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martes, 15 de julio de 2014

Los castillos cátaros:

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En el blog de hoy hablaremos de la comunidad Cátara, o de los "Bons Hommes" que era como se les conocía por el Languedoc francés, e incluso por tierras catalanas. Este grupo bastante numeroso de mujeres y hombres, no hicieron otra cosa que seguir las enseñanzas del Maestro, en una época en que la religión cristiana, sufría una profunda crisis, tanto en las altas esferas religiosas de Roma, como en el pueblo llano. La religión cristiana se había desvirtuando en gran manera, por lo que estos cátaros, precisamente querían restituir al pensamiento religioso de la Edad Media. 

Su pensamiento se basa en los dos principios que existen entre el Cielo y la Tierra, el Bien y el Mal para ello debían practicar la Virtud, y la Piedad con el fin de ejercitar buenas obras por medio de la bondad, la verdad, los buenos pensamientos, y la tolerancia hacia el prójimo, requisitos estos imprescindibles, para obtener los “Inmortales Beneficios” tras estas prácticas indispensables, los cátaros salvaban el alma para la vida eterna. 

Pero he aquí el problema, tales doctrinas chocaban frontalmente con la ortodoxia del cristianismo, tan apegado a los bienes temporales o el poder de decisión sobre todas las gentes, reyes,  y gobernantes del estamento religioso; arraigando ya desde la época de Carlomagno, como poder teocrático hasta tiempos bien recientes. La vida de los cátaros era sencilla, sin bienes terrenales mas que los necesarios para la subsistencia; la oración y el trabajo, eran sus armas para poder llegar al final con absoluta paz, preparándose toda la vida para la muerte a la cual no temían; con este sencillo bagaje los cátaros podían redimirse accediendo así a la vida eterna, como felicidad que toda alma debía alcanzar.

En diversos burgos de Occitania, aparecieron en los momentos de máxima esplendor cátara, unas casas o residencias, para acoger a los creyentes que estaban de paso en sus largos viajes, pero que también disponían de habitantes estables. Eran las llamadas “casas cátaras”. No debemos imaginarnos en ningún momento estas residencias como una especie de convento o monasterio, al más puro estilo católico medieval y hasta cierto punto, oscurantista y cerrado en sí mismo. Las casas cátaras estaban abiertas y se convertían en un lugar de paso, como hostales. Sus habitantes regulares se dedicaban a algún tipo de oficio, de forma que la casa era también un taller de producción, muy habitualmente de tejedores, oficio muy arraigado entre la comunidad cátara, aunque también se crearon también tallares artesanales de todo tipo de objetos cotidianos. De esta manera, los habitantes mantenían también su propósito de vivir de su propio trabajo y no de las “aportaciones” impositivas como hacía el clero católico.

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Hubieron más casas femeninas que masculinas, ya que los buenos hombres acostumbraban a viajar más, mientras que las buenas mujeres eran más sedentarias, y por tanto, arraigaban mucho más en los núcleos habitados. Las casas femeninas acogían muy a menudo, mujeres jóvenes para aprender la doctrina cátara, mujeres que no disponían de recursos y eran ayudadas a mantenerse en el recinto, niños huérfanos… A todos ellos se les adoctrinaba en el catarismo, pero sin obligar ni coaccionar sus voluntades. Por otro lado, cada día se efectuaban en el interior de la casa los rituales del catarismo para afianzar la fe y mantener los vínculos de unión de la comunidad.
Los cátaros y su doctrina fueron en general bien acogidos, tanto por la nobleza como el pueblo llano, que veían en las formas de vida de los cátaros, un acercamiento espiritual hacia los primeros siglos del cristianismo, por la pureza de sus costumbres cátaras en comparación a la vida austera de los primitivos cristianos, admirando su pacifismo, su tolerancia y el trato hacia el prójimo, frente a las convulsiones de una época tan belicosa como fue la Edad Media.
Los cátaros no eran guerreros. La suya era una fe basada en una absoluta renovación moral: el mundo estaba dividido entre los dos principios fundamentales, el Bien y el Mal. Dios es el creador del espíritu; Satanás, de la materia. Los cátaros compartían pacíficamente sus tierras y sus vidas con los habitantes católicos de la región. ¿Por qué, pues, fueron sometidos a una persecución tan furiosa? Básicamente, podría decirse que la causa era que los “herejes” cátaros eran mucho mejores cristianos que los propios católicos.

El Cátaro imperfecto
Eran muy populares y también muy respetados por los habitantes de las poblaciones locales, que se convertían en multitudes simplemente por el ejemplo de la forma cátara de vida. Así que ya tenemos un par de motivos, resulta que los cátaros son mejores cristianos que los propios cristianos, y encima consiguen ampliar cuota de seguidores a costa de los "cristianos de pura cepa", es normal de que el Papa se pusiera de los nervios y quisiera borrarlos del mapa, pues las conversiones eran abundantes mientras que él iba perdiendo adeptos, y los consideraba “los apóstoles de Satanás”. Al extenderse y reforzarse cada vez el catarismo en el Languedoc, aumentaron las preocupaciones del Papa Inocencio III, que en esta herejía advertía una posible amenaza a la unidad cristiana. La muerte del legado papal Pierre de Castelnau, acaecida en 1208 en Saint-Guilles en circunstancias misteriosas, fue el pretexto para desencadenar la represión armada contra los herejes cátaros y todos aquellos que, por motivos religiosos o por intereses políticos, los apoyaban. La Inquisición tenía sus maneras para descubrir cátaros, todos aquellos que fueran delgados y pálidos, eran catalogados como tal (la razón, siempre estaban encerrados trabajando en sus talleres sin ver la luz del sol, y además sus dieta era muy frugal y vegetariana) otra manera de reconocerlos era si iban limpios pues esta comunidad tenía costumbre de lavarse cada día, algo inconcebible para la época, donde un caballero llevaba las mismas ropas durante toda una campaña bélica, el ir limpio era cosa de judíos y árabes.  Fueron largos años de lucha feroz, caracterizados por asedios y batallas, matanzas y represalias, masacres y torturas; largos años iluminados tan sólo por los oscuros resplandores de las hogueras en las que quemaban a los herejes. 

Montségur, Peyrepertuse, Quéribus, Carcasona, Termes, Puivert, Puilaurens… Los cátaros buscaron refugio en estas fortalezas, sufrieron y perecieron en ellas y, de un modo real o imaginario, sus espíritus aún rondan por allí. La mayoría de estos castillos son sólo ruinas, pero no cuesta imaginarlos en su papel de celosos guardianes celestiales de lo que ocurría en la tierra, y a los cátaros viviendo en ellos según sus estrictas normas, tocando el cielo con las manos y con los pies separados del suelo.
Los cátaros fueron borrados de la faz de la tierra hace unos setecientos años, más o menos. El último clérigo o perfecto cátaro, Guilhem Belibaste, consiguió escapar a Torroella de Montgrí, en Cataluña, donde vivió en compañía de una pequeña comunidad de creyentes exiliados, y más tarde se trasladó a Morella.

Después de toda esta perorata vayamos a lo que nos interesa, la visita de los diferentes lugares donde ocurrió toda la historia.
Si nos alojamos en Carcassonne, podemos ir haciendo excursiones a los diferentes puntos de la Ruta Cátara.  En este post nos fijaremos en los castillos del sur, los que estarían por debajo de Carcassona yendo hacia los Pirineos. Hay que tomar la carretera que nos lleve a Limoux de este pueblo quiero destacar el Carnaval de Limoux, pues es uno de los más largos que se celebran, del 6 de enero al 17 de marzo, los sábados y domingos y el Martes Grande, las arcadas de la Place de la Republique de Limoux resuenan con el sonido de la música tradicional precedida por las bandas del carnaval,  más que un desfile es una especie de danza, cuyas normas han pasado de padres a hijos durante los últimos 400 años. 

Las bandas de enmascarados se confunden entre la multitud, uniéndose a espectadores y músicos para ofrecer actuaciones improvisadas. Acompañado por varios músicos, una centena de "bandas", animan el Carnaval. De tres en tres, los miembros del grupo tienen el privilegio de dirigir la música. Entre los participantes están: el Pierrot, típico de Carnaval de Limoux, el goudil (del más noble al más normal, con un toque de parodia), y el dominó (negro, decorado con bandas satinadas con colores tornasolados).

CAMON - MIREPOIX - IGLESIA VALS: De vuelta al Medievo

De Limoux nos dirigiremos hacia Mirepoix, a través de la carretera D-626.
"De forma totalmente nítida divisé a mis pies, a más de mil metros de profundidad, la pequeña ciudad de Mirepoix. Sé que en tiempos anteriores a Cristo se llamó Beli Cartha. Significa ciudad luminosa, ya que Belis y Abellio, en enta región, fueron los nombres de esta divinidad.” Antes del cristianismo, Mirepoix se llamo Beli Cartha, es decir, Ciudad Luminosa. Concretamente fue fundada por los fenicios, que la denominaban Beli Cartha (Ciudad de la Luna). Fue la ciudad cátara por excelencia, la mayor parte de la población eran "bons hommes" que era como se les conocía. Según escritos de la época: Mirepoix es el centro de la herejía: todos los caballeros que participan de la vida de la villa son cátaros, empezando por su señor, Peire Roger. Beli es también el dios pirenaico Abellio, y este es, en palabras de Otto Rhan, uno de los avatares del Apolo luminoso. En esta tierra vivió Pierre Roger de Mirepoix, del linaje de los Belissen, ultimo defensor de Montsegur. Estamos pues en una plaza de primer orden de la iglesia catara.

Cincuenta años antes de que ardiera la pira de Montsegur, los enviados del papa ya tenían la convicción de que la nobleza de Mirepoix apoyaba -y no precisamente de forma velada- al catarismo. En 1206 tuvo lugar un concilio cátaro que reunió a varios cientos de -perfectos-; por entonces la nobleza caballeresca de la ciudad, empezando por sus mujeres, ya había recaído la iniciación catara. Esta nobleza aporto a la herejía no solo a sus mejores hombres y mujeres, sino además una riada de fondos que les permitieron abrir cierto numero de establecimientos en la villa.

Esta implantación hizo que cuando la ciudad se entrego a Montfort sin resistencia, la ocupación fuera tan fácil como ficticia. En 1223, poco antes de que entraran en la ciudad Raymond Roger de Foix y sus caballeros occitanos, los habitantes de Mirepoix se sublevaron y expulsaron a los francos. Las represalias que siguieron cuando la ciudad fue reconquistada por los señores del norte fue terrible. La ultima catara nacida en esta mirra fue condenada en 1318

La ciudad conserva casi intacto su aspecto medieval de finales del siglo XIII cuando fue reconstruida, pues la ciudad anterior resultó inundada por la crecida del río Hers. Se encuentra envuelta dentro de una muralla en la que se puede encontrar una magnífica puerta de entrada a la ciudad del siglo XIII. La gran plaza central (Place des Couverts popularmente) se encuentra rodeada por porches y soportales de madera tallados con esculturas y entramados, de los siglos XIII al XV. Los travesaños la antigua casa de los cónsules son los mejor conservados, observándose en la madera tallada cabezas de monstruos y humanas.

La catedral del románico tardío y gótico, fue consagrada a Saint Maurice en el siglo XIII. La nave central, de estilo gótico, es la más ancha entre las catedrales francesas góticas y una de las más amplias de Europa.  A mi me gustó mucho, parecía que por cualquier esquina iban a llegar los guardias del Cardenal Richelieu, persiguiendo a d'Artagnan, si, ya sé que no es el lugar, pero como decorado para películas de espadachines, duelos y persecuciones sería perfecta.

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Después de un buen "café au lait" acompañado de una maravillosa tarta, seguimos camino hacia Lavelanet, para llegar hasta Montségur. El pog de Montségur es un pico calcáreo coronado por las ruinas del castillo del mismo nombre, que con 1208 mt de altura, se encuentra en el corazón de los Pirineos del Ariège, en el macizo de Tabe. Tal vez sea el menos espectacular de los castillos de nuestra ruta, pero también es el más famoso debido a los trágicos acontecimientos de marzo de 1244. En la fortaleza se atrincheraron setecientas personas, entre las que había un grupo de 200 cátaros notables, que resistieron heroicamente el asedio de un ejército al mando de Raymond VII, conde de Tolouse, durante casi un año, y, una vez rendidos, ardieron en una inmensa pira en el Camp dels Cremats, situado a los pies del castillo. Su historia está tristemente marcada por la muerte de 225 cátaros, sacrificados en la hoguera, por no abjurar de su fe en el año 1244. Para llegar al castillo tenemos que hacerlo desde el Prat dels Cremats (Prado de los Quemados) donde una estela recuerda la tragedia. Su acceso es bastante duro, pero las vistas que se obtienen valen la pena el sufrimiento.

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montsegur
Cuentan las antiguas leyendas que Montségur fue construido por gigantes y que, desde épocas remotas, fue el punto de adoración al sol. Este curioso y científico hecho queda demostrado al exponer las características físicas de la fortaleza. Se trata de un conjunto en forma de pentágono irregular de 700 metros cuadrados. La puerta principal de acceso tiene 1.95 metros de ancho por 3.25 de alto (lo que no parece, a primera vista, muy adecuado para esta clase de construcciones). La longitud de la fachada principal (la del sudeste) es la del doble de la del torreón. Trazando una imaginaria diagonal desde éste, se va a parar al ángulo formado por la intersección de las fachadas este y norte. La fachada opuesta al frontispicio, está constituida por muros que forman un ángulo de 176 grados. Al proyectar el eje meridional del conjunto, se advierte que dicho eje lo daba, con extraordinaria precisión, una de las dos diagonales de la puerta principal un ángulo, con el insignificante error de 8 segundos, igual a la latitud de Montségur.

En el solsticio de primavera, se puede asistir al nacimiento del Sol. Sus primeros rayos penetran por una saetera y salen por la del lado opuesto atravesando el castillo. ¿Es simple casualidad o medió la arcana intención del constructor que la trazó desviada de su posición lógica que sería la estrictamente simétrica respecto al eje de la construcción? ¿Es el castillo un formulario secreto, inscrito en piedra, que transmite los misterios de sus constructores?. Según el estudioso F.Niel, Montségur fue reconstruido por los cátaros como templo solar o calendario y a ello se debe que las coordenadas de sus muros y saeteras se ordenen de forma peculiar, para que el edificio actúe como una especie de condensador de energías  telúricas que confluyen en aquella montaña, que ya era sagrada antes del cristianismo.


Este símbolo cristiano fue adoptado por las tierras occitanas de Languedoc y Provença, donde ya en muchas sepulturas pre-cristianas aparecía. La región de los cátaros, el Languedoc-Roussillon, adoptó para su bandera las cuatro barras catalanas y la Cruz d’Oc o Cruz Occitana. Los cátaros renunciaron a símbolos de idolatría pero esta cruz tiene una asociación con el mundo solar y con los doce símbolos del horóscopo occidental. Los Condes de Tolosa o Toulouse adoptaron este símbolo como parte de su escudo heráldico en el siglo XIII. Con el paso de los tiempos fue aceptado como símbolo heráldico-nobiliario. En 1211 los condes ya la llevaron durante la invasión francesa en sus territorios para acabar con el catarismo.



Los puntos mas notables de la edificación constituyen puntos de referencia que permiten la precisa observación de los ortos, no solo en los cuatro puntos del año (lo que permitió, sin duda, a sus últimos defensores celebrar la Bema), sino también el momento de la entrada del sol en cada sector zodiacal, lo que implica muy notables conocimientos astronómicos, y nos lleva a antiguos edificios poligonales, utilizados como observatorios, tanto en Europa como en Asia.”Así, en el solsticio de verano (21 de Junio), se puede observar en la repisa de una de las aspilleras de la fachada sudoeste del torreón, salir el sol por el hueco de la aspillera que tenemos enfrente, con desplazamiento de 10º a la derecha que corresponde exactamente al debido a la precisión de los equinoccios, en 720 años”.


Aparentemente, Montségur no parece diferente a otras fortalezas de la misma época y lugar . “Demasiado exiguo (en el asedio final se calcula que albergó a unas 1000 personas, con sus correspondientes víveres, armas, animales vivos, mobiliario, efectos personales, cacharros, cocinas, letrinas, leñeras, despensas, etc., que no se debían hallar muy a gusto en sólo 700 m2), escasamente acondicionado, muy poco confortable.     

Hacia 1204 la Iglesia catara asentada en esta zona, presintió que un gran peligro les acechaba. El Papa Inocencio-III acababa de nombrar al mando de su delegación en el Languedoc, a Arnau Amalric, abad de Cîteaux, al tiempo que solicitaba al rey de Francia, Felipe Augusto, que interviniera militarmente. Seiscientos Perfectos cátaros se reunieron en un Concilio en Mirepoix y pidieron al señor de Lavelanet, Raimundo de Péreille, que reconstruyera el Castillo.
Desde ese momento Montsegur fue frecuentado por muchos cátaros venidos de todas partes de forma que en 1232 se estableció allí “la cabeza y sede” de la iglesia cátara. Para asegurar su defensa, Pedro Roger de Mirepoix creó una guarnición de caballeros y escuderos, y de unos cincuenta hombres armados, todos acompañados de sus familias. Un total de quinientas personas que se establecieron en Montsegur (entre el castillo y el pueblo a sus pies) aunados por la creencia de los Perfectos.
El 20 de mayo de 1242 sucede un hecho que aceleró los acontecimientos. En Avignonet  resultan asesinados los inquisidores del Papa (recordemos que participaron los señores de Congost, del castillo de Puivert), lo que hizo que en el Concilio de Béziers del año siguiente, se encargara al senescal Hugo de Arcis la dirección militar del sitio de Montsegur y a Pedro Amiel, Arzobispo de Narbona, la dirección espiritual. Montsegur resistió hasta poco antes de la navidad de 1243, cuando un grupo de vascones escaló, de noche, el Roc de la Tour y los asediadores pudieron instalar allí sus trabucos.

En estos momentos, el Perfecto Pedro Bonnet y un creyente, abandonan el castillo con el tesoro de la iglesia cátara que, según se cuenta, escondieron en la spoulga fortificada de Bounan, una cueva de las inmediaciones.  La situación de los asediados era insostenible cuando el 2 de marzo de 1244 se vieron obligados a capitular. Montsegur había resistido un sitio de 10 meses.Al cabo de una tregua de 15 días, los cátaros que habían rechazado abjurar de su fe fueron condenados y, el 16 de marzo, más de 200 de ellos murieron en una hoguera que se había alzado al pie del pog (en el llamado “Prat dels cremats”, donde se alza una estela conmemorativa).  El día anterior a la hoguera, cuatro cátaros pudieron huir y llegar al Castillo de Usson, donde recuperaron el tesoro de la iglesia cátara. Luis-IX entregó Montsegur a Guy de Lévis y se convirtió en una fortaleza real. Estuvo habitado hasta el siglo XVI (gran parte de la geometría actual del castillo es de esta época) y después fue abandonado.

De Montsegur cogeremos de nuevo la carretera para llegar al siguiente castillo a visitar, y que es el Château de Puivert.
El Castillo de Puivert es uno de los mejores conservados.  Tiene unos 35 metros de altura, con seis torres de defensa que dominan el pueblo de Puivert instalado en una colina a 600 mt. de altura sobre un antiguo lago glaciar.  Su torre recién restaurada domina la llanura de Quercorb al norte, y vigila el inmenso patio del castillo que recuerda a los recintos de las justas y torneos. El salón de los músicos representa a los más famosos trovadores de los siglos XII al XIV. En 1170 se reunió en este pueblo la elite de los trovadores del País d’Oc. Con ocasión de este evento, Pere d’Auvernia compuso un famoso poema satírico occitano.
El castillo pasó a  manos de los señores de Congost (Bernat de Congost y su esposa Alpaïs), adeptos a la religión cátara, quienes tuvieron que refugiarse en Montsegur tras el asedio del castillo por las tropas de Simont de Monfort, en 1210, dirigidas por Pons de Bruyères, quien tomó el castillo. Los Señores de Congost murieron en Montsegur en 1232, pero sus sucesores participaron en la masacre de los inquisidores en Avignonet y defendieron Montsegur en 1244. Ya en 1310 Thomas de Bruyéres al contraer matrimonio con Isabelle de Melun reconstruye y amplia el castillo  tal y como puede verse hoy en día. Probablemente fue en memoria de esos trovadores que Thomas de Bruyères, dedicara los adornos de la habitación a los instrumentos musicales.
Photo Ph Dufour
Además en este Castillo se filmaron algunas de las escenas de la película “La Novena Puerta” (1999) de Roman Polanski, basada en la obra “El Club Dumas” de Pérez Reverte. Se tomó este castillo como la localización física en el mundo real del castillo que aparece dibujado en el Grabado nº 9 del libro de Aristide Torchia “De mbrarvmregninovemportis”. 


Al final el castillo cayó en manos de los cruzados tras tres días de asedio.En el pueblo de Puivert  se encuentra un famoso museo de usos y costumbres del país, así como un “Instrumentarium”, un museo de instrumentos musicales medievales reconstruidos a partir de los capiteles esculpidos en una de las salas del Castillo.

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Y seguimos con la visita, lo que viene a continuación es el reconstruido  Castillo de Puilaurens, es la fortaleza más meridional de Francia durante cuatro siglos, fue uno de los enclaves más importantes de la resistencia cátara. Durante el camino de subida, diferentes carteles nos informan de la flora local, haciendo más llevadero el camino de ascenso. Esta fortaleza se encuentra encaramada a un espolón rocoso que domina el valle del río Boulzane desde sus 697 metros de altura. Bloqueaba el acceso al Fenouillèdes y formaba parte de los llamados cinco hijos de la ciudad de Carcasona.
Fue reconstruido en 1310 tras la caída de los cátaros. Caracterizado por una hermosa muralla almenada interrumpida por torres redondas, el castillo de Puilaurens pertenecía a Chabert de Barbaira, un cátaro de sólidas convicciones religiosas, que lo defendió denodadamente hasta que le obligaron a capitular en 1256. El castillo desempeñó después una función de protección en los confines de Francia y España, y sufrió numerosas remodelaciones. Pero la fascinación de sus poderosas ruinas se mantiene intacta: se dice que merodea por él el fantasma de una Dama Blanca…

Nos acercamos a Quillan  este pueblo está situado en el centro de un circo inmenso, por lo que disfruta de un clima particularmente bueno. Es famoso por la fabricación de sombreros de fieltro, hecho que se anuncia por todas partes, con un inmenso sombrero presidiendo hasta los carteles publicitarios. Es un pueblo industrial, se ve muy grande, con fábricas y naves, y una estación con movimiento. Aquí lo interesante para mí, al menos, es llegar hasta Rennes-le-Chateau, para ello cogemos la D118 hacia Couiza, donde en un giro casi imposible, entramos en la D52 hacia Rennes-le-Chateau .  Aquí transcurre parte del libro de Dan Brown, el Código Da Vinci, y su misteriosa leyenda 

Rennes-le-Château
 
 

La iglesia es pequeñita, y lo que más sorprende es que dentro de la misma, en la puerta de entrada o de salida, según se mire, hay la figura de un demonio! En este blog está super bien explicado, os animo a leerlo: http://lamochiladelaura.wordpress.com/2013/05/01/rennes-le-chateau-parte-1/

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Después de Rennes-le-Chateau nos dirigimos hacia Cucugnan, allí primero nos desviaremos para ver el castillo de Peyrepertuse, para luego acercarnos al de Queribús.  El Castillo de Peyrepertuse , al que se llega tras cruzar las impresionantes Gargantas de Galamús , es posiblemente el más bello de todos los castillos cátaros. Casi inaccesible, a 800 metros de altura, Peyrepertuse es el baluarte feudal más vasto de toda la región y el que mejor se conserva. Se trata de una impresionante construcción militar del siglo XII, que se extiende a lo largo de 300 metros de cornisa rocosa. El acceso se realiza a través de un camino boscoso y, a menudo, el clima nos regala una niebla que hace la visita más especial, al final del cual hay unas escaleritas un poco empinadas. Al contrario de otras fortificaciones, no fue asediado, sino que prefirió rendirse al rey de Francia en 1240. Dentro de su doble cerco de murallas, el castillo de San Jordi parece casi una fortaleza dentro de otra fortaleza, con su increíble escalinata tallada en la roca, como suspendida en el vacío. Peyrepertuse se ve mejor desde abajo, desde el pueblo de Rouffiac-des-Corbières, pero hay que subir. Es una experiencia muy recomedable. Lo cierto es que cuando uno se encuentra allí dentro se pregunta qué clase de determinación hizo que esas gentes construyeran algo tan colosal a esta altitud. Penetrar en este silencioso mundo es algo difícil de olvidar.

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Sigamos hacia el siguiente y último castillo que se encuentra emplazado a 730 metros de altura, en el corazón de la Corbières, Quéribus parece una prolongación natural de la masa rocosa de la que emerge a viva fuerza con su imponente torreón. El interior no tiene desperdicio: ofrece la llamada “sala del pilar”, de estilo gótico. Es una maravilla. Último bastión de la resistencia cátara, Quéribus se rindió en el año 1255, once años después de que el legendario castillo de Montségur fuera conquistado. Acogió a gran número de cátaros tras la caída de Montségur.

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Queribus
La visión del  Castillo de Quéribus  impresiona, sin duda. Hay que subir una pequeña cuesta –no más de diez minutos- y de inmediato se encuentra uno en el interior de una inmensa e inquietante masa rocosa. Si el interior parece estar lleno de extraños fantasmas occitanos, cargado con una atmósfera misteriosa y espectral, la visión que se disfruta desde la parte más alta del mismo es de una belleza pasmosa. A tus pies se extienden las verdes y doradas llanuras del Rosellón. Más allá, a lo lejos, la superficie azul del Mediterráneo. También se contemplan, imponentes, las cumbres nevadas de los Pirineos. Hay un audiovisual muy logrado, que te enseña todo lo que se vivió en el castillo.
De regreso al pueblo de Cucugnan podemos ver que en la Iglesia de Cucugnan se guarda una imagen de la Virgen encinta, (la Wikipedia dice que cuenta con una exposición de vírgenes embarazadas ¡¡que cosas!!).  
Aún quedan castillos por ver, en el próximo post hablaremos de ellos, no vemos!








lunes, 7 de julio de 2014

Carcassone




Hoy voy a comentar una de las ciudades que he visitado en varías ocasiones, y que cada vez me sorprende porque descubro nuevos lugares. Primero nos pondremos en unos breves antecedentes históricos para poder comprender muchas cosas que sucedieron. Nuestra historia o viaje empieza en la ciudad de Carcassonne, con sus 2.000 años de historia, es uno de los conjuntos de fortificaciones medievales más completo que existen. Erguida sobre una colina, y gracias a la posición que ocupa, atrajo a todas las razas de conquistadores y cada una de ellas dejaron su huella.

Los Belgas o Volcos (como se les conocía en la época) y que ocupaban la orilla derecha del Rin decidieron pasear un poco y llegaron a la tierra donde vivían los Ligures, la zona que se encuentra entre los Pirineos Orientales y el Ródano. Estos pueblos se establecieron en Toulouse y por  el bajo Languedoc. Una de las tribus descubrió una colina interesante, un punto estratégico importante y decidieron quedarse construyendo una pequeña fortificación, a la que dieron el nombre de Carcaso. Hacia el año 800 a. C., la ciudad, situada en una colina, se convirtió en un importante centro de intercambio comercial.

Años más tarde los romanos aparecen en escena y ocupan el lugar, construyen una fortaleza (oppidum) en el promontorio para dominar todo el valle y tener controlados los viejos caminos que iban desde el Atlántico hacia el Mediterráneo, y los que unían a la Península Ibérica con el resto de Europa, y que justamente por aquí se cruzaban. Carcassone empezó a ser estratégicamente importante a partir del momento en el que los romanos fortificaron la cima de la colina, alrededor del año 100 a. C. y la convirtieron en el centro administrativo de la colonia de Iulia Carcaso, denominada más adelante como Carcasum y Carcasso.

      

Durante los turbulentos años de finales del siglo IV aC y comienzos del III, la ciudad se protegió con la construcción de un muro de unos 1200 m de largo.

La fortificación constaba de dos líneas de murallas y un castillo, a su vez rodeada de fortificaciones que se extienden una longitud total de 3 km. La ruta, seguía en gran parte el trazado de la muralla romana,  y que es claramente visible en dos tercios de su longitud. Los romanos estaban tan tranquilos por  la zona que no vieron venir a los visigodos, pues creían que estaban ocupados sometiendo a los Vándalos de la Península Ibérica. Pero dejaron el trabajo por concluir y decidieron cruzar los Pirineos y conocer nuevos pueblos, y mira tu por donde que siguiendo el camino se encontraron con Carcasona.

En el siglo V, los visigodos ocuparon la ciudad y construyeron más fortificaciones que aún se conservan. En 550 se estableció la diócesis de Carcasona y rechazaron con éxito los ataques de los francos.


Pasan los años y aparecen nuevos personajes en escena, los Árabes han cruzado los Pirineos y se han apoderado de Narbona (entre 719 y 721) cuatro años más tarde llegan a Carcasona, asedian la ciudad y la toman por asalto, pero mira tu por donde que solo la ocupan por un periodo breve 34 años. La verdad es que al estar poco tiempo no hay grandes indicios de que estuvieran en ella. Los musulmanes tomaron la ciudad en el año 725 pero el rey Pipino el Breve los expulsó en el 759, cediéndolo a Bellón, mítico primer conde de Carcasona y fundador de las ramas dinásticas de las casas condales de Barcelona y otras de Occitania y descendiente de la nobleza visigoda. 

Aquí podemos incluir la leyenda de Doña Carcas, según la cual Carlomagno (hijo de Pipino el Breve) sitia la ciudad en su lucha contra los musulmanes, el rey sarraceno Balaak es hecho prisionero, y luego lo matan por no querer abrazar la fe cristiana. En eso que Doña Carcas, la esposa del finado levanta el ánimo de los sitiados y cuando el hambre la priva de casi todos sus soldados (el cerco duró casi 5 años) emplea una estratagema: decide rellenar los uniformes de los soldados muertos con paja y colocarlos en las torres de la ciudad, incluidas las ballestas, y dando vueltas a lo largo de las murallas no para de lanzar saetas a los enemigos. También se cuenta que, habiendo recogido los gorros de los muertos, se iba asomando por las murallas con un gorro rojo, luego se colocaba uno blanco, más allá con uno gris o azul, ese jugueteo con los gorros hizo creer al enemigo de que tenía soldados suficientes para seguir con la defensa de la ciudad. 

Además por si eso no fuera suficiente, dio de comer al único cerdo que tenían, el último medio costal de trigo que les quedaba y lo arrojó desde lo alto de la muralla. Al despanzurrarse el cochino en el suelo, salió todo el trigo por lo que el ejército de Carlomagno creyó que estaban bien surtidos de víveres, pues eran capaces de dar de comer trigo a los cerdos. 

A consecuencia de ello, Carlomagno decide levantar el sitio y marcharse, pero Doña Carcas, viendo desde lo alto de la muralla como las tropas se marchaban mandó tocar las trompetas para llamar a Carlomagno con objeto de entrevistarse con él. De manera que los soldados gritaron al Emperador: "Sire,  Carcas te sonne" (Majestad, Carcas te llama) y de allí salió el nombre de la ciudad. 

En la reunión la dama se somete a Carlomagno, y se hace cristiana, el emperador admirando su valor y su astucia quiso que siguiera siendo la dueña de la ciudad y le da por esposo a un gentil hombre de la famosa estirpe Trencavel, y que sería el fundador de la dinastía de los vizcondes de Carcasona. 

En tiempos de Roger Trencavel, la vida de la ciudad era activa, los artesanos se dedicaban a sus trabajos; algunos tejían la lana que las mujeres hilaban en sus ruecas, los herreros herraban caballos, los carpinteros y los maestros albañiles mejoraban las defensas de la ciudad. La vida agrícola se realizaba a los pies de la fortaleza, el trigo era lo que más se cultivaba. Dentro de la fortaleza se realizaban justas, torneos, autos de fe...

Los siglos siguientes, los Trencavel se aliaron unas veces con los Condes de Barcelona, otras con los de Tolosa. Por ejemplo, a finales del siglo XII, el vizconde de Carcasona era feudatario del rey de Aragón, Alfonso II. Los Trencavel construyeron el castillo condal y la basílica de San Nazario.

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Carcasona es famosa por su papel durante la cruzada contra los albigenses, cuando la ciudad era un feudo de los cátaros. En agosto de 1209, el ejército de los cruzados de Simón de Montfort forzó la rendición de la ciudad después de un sitio de quince días. Tomó como prisionero a Raimundo Roger Trencavel y se convirtió en el nuevo vizconde. Amplió las fortificaciones y Carcasona se convirtió en una ciudadela de la frontera entre Francia y la Corona de Aragón. En el año 1213, la batalla de Muret, ganada por Simón de Montfort contra el rey Pedro II de Aragón, marcó el preludio de la dominación de los reyes de Francia sobre Occitania.

En 1240, Ramón Trencavel II hijo de Ramón Roger Trencavel intentó reconquistar sus antiguos dominios, pero no lo consiguió siendo expulsado junto con los ciudadanos que le apoyaron en la revuelta. La ciudad pasó a estar definitivamente bajo el control del rey de Francia en 1247, cuando Ramón Trencavel II renunció formalmente a su título de vizconde entregando el sello familiar. Luis IX perdonó entonces a las gentes que secundaron la revuelta y les permitió volver a Carcasona con la condición que se quedasen en la orilla occidental del río, fundándose la parte nueva de la ciudad al pie de la colina, llamada la Ciudad Baja o Bastida de San Luis. Luis y su sucesor, Felipe III, construyeron las fortificaciones exteriores. En esa época, la fortaleza se consideraba inexpugnable. Durante la Guerra de los cien años, Eduardo, el Príncipe Negro, no consiguió tomar la fortaleza alta en el año 1355 aunque sus tropas sí consiguieron tomar la ciudad baja, que saquearon.
En 1622, pocos días después de la visita de Luis XIII a la ciudad, se produjo un incendió que la destruyó en gran parte.
En 1659, por el Tratado de los Pirineos, la provincia fronteriza del Rosellón pasó a manos de Francia y la importancia militar de Carcasona se redujo. Las fortificaciones se abandonaron y la ciudad se convirtió en un centro económico, concentrado básicamente en la industria textil.

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Pero empecemos hablando de La Cité. La mires por donde la mires, cuando te acercas, bien por la autopista, bien desde la ciudad nueva o desde cualquier ángulo, sólo verla de lejos ya impresiona, tanto que no puedes resistir el impulso de acercarte más.Y hay que entrar para darse un garbeo por un espacio que fue palacio, castillo y fortificación y también para aprender que uno está ante una de las primeras restauraciones con fines turísticos de la Historia. En el Siglo XIX, un visionario como Eugène Viollet-le-Duc se interesó en saber cómo había sido la vieja ciudadela inexpugnable que tantos siglos resistió y que solo el progreso la derribó. Y para ello la reconstruyó basándose en planos y en documentos históricos. Un ejercicio de puro romanticismo que hoy la ciudad le agradece. No veas qué pintoresca la dejó.


Cuando llegas a las majestuosas puertas de entrada y sus espectaculares “ramparts” (caminos entre murallas), entre los dos círculos de murallas que la abrazan, ya queda claro que algo tan grande no es para estar solo un rato, ten por seguro que te va a atrapar, vas a volver. La ciudad medieval tiene 52 torres y 2 anillos de murallas que completan 3 kilómetros de defensas. 
La Ciudadela: pequeña pero completa. Dentro hay varios museos y puedes deambular por sus murallas y rampas. Está el Museo de Historia, por ejemplo, y la hermosa y antigua Basílica de St. Nazaire, con sus hermosos ventanales y tallas, por dentro y por fuera. 

El edificio románico se terminó en la primera mitad del siglo XII, pero sufrió modificaciones góticas en los siglos siguientes. Es así como ahora tiene una estructura románica en su parte posterior, bella pero severa y oscura, que contrasta con el gótico luminoso del ábside y transepto. A esta calidad y belleza contribuyó en el siglo XIX la renovación estructural de Viollet le Duc. Su afición por las gárgolas también se ve aquí. Saint Nazaire perdió en 1801 su carácter de catedral, en beneficio de la iglesia de Saint-Michel, en la ciudad baja. Pero en el año 1898 el Papa León XIII le otorgó el título de basílica.

Parte de su atractivo radica en unas gigantescas vidrieras policromadas que bordean todo el ábside e iluminan el interior con multitud de colores. Su interior, bañado por la luz que entra a raudales por los hermosos rosetones de la Virgen y de Cristo, delatan la altura de las naves, los impresionantes vidrieras y la piedra sepulcral bajo la que reposan los restos de Simon de Monfort.

Basílica de Saint Nazaire

Su visita es más que agradable ya que, además de los juegos de luces, también se oyen cantos gregorianos y realmente encuentras una gran sensación de calma que invita a pasar un buen rato dentro. La entrada es gratuita. Una vez dentro las sensaciones van creciendo, con sus calles empinadas pero fáciles de recorrer, sus plazas, cada una con su encanto particular y especial, sus terrazas, la basílica de Saint-Nazaire, al más puro estilo gótico, construida entre el siglo XI y XIV y si vas un domingo podrás asistir a misa a las 11am. su Chateau Comtal (castillo condal), los comercios y restaurantes, totalmente ambientados, las galerías de arte, sus majestuosos hoteles de aire medieval, disfrutar de su comida típica, como el “cassoulet”, regada con uno de los excelentes vinos de la zona, o, simplemente, de una fresca cerveza en una de las múltiples terrazas que encontrarás. Pasear mientras paladeas alguno de los múltiples dulces que son tan tradicionales, o sentir como un escalofrío recorre tu cuerpo mientras visitas el “Musée de l’Inquisition”.






Les Lices Hautes: están a sur de la ciudad y se trata del espacio que hay entre las dos líneas de murallas , en ese punto muy ancho. Te sientes pequeño caminando por allí porque la vista de las altas y numerosas torres es imponente. Parece que hasta el siglo XX la zona estaba repleta de casas pero durante los trabajos de restauración fueron derribadas. Este sitio se le escapa a la mayoría de los turistas pero vale la pena conocerlo.

A las afueras de la ciudadela, entre la vieja “cité” amurallada y la nueva urbe de Carcasona está el cauce del Aude, cruzado por un puente medieval, de doce arcadas construido en el siglo XII y todavía en uso. Puente típicamente medieval del siglo XIV. Hasta el siglo XIX fue el único acceso entre la Bastida St Louis y la Ciudad Medieval. Sus importantes dimensiones son debidas a la variación del cauce del río. Exclusivamente peatonal, permite el acceso rápido al Casco Antiguo. Las vistas desde la mitad son maravillosas. 

Este puente era el punto donde, a veces, se dirimían las disputas entre las dos urbes. El puente fue rehecho en el siglo XVI y en el XIX, y mantiene un aire severo que armoniza con la ciudadela fortificada. En la entrada del puente, la capilla de Nuestra-Señora de la Salud es el único vestigio del hospital más antiguo de la ciudad.

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Aunque la cité es el verdadero plato fuerte de Carcassonne, el resto de la ciudad también tiene cosas interesantes que ofrecer y hay que obligarse a dejar de vez en cuando el interior de la zona amurallada y adentrarse en la Bastida Sant-Louis, lo que sería la ciudad nueva fuera de las murallas.
La fundación de esta parte de la ciudad, data de 1247, fue edificada por orden de San Luís, según los planos de las bastidas de aquella época se levantó una ciudad de calles tiradas a cordel, es decir con ángulos rectos, con una iglesia al norte (la de San Vicente), una iglesia al sur (la de San Miguel) y un mercado en medio (la Plaza Carnot). En torno a una hermosa fuente de mármol consagrada a Neptuno, rey del mar.

La ciudad baja también ha sufrido lo suyo, en 1355, las huestes del Príncipe Negro, viniendo de Burdeos, se pararon en Carcasona para saquearla e incendiarla para después seguir su camino hacia Narbona. Durante la Revolución, se saquearon tiendas y se quemó el archivo del ayuntamiento. En ella no puedes perderte el Mercado Cubierto, el Palacete de Rolland. Construido entre 1746 y 1761 por Jean-François Cavailhès, antiguo comerciante de paño, fue también la propiedad de la familia Rolland entre 1815 y 1924. Hoy es el ayuntamiento y el monumento más representativo de la arquitectura del siglo XVIII, el Baluarte de Montmorency, la Puerta de los Jacobinos, la Catedral de Saint-Michel o la Iglesia de Saint-Vincent.

La Bastide Saint-Louis,  corresponde al pequeño pueblecito que nació en el año 1262 en el margen izquierda del río Aude y sería el casco antiguo de la ciudad, que también fue amurallada durante la edad media. El Jardín André Chénier. Tiene una historia muy interesante, y tiene su origen en la construcción de una plaza para conmemorar el regreso de Luis XVI tras la abdicación de Napoleón, en el año 1814. Tras sucesivas modificaciones a lo largo del tiempo, se ha convertido en un referente de la nueva ciudad. Pasear por la Place Carnot, la la plaza del pueblo, situada justo en el medio de la Ciudad Baja. Está bordeada de restaurantes y bares, y en verano hay mesas y sillas fuera. Es un excelente sitio para sentarse a beber algo y disfrutar de la vista pensando en la cantidad de siglos que han transcurrido por el lugar. Algunos célebres invitados tales como Balzac o Stendhal admiraron, a la sombra de sus árboles, su mercado y su fuente de Neptuno en mármol, esculpido por los italianos Barata, padre e hijos, en el siglo XVIII.

Desde la Edad Media, esta plaza ha albergado el mercado principal de Carcassonne; Mercado de las frutas y verduras todos los martes, jueves y sábados por las mañanas.
La Puerta de entrada de los Jacobinos: es la única de las cuatro puertas originales que fueron construidas en el siglo XIV como parte de las fortificaciones de la Ciudad Baja. La puerta fue reconstruida tal como es su estado actual sobre su emplazamiento primitivo en 1779. Al lado derecho de la puerta se encuentra un resto de muralla, está al final de la rue Courtejaire.

portail des jacobins
Otro punto interesante para visitar sería el Canal du Midi. Obra excepcional de Pierre-Paul Riquet realizada en el siglo XVII y desviado por Carcasona en 1777-1798, está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO desde 1996. El actual puerto de Carcassonne fue inaugurado el 31 de mayo de 1810.

Por último cabe reseñar las visitas que se pueden realizar por los alrededores de Carcassonne, como “Los ocho circuitos de la margarita cátara” que invitan a seguir itinerarios turísticos (de 50 a 200 km) con Carcasona como punto de partida y retorno. Cada ruta está asociada a un pétalo de la Margarita Cátara. Se puede obtener más información sobre estas rutas en la asociación “Tourisme et Loisirs”. También se pueden realizar visitas guiadas en Bus, o el sendero “Pèiras e vinhas”, de piedras y viñas.
Atención a todos, si queréis vivir algo espectacular en la ciudad de Carcasona, el próximo 14 de julio es vuestra fecha, pues además de visitar la cité, podréis disfrutar del Festival Pirotécnico que se realiza cada año el día de la fiesta nacional. Otro espectáculo tal vez un poco turístico son las luchas de caballeros o torneos, que se realizan diariamente (menos lo sábados) hasta el 28 de agosto en las lizas, previo pago claro (consejo, si os juntáis 10 personas o más os saldrá más barato). 


Un buen hotel para alojarse sería Hôtel de l'Octroi, cerca de la cité. O bien el Hôtel du Chateau, con un spa y un poco más caro.