana de Dinamarca, con la que tuvo un único hijo. La reina era una joven alegre, que organizaba fiestas y bailes para intentar distraer y animar a su esposo. Al principio el rey aceptaba sus frivolidades, pero cuando se instaló en Whitehall la apartó de su lado, con la excusa de disimular que Ana profesaba el catolicismo.
A Jacobo I le sucederá en la corona su segundo hijo, Carlos I, que reinará sin pena ni gloria, su reinado será totalmente absolutista, no tendrá en cuenta el Parlamento ni a sus consejeros. Acabará siendo juzgado y ejecutado a instancias de Oliver Cromwell.
Después de la ejecución del rey, el Parlamento advierte que necesita un órgano de gobierno, para ello designa un consejo de estado que a su vez elige como primer presidente a Oliver Cromwell. Cromwell entiende que Dios le ha encargado la misión de unificar las islas Británicas, y para ello emprende la ocupación de Irlanda y la guerra contra Escocia. Pero no tiene bastante con esa misión, además prohibe que haya teatros, considera que las obras que se representan son irrespetuosas y vulneran la moral pública. Muchas taberna han sido cerradas o sometidas a unos horarios muy estrictos. Las ropas no deben ser suntuosas ni coloridas, ahora la moda impone ropajes oscuros, grises o pardos según la tradición presbiteriana.
Londres se regía a través del Consejo de Estado, en un principio era un órgano provisional, hasta que el Parlamento decidiera qué régimen de gobierno definitivo convenía a Inglaterra. Unos querían traerse a Carlos II, hijo del antiguo rey, que vivía en Escocia. Otros optaban por el sufragio universal de todos los ciudadanos mayores de edad. Era tal la discusión entre los lores  y diputados, que un buen día Cromwell decidió que así no se podía seguir. Disolvió el Parlamento de un plumazo contando con el beneplácito del ejército, por supuesto. Es el mismo ejército el que le ofreció a Oliver Cromwell el título y cargo de Lord Protector en 1653, con amplios poderes para que pudiese gobernar. Es decir lo que consideraríamos actualmente como una dictadura. Otra vez Cromwell pensó que tal ofrecimiento era un designio divino, que lo había escogido para salvar Inglaterra.











miércoles, 1 de abril de 2015

De Ricardo III a Enrique VIII y sus mujeres....

En el último post sobre la historia de Londres, nos quedamos en que Juana de Arco puso en su sitio al rey inglés, y como agradecimiento, los franceses acabaron quemándola en la hoguera. 
Saltamos unos años en el tiempo y nos plantamos en 1455, las dos ramas dinámicas que hay en la familia Plantagenet se enfrentan en la llamada “Guerra de las Dos Rosas” la rosa roja de los Lancaster, contra la rosa blanca de los de York. El rey cuestionado era Enrique VI, que se disputaba la corona con el rebelde duque Eduardo de York, que acabó venciendo y coronándose en 1461 como Eduardo IV.
La Guerra de las Dos Rosas, engloba a varias guerras civiles dinámicas que se desarrollaron a lo largo de casi treinta años. La Guerra de las Dos Rosas es el nombre bajo el que se engloban varias guerras civiles dinásticas que tuvieron lugar en Inglaterra entre 1455 y 1485. En ellas se enfrentaron las casas de Lancaster y York. 
El rey cuestionado era Enrique VI, y el rebelde de turno era el duque Eduardo de York, que acabó venciendo y coronándose en 1461 como Eduardo IV. Pero no todos los nobles anglosajones aceptaron su reinado, como fueron el Duque de Buckingham, o los condes de Oxford y Shrewsbury que continuarán fieles a la casa de Lancaster. 
Durante su reinado en una trastienda a la sombra de la Abadía de Westminster, se imprime el primer libro en inglés. El propietario del taller es William Caxton, un mercader y escritor que aprendió el secreto de la imprenta en Alemania, donde se había inventado ya hacía 40 años. Hasta entonces, los libros eran raros y muy caros, porque los sacerdotes y los monjes tenían que escribir las palabras a mano. Las prensas de Caxton podían imprimir mil libros en el mismo tiempo en que se tardaba en copiar un ejemplar a pluma. En el Victoria and Albert Museum lo encontraremos en la fachada tal y como se ve en la foto.
La zona de Westminster era la parte noble de Londres, la ciudad se encontraba a unos dos kilómetros. Westminster nació a orillas del Támesis, en un terreno pantanoso. Se cree que en este lugar fue donde el rey de los Sajones, Sebert, fundó la iglesia de San Pedro, posiblemente en el año 604 d.C. El mismo año en que su tío, Adalberto, fundó la de San Pablo en Ludgate Hill, en la City. Westminster nació mil años después de la City, Eduardo el Confesor fue quien la puso en el mapa. Construyó un palacio, un gran monasterio y una abadía. Guillermo el Conquistador y sus sucesores afirmaron su papel real, religioso y político de Westminster.
El Palacio de Westminster es conocido como las Houses of Parliament, es decir es el parlamento, con su símbolo más conocido, el Big Ben.

Regresemos a la historia, el principal problema de Enrique no eran estos condes, sino su propio hermano, Ricardo. Ricardo era siniestro, y se hizo cargo de la regencia del reino, pero no tenía suficiente con regentarlo, para acceder a la corona no dudo en quitarse de en medio a sus dos sobrinos, mandándolos asesinar en la Torre de Londres. Su ascenso al trono como Ricardo III produjo tal indignación en los nobles, encabezados por Enrique Tudor líder de la rama ilegítima de los Plantagenet. Enrique llevó a cabo una rebelión contra el rey, a pesar de que Ricardo extendió una ola de terror sobre todo aquel que intentará ayudar a los rebeldes. Al final consiguieron vencerle y darle muerte en combate en 1485. 
Y quien fue entonces el que se ciñó la corona sobre su testa, como no el rebelado Enrique Tudor, que reinará con el nombre de Enrique VII.
La dinastía Tudor ya estaba fundada, y el nuevo rey para evitar nuevos enfrentamientos decidió unir las dos ramas de la familia casándose con Isabel de York, y como muestra de buena voluntad para simbolizar esta unión  su emblema se transformó en una rosa de diez pétalos, cinco blancos y cinco rojos en el centro del borde exterior uniendo así la casa de Lancaster con la de York.

Los reyes de la casa Tudor, marcaron una época de esplendor que convertirá a Inglaterra en la primera potencia europea y a su capital en una metrópolis cosmopolita. Se crearon una religión a su medida, y una flota naval que se consagró como la “reina de los mares” y como no el estilo Tudor y el teatro Isabelino. Los buenos tiempos comenzaron con Enrique VII, que participó en nuevos y fructíferos negocios ayudando al florecimiento económico de la ciudad. A éste le sucedió Enrique VIII, más conocido por haber tenido seis esposa y por sus peleas con el papado, que por su gobierno del país. 

http://www.galleryhistoricalfigures.com/VidHI.php?abvrname=Henry_VIII_v2
Enrique VIII era un hombre autoritario, de gran crueldad, y con un carácter de mil demonios; no se parece en nada al muchachote tan guapo que nos quisieron vender en la serie “Los Tudor”, hay que reconocer que Jonathan Rhys Meyers  como Enrique VIII está mucho mejor que el mismo Enrique VII original. En un principio el nuevo rey contribuyó a la grandeza del país, tanto económicamente como en territorio, pues se anexionó el País de Gales. Pero a Enrique lo que le perdía eran las féminas, de todos es sabido que se casó seis veces, además hay que añadirle todas las amantes que pasaron por su lecho. La primera que tuvo el “honor” de ser su esposa fue la hija de los Reyes Católicos, Catalina de Aragón. Catalina, se casó en segundas nupcias con Enrique VIII pues anteriormente se había desposado con el hermano de Enrique, que era el heredero de la corona Arturo. Llevaban un año casados cuando Arturo pasó a mejor vida, según se estilaba en esa época a la viuda le tocaba regresar a su país, pero como ni al rey de Inglaterra ni a los Católicos les interesaba romper la alianza, decidieron que debía casarse con el hermano del finado. Catalina y Enrique se casaron, y tuvieron una hija María Tudor. 

Collection of the Museum of Ventura County, Private Collection
Collection of the Museum of Ventura County, Private CollectionTodo iba más o menos bien, la reina aguantando cuernos y cabreo reales, hasta que un día se le cruzó al rey una tal Ana Bolena. Estamos en el año 1525 y Ana Bolena es dama de la reina, tiene 18 añitos y está de muy buen ver. A Enrique los ojos le hacen chiribitas, y decide que esa mujer tiene que ser suya. La Bolena, muy lista le va bailando el agua, pero que si quiere encamarse no tendrá más remedio que pasar por el altar y hacerla reina.
A Enrique esta condición no le supone un problema, me divorcio de Catalina y ya está. Hay, pero con el Papa hemos topado, la Santa Madre Iglesia no permite la anulación del matrimonio, pero eso no significa nada para el rey: que no me anulas el matrimonio, pues me monto mi propia iglesia según me convenga. Así nació la iglesia Anglicana, y para no tener que rendir cuentas a nadie decide que él será la cabeza de la iglesia. 
A Catalina la desterrará al castillo de Kimbolton, eso sí seguirá manteniendo el título de reina y se casa con Ana Bolena, con la que tendrá a su hija Isabel.
En los años siguientes, el rey esperará con creciente impaciencia el nacimiento de un varón, al tiempo que perderá interés por su esposa. Ésta se había ganado la hostilidad de los miembros más influyentes de la corte debido a su carácter caprichoso y arrogante, lo que la dejará sin apoyos políticos cuando su matrimonio entra en crisis. La reina intentará apartar del afecto del rey a María, hija de Catalina de Aragón, le prohibirá relacionarse con sus parientes (incluida su madre, a la que nunca volverá a ver), la despojará del título de princesa y la humillará nombrándola dama de compañía de su hija Isabel. En 1534, Ana tuvo un aborto y, en enero de 1536, dio por fin a luz a un niño que, sin embargo, murió a las pocas horas, lo que significó su definitiva caída en desgracia..

A los tres años de casados con Ana Bolena, se le aparece otra linda joven, esta vez es Juana Seymour, hermana del barón de Sudeley, uno de los más brillantes capitanes de su armada Real. Para casarse con Juana, primero tenía que resolver su actual matrimonio, como otro divorcio, no lo consideraba aceptable, optó decapitar a Ana Bolena acusándola de adúltera. Once días después de deshacerse de Ana Bolena, se casa con Juana de Seymur, con ella estuvo cuatro años, ésta murió al dar a luz al príncipe Eduardo. Ana de Cleves, fue la siguiente en el trono y en la cama del rey, a sugerencia de Oliver Cromwell para estrechar lazos con los príncipes protestantes germanos. Era alemana, y a Enrique no le cayó muy bien que digamos, ésta sólo duró unos pocos meses a su lado, también tuvo suerte pues la devolvió sana y salva al continente. El que salió perdiendo esta vez, fue Cromwell que pagó caro su error, lo condenó a muerte por traición. Mientras estaba condenándolo se fijo en una tierna joven, Catalina Howard. Esta pobre acabó decapitada también, acusada de adulterio. Enrique VIII parece que tenía cierta afición por el nombre de Catalina, pues la siguiente en el ranking de esposas también se llamaba así, era Catalina Parr. Ésta pobre no debía tenerlas todas consigo cuando Enrique la rondaba. La suerte que tuvo ésta última es que el rey ya no era tan vigoroso, ya había entrado en la cincuentena, así que lo acompañó en sus últimos días. Ésta última, una vez viuda no dudó en casarse de nuevo, pero esta vez con el barón de Sudeley, hermano de la desterrada Juana de Seymur.
Para conocer mejor la historia de esta familia nada como ver las cuatro temporadas de la serie de la BBC "The Tudors".

Muerto el rey, le sucede en el trono el hijo que tuvo con Juana Seymur, Eduardo VI tiene tan sólo diez años, así que será su tío el duque de Somerset el que gobernará en su nombre como regente. No llegará a reinar pues fallece a los 16 años, le sucederá su hermana mayor María, la hija de Catalina de Aragón. María practica la fe católica, y se casará con el infante Felipe hijo del emperador Carlos V, que no tardará en asumir el trono de España como Felipe II.
María reinstaurará la fe católica en el país, cosa con la que no estarán muy de acuerdo algunos; habrá levantamientos y rebeliones contra la reina. Algunos aprovecharán el nombre de Isabel, (la hermanastra de la reina, hija de Ana Bolena) para implicarla como inspiradora de la misma sin consultarla. La pobre Isabel acaba encerrada en la Torre de Londres primero y luego la recluirán en Woodstock. María se cabrea sobre manera y desata una encarnizada y brutal represión contra todo aquel que sea sospechoso de no aceptar el catolicismo.
La despiadada reina muere en 1558, no sin antes declarar la guerra a Francia para apoyar a Felipe II. Su reinado fue corto pero muy sangriento, es por ello que la apodaron “Bloody Mary” (María la Sangrienta). Apenas se conoce la muerte de la reina, Isabel es liberada y coronada con grandes fastos, los ingleses tienen la esperanza de que haya heredado el buen manejo del reino, tal y como lo hizo su padre. 


De Isabel I, hablaremos en un siguiente post pues de una “reina vírgen” hay mucho que decir…