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sábado, 14 de junio de 2014

París bajo la dominación nazi: una visita inesperada a altas horas de la madrugada...


Hay un periodo en la historia reciente de la ciudad que muchos desearían olvidar, y se situa entre el 14 de junio de 1940 y el 25 de agosto de 1944, cuando las únicas banderas tricolor que pueden contemplar los franceses libremente, son las que se encuentran en los Invalidos, además se encuentran guardadas en las vitrinas del Museo del Ejército. París está "adornado" con los colores rojo y negro de la svastica, desde la punta de la Torre Eiffel, a los centenares de hoteles, de monumentos e inmuebles de toda clase, que han sido requisados por el ejército alemán al ir ocupando la ciudad para instalar el mando militar en la zona ocupada. Los edificios que han sido previamente seleccionados para convertirse en la sede de las autoridades de ocupación fueron desalojados pacíficamente por orden de las autoridades francesas y ocupados por los alemanes acompañados por la policía francesa.
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¡París ha caido!
Iniciada la campaña contra Francia y los Países Bajos, el 10 de mayo de 1940, el avance del ejército alemán era imposible de detener.  El día 5 de junio comienza el ataque frontal en dirección a París desde el Mosa.  Ya los alemanes no se toman la molestia de tomar prisioneros, simplemente les piden a los franceses que arrojen las armas y se dirijan al sur.  El 10 de junio el gobierno francés se traslada a Tours y al día siguiente las fuerzas alemanas están en las puertas de la capital francesa.   Simplemente no hay oposición, la rendición es un hecho consumado. 
El día 14 de junio el Coronel General George von Küchler negoció con el general francés Charles Huntziger, comandante militar de París, la evacuación del 7º Ejército Francés acantonado en la capital francesa, que fue declarada Ciudad Abierta y en consecuencia el 18º Ejército alemán ingresó pacíficamente a la Ciudad Luz, en medio de la indiferencia, estupor, tristeza y algunas lágrimas de la población.  El día 17 de junio, el Primer Ministro Petain en alocución radial pide al pueblo francés deponer las armas y le pide a Alemania un armisticio.  Hitler va a Munich donde se reune con Mussolini para discutir los términos de la capitulación francesa.
de
La Rue Rivoli tristemente engalanada
Durante este tiempo la ciudad se queda sin taxis ni automóviles, a excepción de los de los alemanes y sus colaboradores. Que fueron unos cuantos, a pesar de que tanto en películas como en libros, nos quieren hacer creer de que la mayoría de los franceses pertenecían a la Resistencia.
El transporte habitual se sustituye por automóviles de gasógeno, bicicletas, taxis-bicicletas y coches de caballos. El metro permanece cerrado de las 11 de la mañana hasta las tres de la tarde, y tan sólo los fines de semana circula hasta las once de la noche, el famoso "último metro" que permite llegar a casa antes del toque de queda. Cuando los alemanes detienen por la calle a un parisino después del toque de queda, lo llevaban a la Feldgendarmerie y le obligaban a limpiar botas o recoser botones hasta el día siguiente. Pero el mero hecho de perder el último metro, hace que numerosos hombres y mujeres se conviertan en rehenes y sean fusilados cobardemente cuando algún miembro de la Werhmacht ha sido abatido por los aliados.
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Las tabernas dejan de servir alcohol tres días por semana, en las terrazas de los numerosos cafés se degusta un liquido negruzco a base de bellotas, y al que han bautizado como "café nacional". París es una ciudad hambrienta, a cambio de los boletos de racionamiento, tan sólo reciben 2 huevos, 100 gramos de aceite y 80 de margarina. La ración de carne es can pequeña que los "chansonniers" aseguran que puede envolverse en un billete de metro, eso sí, siempre y cuando no estuviese picado, pues de ser así, la carne corre el riesgo de escurrirse por el agujero.

deMientras gran parte de la población pasa hambre, en Maxim's, el Lido y en algunos cabarets como el Shérézade y el Suzy Solidor, aún corre el champagne y el caviar para uso y disfrute de los colaboracionistas y sus amistades, además de los nuevos ricos del mercado negro. Los sábados, domingos y lunes, se celebran carreras en el hipódromo de Longchamp y en Auteil. Yves Montand y Edith Piaf cantan juntos en el Moulin Rouge. Algunos cines continúan abiertos, y funcionan gracias a los generadores eléctricos que se mueven a pedales por ciclistas esforzados. Los teatros sólo abren cuando las oficinas están cerradas. En el Vieux Colombier se representa "Huis clos", mientras que su autor Jean Paul SArtre, se esconde en un granero y escribe folletos y pasquines para la Resistencia.
La presencia del ejército resulta opresiva, todos los letreros están en alemán, solo se ven banderas con la cruz gamada, los soldados alemanes tienen sus cuarteles, sus teatros, sus bares y sus cines. Los 45 puentes que cruzan el Sena, entre le Pecq y Choisy, son los únicos que no están destruidos, a diferencia de los situados más abajo. París se convierte en un lugar de paso estratégico, y en el centro neurálgico del dispositivo de defensa alemán para el norte y este de Francia. 
Cuando las cosas se van poniendo feas para el bando alemán, el gobernador Dietrich Von Choltitz recibe la orden directa de Hitler, "hay que defender la ciudad palmo a palmo, y si eso no es posible, reducirla a cenizas en caso de retirada tras una eventual derrota" de este modo se minan los puentes, los edificios oficiales, todo el sistema de aprovisionamiento, las vía férreas y las estaciones, así mismo se ordena la destrucción sistemática de cualquier barrio que intente sublevarse. 
http://3.bp.blogspot.com/-H6zEpeDElJU/To33E1ncr3I/AAAAAAABYGk/NT0nSrJUN60/s1600/Weltkrieg+03.jpgEl 23 de junio de 1940, el Führer decidió que ya era hora de hacer un poco de turismo en la ciudad de la luz, y se presentó en la ciudad acompañado de Albert Speer, que le serviría de guía para que le mostrase las maravillas arquitectónicas que quería visitar. No iban sólos, al tour se apuntaron una veintena de oficiales de la Wehrmacht. Hitler, como era su costumbre el Führer viaja en el primer vehículo, al lado del chofer.  Desde la medianoche el Teniente Coronel Hans Speidel se encarga de desplegar el dispositivo de seguridad en la capital francesa para la excursión fugaz de tres horas y que da comienzo en la Opéra. La visita se hace a primerísima hora de la mañana, casi al alba, y no es necesario un gran despliegue de fuerzas del orden, eso sí hay que dar las mayores facilidades para el acceso a los monumentos que se quieran visitar.
En la Opéra se detuvo la columna de automóviles y todos bajaron ingresando al fastuoso local ante la atenta mirada del vendedor de periódicos de la Place de la ópera no daba crédito a sus ojos, ¡eran las 6 de la mañana!.  Como ya es sabido Hitler era un gran admirador de la Opera , principalmente de las trágicas, y en su visita a París deseó conocer La Opera Garnier, un sueño anhelado desde su juventud vienesa, pero hubo un problema, el portero de aquel sitio como muchos parisinos se había ocultado por miedo a los Nazis y era el quien tenia las llaves, la Gestapo y la Policía Francesa iniciaron un largo proceso de búsqueda que solo duro unos minutos, pues lo encontraron en su casa preparando maletas, se lo llevan y lo obligan a entregar las llaves de tan elegante sitio, pocos minutos después veía a Hitler cumpliendo por fin su sueño. El interior estaba totalmente iluminado. Hacen un rápido recorrido por el vestíbulo y el escenario, y se detienen brevemente ante las pinturas y estatuas que adornan el recinto.  Hitler escuchó atentamente las explicaciones que le daba Speer quedando maravillado por la belleza del famoso teatro.
Suben de nuevo a los coches yse dirigen rápidamente por el Boulevard de Capucines hacia La Madeleine, donde también bajan. Speer se encarga de nuevo de hacer de guía dando las explicaciones pertinentes y minutos después la columna de automóviles continua la marcha por la Rue Royal cruzando la Rue de Rivoli para desembocar en la Place de L'Concorde.Allí se dan una vuelta y siguen por los Champs Elysees, continúan lentamente por la amplia y solitaria avenida hasta la Place de l'Étoile donde se encuentra el Arc d'Triomphe y la Tumba del Soldado Desconocido, lugar donde yacen los restos de un soldado francés de la Primera Guerra Mundial, y que simbolizaba a los caídos en La Gran Guerra.  Después de permanecer uno  minutos en la tumba del soldado la comitiva continúa la trayectoria por la Avenue Bois de Boulogne —que hoy se llama Avenue Foch— hasta la Avenue Raymond Poincaré donde giran hacia el sur en dirección a la Place Victor Hugo.  Cruzan la plaza y continúan hasta llegar a Les Jardins du Trocadéro para visitar el Palais du Chaillot lugar donde tres años antes, en 1937, se realizó la Exposición del Arte y la Técnica.  El moderno edificio construido especialmente para la feria reemplazó al viejo Palais de Trocadéro. En la terraza que hay entre los dos palacios Speer, Hitler y Arno Breker se toman fotografías y filman algunos pies de película teniendo como fondo el Pont D'Iéna sobre el Sena y la Torre Eiffel.  En la lejanía debajo del arco de la torre, en medio de la niebla, se ve el frente de la Ecole Militaire, construida en 1752, que queda después del Parc de Champ de Mars  en la Place Joffre. 
Hitler y sus acompañantes no subieron a la torre porque los cables del elevador fueron cortados antes de que las fuerzas alemanas entraran en París.  Los soldados alemanes que izaron la bandera alemana en la torre tuvieron que subir los 300 metros de altura por las escaleras y lo hicieron dos veces, porque la primera bandera era tan grande que se destrozó con el viento.  Pero a la distancia Hitler divisa la cúpula del famoso arquitecto Jules Hordouin-Mansart: La Iglesia de Los Inválidos, cuya construcción se comenzó en 1679 y se terminó en 1808. Hitler está nervioso, ya no puede esperar más, suben todos apresuradamente a los Mercedes iniciando la marcha hacia el Pont d'Iena, lo cruzan lentamente giran a la derecha y bordean el Parc de Champ de Mars hasta la Place Joffre, pasando delante de la Ecole Militaire e iniciando un veloz recorrido por la Avenue Bosquet y Quai d'Orsay.  En un minuto ingresa la caravana al amplio boulevard de 300 metros de largo y 250 metros de ancho al final del cual se levanta imponente Les Invalides con la famosa cúpula dorada de Jules Hardouin-Mansart.  Los automóviles bordean la plaza y se detienen frente al fastuoso monumento arquitectónico.   Para Hitler esos monumentos no son desconocidos y está por cumplir uno de sus sueños, visitar la Tumba del Gran Corso.
El Hotel des Invalides incluye cuatro lugares históricos: La iglesia de la cúpula, la Iglesia del Soldado, el Museo Militar y la Tumba de Napoleón.  Una vez ante el sarcófago que se encuentra montado sobre un pedestal de granito verde, Hitler se queda pensativo durante unos minutos para recordar luego a Napoleón II, Duque de Reichstadt, hijo de Napoleón I y de María Luisa hija del Emperador de Austria.
La tumba del único hijo de Napoleón en esa época se encontraba en Viena y Hitler ordena en ese momento que sea trasladada a París para ser colocada junto a su padre.  Hitler sigue meditando y le indican que tienen que continuar.  Según Heinrich Hoffman, al salir Hitler dijo: "Este ha sido el momento más grande y hermoso de mi vida."
La caravana de automóviles continúa bordeando Les Invalides y gira a la derecha en Quai d'Orsay.  Toman el Boulevard de Saint-Germain hasta la Rue Bonaparte.  Pasan frente a la Place Saint-Sulpice y giran a la izquierda en la Rue de Vaugirard deteniéndose brevemente en el Jardin de Luxembourg, bordeándolo por la Rue de Médicis hasta la Place Edmond Rostand.   Al fondo, majestuoso, sobre la Colina de Sainte-Geneviève la comitiva se detiene frente a Le Panthéon.  Hitler destaca con breves comentarios a Speer la forma como los franceses honraban a sus muertos, pero no denota ninguna impresión por la arquitectura, pese a los intentos del escultor Breker y de Giessler por captar su atención, no lo logran, para él este es un momento histórico.  En el Panthéon se encuentran los héroes nacionales de Francia.
Inmediatamente la comitiva regresa por la Rue Soufflot y gira a la derecha en la Place Edmond Rostand para dirigirse directamente a la Île de la Cité pasando por la Place Saint Michel y cruzando el puente hasta el Palacio de Justicia donde Hitler ordena ir más lentos para así poder ver mejor la Sainte-Chapelle.  Siempre atraído por la arquitectura admira la capilla construida por Louis IX en el año 1248, donde se guardan muchas reliquias incluyendo una astilla de la cruz donde murió Jesús .  Da un ligero vistazo a Nôtre Dame y continúan el recorrido, pasan a la otra ribera del Sena, bordean por la derecha el Hotel de Ville, siguen por la Rue des Archives hasta la Rue des Francs Bourgeois y el Musée Carnavalet.  Continúan la marcha por la Place de Vosges y bajan por el Boulevard Beaumarchais hasta la Place de la Bastille.  Continuaron por la Avenue Rivoli subiendo hasta Les Halles, lugar que siempre está lleno de gente, pero en ese momento, todo estaba desierto y los negocios cerrados.  En todo París no se veía gente en las calles, salvo algunos vendedores que preparaban sus puestos de ventas y los aislados grupos de policías franceses que marcaban el trayecto por donde circulaba el cortejo del Führer.

Regresaron por la Avenida Rivoli y al avistar el Louvre Hitler despierta del letargo.  En el Louvre estuvo pensativo frente a la fachada escuchando las explicaciones que le hacía el escultor Arno Breker.  Lo invitaron a continuar por los Jardins de las Tuilleries.  Al pasar por el Hotel Meurice en la Rue Tivoli 228 mostró su satisfacción al ver la sección del enorme hotel, que ya abanderado con los colores militares alemanes estaba destinado a ser la Gobernación Militar de París.  Luego se detienen  en la Place Vendôme donde Hitler admira la enorme columna que se encuentra en el centro de la plaza. El recorrido esta ya casi por terminar, después de más de 5 km lleno de curvas, la comitiva pasa por el famoso Moulin Rouge y prosigue hasta la colina donde se encuentra la Basilique du Sacre Coeur.  Ante la vista de la ciudad de París, a las nueve de la mañana termina el paseo por la ciudad.  La comitiva entonces se dirige a toda velocidad a Le Bourget y una hora después el Cóndor pilotado por el Capitán Baur sobre vuela la ciudad camino de Berlín.

Mucho se ha hablado de la "Resistance" parisina, mucho se ha escrito, y muchas películas y series se han rodado. Pero la verdad es que durante los primeros años de la ocupación no aparecieron mucho en escena, tan sólo hacia el final de la guerra empiezan a actuar con más contundencia. Ahora parece que casi todos los franceses formaban parte de ella, en muchos lugares de la ciudad hay placas en las que se indica "aquí murió XXX en defensa de las libertades, o de su ciudad, etc, etc..." incluso hay un museo dedicado a la Resistencia el Museo de la Orden de la Liberación. 
En la página en francés están los nombres y motes de todos los que pertenecieron a la resistencia, muy interesante la verdad.
Pero la realidad es que bajo el mando del gobierno de Vichy los parisinos intentaban sobrevivir, unos esquivando alemanes, otros colaborando con ellos, supongo que cada uno tenía sus motivos y razones para hacerlo.
La resistencia parisina, dirigida por Henri Rol-Tanguy desde su puesto de mando emplazado bajo la plaza de Denfert-Rochereau y por Jacques Chaban-Delmas, se hallaba pobremente equipada (ni siquiera contaba con enlaces radiofónicos con el exterior) pero se mostró entusiasta y rodeó rápidamente los núcleos de resistencia de los alemanes. 
Tras el anuncio del rápido avance de las tropas de los Aliados hacia París, los trabajadores del Metro de la ciudad, así como la Gendarmería Nacional se sublevaron el 13 de agosto, seguidos por la Policía a partir del 15, y de los carteros el día 16. El mismo 16 de agosto, el coronel Henri Rol-Tanguy, responsable de la Resistencia parisina, ordenó la requisa de los vehículos de la ciudad para proceder a blindarlos para la lucha.
Cuando el 18 de agosto se declaró una huelga general en la ciudad, convocada por el Partido Comunista Francés, se les unieron muchos obreros de la misma. Se levantaron barricadas, dificultando así los desplazamientos de los vehículos alemanes, a la vez que las escaramuzas con las tropas alemanas de ocupación empezaron a ser frecuentes y con cierta virulencia en los días siguientes, alcanzando el máximo nivel el 22. Por otra parte, se produjeron combates de importancia en la Prefectura de Policía de París, que fue tomada por los sublevados el 18.
El 20, el mando de la Resistencia en París se instaló en un subterráneo en el centro de la ciudad, a la vez que Alexandre Parodi inicia la formación de un órgano centralizado de gobierno, planificando la toma de los distintos ministerios.La 4.ª División de Infantería estadounidense, por su parte, entró por la puerta de Italia el 25 de agosto de 1944.
Guiados por los miembros de la Resistencia francesa de París, arracimados en los vehículos o conduciendo motocicletas,2 las tropas de los Aliados alcanzaron la calle Rivoli a pesar de seguir manteniendo serios enfrentamientos por toda la ciudad con soldados alemanes que rechazaban la rendición y con hombres de las Waffen SS. Los carros de combate franceses destruyeron algunos carros alemanes, así como a diversas columnas motorizadas, con intercambio de disparos de artillería de los tanques en plena ciudad, intensificados a la noche, incluyendo un intento alemán de contraataque, con autoametralladoras y carros de combate.4
El Estado Mayor alemán fue hecho prisionero el mismo día 25 por los españoles con uniforme francés Francisco Sánchez —sevillano—, el aragonés Antonio Navarro y Antonio Gutiérrez, que se hallaban a las órdenes de Amado Granell, incluyéndose entre los prisioneros al general Dietrich von Choltitz; este último se entregó al extremeño Antonio Gutiérrez. Al parecer, von Choltitz se negaba a rendirse a un soldado sin galones de oficial y que le dijo por toda presentación: Soy español. Tras la captura de Choltitz, éste fue trasladado al Ayuntamiento entre una muchedumbre enfervorizada, protegido por los españoles. La firma oficial de la rendición de la guarnición alemana de París tuvo lugar en la estación de Montparnasse en la tarde del día 25 de agosto. No obstante, todavía prosiguieron combates esporádicos en diversos lugares, especialmente con miembros de unidades de las SS que rechazaban estar obligados a acatar la capitulación firmada por von Choltitz y que además amenazaban con fusilar a los oficiales «traidores» de la Wehrmacht que les ordenaban rendirse. En estos combates tuvieron participación los hombres de La Nueve, junto con exiliados españoles,recibiendo el apoyo de los carros de combate estadounidenses.
Ese mismo día 25 de agosto, el general Charles de Gaulle, jefe del Gobierno provisional de la República francesa, llegó al Ministerio de la Guerra, en la calle de Saint-Dominique, y más tarde al Ayuntamiento, donde pronunció un discurso a la población de la ciudad una de cuyas frases ha alcanzado la celebridad («Paris outragée,...' », París ultrajada…):
"¡París ultrajada! ¡París destrozado! ¡París martirizada! Pero París ha sido liberada, liberada por ella misma, liberada por su pueblo, con la colaboración de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la colaboración de toda Francia, de una Francia que lucha, de la única Francia, de la verdadera Francia, de la Francia eterna".
Hace 10 años la alcaldía de París quiso agradecer a los soldados españoles, y a los españoles que formaban parte de la resistencia su gran labor por la ciudad mediante una placa que se encuentra en un muro junto al río Sena, en el Quai Henri IV, y fue inaugurada el 24 de agosto  por Bertrand Delanoë, alcalde de París, en presencia de Javier Rojo, presidente del Senado de España  por aquel entonces y de una delegación de políticos españoles que posteriormente rindió homenaje a los supervivientes españoles de la Liberación de París. Los soldados españoles de la Nueve vestían uniformes americanos o franceses por lo que generaban una gran confusión entre los parisinos que les interpelaban en varios idiomas sin recibir respuesta por lo que se llegó a bromear con que eran sordomudos.
Fruto de esa confusión, o intencionadamente, la prensa local publicó al día siguiente que fue un soldado americano el primero en llegar al Ayuntamiento de París cuando en realidad el honor correspondió al oficial valenciano Amado Granell. Ruta de La Nueve el día de la liberación.

Por si no podéis ir a las celebraciones de la liberación de la II Guerra Mundial, aquí os dejo un enlace super interesante, en el que se ven imágenes de entonces, superpuestas a las imágenes actuales, así que a disfrutarlas.