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jueves, 12 de junio de 2014

El París de la Belle Epoque... la sociedad, una diva española que llevaba a todos de cabeza, y una exposición que no habría que perderse...


"Jean Béraud Sortant De La Madeleine, Paris" by Jean Béraud - Own work. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jean_B%C3%A9raud_Sortant_De_La_Madeleine,_Paris.jpg#/media/File:Jean_B%C3%A9raud_Sortant_De_La_Madeleine,_Paris.jpg
Se denominó Belle Époque al período que abarca desde fines del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial (1914), caracterizado por un transitorio bienestar económico, una gran euforia y optimismo, en las clases altas y medias de los países industrializados de Europa y algo en los EE.UU.. Esto fue producto de los avances tecnológicos y científicos de la época. El crecimiento de las ciudades fue cambiando los hábitos de la gente, abarcando todas las clases sociales. El descanso dominical, la reducción de la jornada laboral y la posterior incorporación del Sábado Inglés (media jornada), crearon un tiempo libre difícil de ocupar. Y la ciudad en que más se vivió esta situación fue en París, después de tanta revolución, de tanta sangre y tantos problemas, la gente sólo quiere vivir la vida, disfrutar todo lo que pueda.La tendencia general en la gente de esta época era optimista y ambiciosa respecto al porvenir, gracias a las innovaciones tecnológicas que se difundieron masivamente.se hizo notar sobre todo en la arquitectura de los boulevards de las capitales europeas, en los cafés y los cabarets, en los talleres y galerías de arte, en las salas de conciertos y en los salones frecuentados por una burguesía y unas clases medias.Las exposiciones universales realizadas en París en los años 1889 y 1900 son los símbolos de la Belle Époque, por su insistencia en la promoción del progreso científico y por atraer la atención a nivel realmente mundial. Tales exhibiciones servían igualmente para resaltar ante un público mundial la fe en la ciencia y la tecnología, exaltando la capacidad del individuo para dominar y vencer los obstáculos que le planteaba la naturaleza. Si bien tales ideas databan de la época de la Ilustración, ahora eran difundidas, entendidas y aceptadas como válidas por grandes masas humanas y no sólo por una élite intelectual.
Y fue en aquel París donde hacia 1900 los ómnibus a tracción equina fueron sustituidos paulatinamente por los tranvías a vapor que producían humo y ruido, pero, no necesitaban de caballerías; más tarde la ciudad vio la maravilla del ferrocarril subterráneo, del Metropolitano, cuyo nombre se acortó y quedó en Metro. La invención resultó tan prodigiosa que los parisinos quedaron  sorprendidos de la velocidad con que se podía viajar bajo el suelo de su gran urbe. Más tarde, con la industria automovilística aparece el taxi.

Evidentemente, la Belle Epoque fue el gran momento de la prensa francesa. La libertad de expresión llegaba a los mejores escritores y a los ilustres dibujantes de la época. Los ciudadanos de ese momento devoraban su cotidiana dosis de inteligencia y de humor en las páginas impresas de los periódicos, entre los que figuraban Petit Journal, Petit Parisien, Matin, L´Echo de París, Journal. Hacia 1874 en los salones del fotógrafo Nadar se celebró una exposición de la Compañía Limitada de Pintores, Escultores y Grabadores. Entre ellos estaban los nombres más cotizados del Impresionismo: Monet, Renoir, Cézanne. La misma causó un tremendo impacto entre el público y exasperó a los críticos, entre ellos a Leroy que inventó la palabra "impresionista" para ridiculizar a todo el grupo, basándose en el título de uno de los cuadros de Monet, que era “Impresión, sol naciente”.


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Boulevard des Capucines par Jean Béraud
Los impresionistas representaron una enorme fuerza liberadora, a partir de la cual toda la aventura del arte moderno ha sido posible.
Pero, no se puede olvidar a toda la pintura oficial, imaginativa, realista o simbólica, que coexistió hasta 1914 con la gran aventura del arte especulativo. Por aquellos años, Vicent van Gogh y Paul Gauguin afirmaban su personalidad con una rotundidad indiscutible. Y así iban apareciendo los diferentes movimientos pictóricos, como los “nabis”, palabra que en hebreo significa profeta. Que reaccionaban contra el color impresionista, afirmando entre un aire místico y naturalista la validez de los tonos puros; sus obras quedaban encerradas en un mundo feliz que ellos mismos crearon con la convicción, ciega y luminosa, de los profetas del Antiguo Testamento.
O los “fauves”, que quiere decir fieras, que fueron una reacción contra este movimiento, y asemejaron a través de los colores encendidos de sus cuadros, a fieras enjauladas.

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El tercer movimiento postimpresionista fue el cubismo, centrado inicialmente en dos nombres el español Pablo Picasso y el francés George Braque. Este movimiento de una enorme fuerza creadora, fecundó toda la Escuela de París donde acudían pintores para llevar a cabo sus obras con una fuerza renovadora.
Por entonces el teatro era la suprema diversión, y por lo tanto los autores y los intérpretes constituían un verdadero polo de interés. Desde 1870 se había originado un verdadero movimiento contra la comedia simplemente burguesa, el dramón histórico, la dorada opereta y la intrincada comedia de enredo. El recio naturalismo, que había triunfado en la literatura, se impuso también en el teatro. Así es como, André Antoine creó el Teatro Libre, aspiraba en sus montajes, como Zola en sus novelas, a ofrecer unas representaciones exactas de la vida. A su lado estuvieron los grandes actores entre los que se destacaron Sarah Bernhardt.
Pero el gran momento teatral de estos años fue el estreno de Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand. Esta obra de cinco actos fue escrita para Coquelin, basada en el célebre escritor del Siglo XVII. El día de su estreno se produjo el mayor delirio de entusiasmo que se conoce en la historia teatral francesa.

En septiembre de 1895 los hermanos Lumière presentaron ante el público de París el cinematógrafo.
No se puede dejar de mencionar el significado de la llegada del Ballet Ruso al teatro Châtelet en 1909. La revolución de la música rusa, y sobre todo la explosión deslumbrante del genio de Stravinsky.
Pocos momentos habrá tenido una ciudad en el mundo como la de París en los años inmediatamente anteriores a la Gran Guerra. Parece como que todo estaba en ebullición.

También estos años fueron el gran momento de la moda; fue sobre todo el reinado de la mujer, la parisina; modistas, joyeros, decoradores redoblaban sus esfuerzos para realzar sus encantos y acentuar sus atractivos. Fue la opulencia en los adornos: lentejuelas deslumbrantes, telas labradas, bordados en perlas; boas de plumas, sombreros inmensos cubiertos de pájaros y frutas, arabescos en los broches y pendientes.

Otro aspecto de esta época fueron los restaurantes. París, indiscutiblemente, también se convirtió en la capital gastronómica del mundo. Para 1903 esta ciudad ya contaba con 1.500 restaurantes, 2.000 cafés y cervecerías y 12.000 comerciantes de vinos. Así, en un restaurante de barrio se podía comer por poco dinero: pan, sopa, el plato del día, queso, vino blanco, servicio y propina. En cambio una comida en un gran restaurante costaba mucho más.

También el baile se hizo presente en la Belle Epoque. Se bailaban el vals, el galop, el cotillón, la contradanza, los lanceros, las polcas, las mazurcas, la frisca, el tango y el famoso can-can en el Moulin Rouge (el mas famoso local situado al pie de Montmartre en la Plaza Blanche de París). Y fue en este local donde en 1904 Mistinguette con su pareja Max, creó el baile apache, que ha tenido durante largo tiempo gran éxito.

Además en este período se vio nacer una nueva manifestación humana: el deporte, que en principio se trató de una importación inglesa heredada de la época victoriana. Así el pugilismo se popularizó imponiendo las reglas del marqués de Queensberry; el tenis, el fútbol, el golf comenzaron a jugarse a finales del Siglo XIX. El ciclismo como competición deportiva también es francesa, por primera vez se corrió el Tour de Francia en 1903. También existieron otros deportes como la aviación y el automovilismo. Hacia 1906 Alberto Santos Dumont se elevó a una velocidad de 80 Km por hora. Esta aviación que en Francia comenzó como un deporte tendría una larga trayectoria.

En cambio, el automovilismo conserva aún hoy un aspecto deportivo. Las carreras de automóviles fueron casi simultáneas con la invención de estas máquinas. La historia del automóvil fue en sus primeros pasos una serie de competiciones entre las que no puede dejarse de mencionar la odisea de Pekín a París, donde en 1907 en medio del entusiasmo de la población china cinco automóviles iniciaron aquella gran aventura.
Pero quizás hay una persona que sería el adalid de la Belle Époque, y resulta ser que era española y no francesa, concretamente gallega, estoy hablando de la inigualable la "Bella Otero", que dejó a París y a sus ciudadanos totalmente anonadados.

 
El 4 de Enero de 1868 venía al mundo en un municipio pequeño de la provincia de Pontevedra Agustina Otero Iglesias. Hija de madre soltera, Agustina fue la principal creadora de su mito.
Aprovechándose de su notable belleza, ya en la época con unas medidas de 93,53,92 que le valdrían el apodo de la Bella Otero. Consiguió conquistar los círculos artísticos parisinos,  convirtiéndose en uno de los personajes más importantes de la vida galante del París de la Belle Epoque.
La Bella Otero se servía de las crónicas de sucesos y noticias más sangrientas de la época para labrarse un pasado difícil, lleno de incógnitas y generar ese halo de misterio que rodea aún hoy en día la figura de “femme fatale” que desprendía la Bella Otero.
Aprovechó que el personaje de Carmen en la ópera de Bizet, era tremendamente admirado por los franceses en aquel momento, por que esa ópera divulgaba una imagen racial de guitarra y pandereta, de toreros y gitanos para hacerse pasar por andaluza.
Siempre se adornó su vida con un sinfín de amantes, todos ellos multimillonarios o cuanto menos muy influyentes en la época.
Agustina cuando solo contaba con diez años fue brutalmente violada, de hecho tal y como se cuenta en el libro de Carmen Posadas, debidamente documentado con partes médicos de aquel entonces, nadie auguraba el que la joven Agustina se salvase de tan salvaje agresión. Este hecho le provocó la esterilidad y gran descrédito social, ya que por aquel entonces el sufrir una agresión sexual no tenía otro culpable que la propia agredida dado a que se creía que ella lo había provocado.
Agustina consiguió ser una de las mujeres más importantes de la época, atesorando una fortuna de más de 68.000 millones de pesetas de la época. Pero ni siquiera todos esos millones la salvaron de morir sola en una habitación en Niza costeada por el casino de Montecarlo en compensación por todos los millones que Agustina había perdido en sus apuestas. En 1888 más o menos, conoce a un reputado banquero catalán que como tantos otros perderá locamente la cabeza por ella.



En la Costa Azul, conoce al empresario Ernest André Jungers quien la convirte en estrella.   Estaba felizmente casado, pero se quedó paralizado por su carne clara, su pelo ondulado y su personalidad. 
 Se convirtió en su amante y encauzó su vocación: le contrató un profesor de música y canto, Bellini, que jamás creyó en sus cualidades, y una compañía a su servicio que le permitiese bailar jotas o tanguillos y que acompañase su discreta voz.

Jurgens, que poseía un sexto sentido para el marketing y que entendía como nadie La Belle Époque y su estética del gozo de vivir, fue construyendo un mito, concentrando la atención sobre la belleza exótica de la "andaluza", hizo correr ríos de tinta acerca de ella en esos ambientes refinados donde era tan importante jugar al golf o las reuniones sociales como la presencia de las demi--mondaines, o mujeres horizontales, esas amantes de postín que daban tanto prestigio como una esposa de alcurnia. La Bella Otero, consciente de su atracción, solía decir: "Que a un caballero lo vean conmigo aumenta su reputación y le clasifica como un hombre inmensamente rico"

El primero de octubre de 1890, debutó en Nueva York, en el Eden Musée, tras un recibimiento real con carruajes y gran expectación. Es esta situación la que genera que este hombre ponga a su disposición todo su patrimonio para convertir a esta mujer de medidas perfectas en una de las bailarinas mas importantes del París de la Belle Epoque.
Viaja a Marsella con su mecenas y es allí desde donde da el salto al mundo parisino y por supuesto donde abandona a su descubridor, probablemente el primer corazón roto y arruinado de los que tenemos constancia, aunque solo sería uno más en su lista de amantes…

Se puede decir y tener constancia gracias a los carteles conservados de sus actuaciones, de que tan solo dos años después de su lanzamiento a la vida del espectáculo, Agustina ya se había convertido en un icono internacional en las artes del baile y la canción.
Jurgens la trató como una reina --sugirió que era hija ilegítima de la emperatriz Eugenia pero también una condesa andaluza-- y logró una gran acogida. Había perdido la cabeza y no se resistía a ninguno de los caprichos de la ambiciosa dama. Ella le era infiel con otros hombres y le reprochaba que fuese tan celoso. Volvieron a Europa, y aunque le costó triunfar en París, Bruselas o Berlín, a partir de 1892 sus éxitos se repetían allá donde iba. Su pasión por las joyas crecía día tras día, y a sus numerosos enamorados les sacaba grandes cantidades de dinero y, especialmente, pedrerías magníficas. La muerte de Jurgens -se suicidó con el gas, arruinado y desesperado por la indiferencia de la cantante y bailarina-- y el rosario de muertos de amor que le siguieron, le trajeron el sobrenombre de La Sirena de los Suicidas. Será en 1890 cuando visita Nueva York, Argentina, Cuba y Rusia, el año en el que conoce a algunos de sus amantes más importantes como el magnate americano William Vanderlbilt que le regaló un yate, un príncipe ruso dispuesto a entregarle toda su fortuna para que no lo abandonase, el emperador de japón que le compró una isla y un sinfín de hombres más que pasarían por la cama de estrella principal del Follies Bergere y el Moulin Rouge.
Nombres como Eduardo VII, el Zar Nicolás de Rusia, el Káiser Guillermo, Leopoldo de Bélgica, Alberto I de Mónaco y Alfonso XIII.
Pronto se ganó el apodo de Sirena de los Suicidios ya que siete hombres se quitaron la vida por no poder tener su amor.
Baile en el Moulin Rouge
Muchas y muy valiosas fueron las joyas que compusieron una parte muy importante del patrimonio de Agustina Otero. Casi todas ellas regalos de sus múltiples amantes. Las joyas más conocidas de la Bella Otero pertenecen casi en su totalidad a la firma francesa de Cartier.
Incluso cabe señalar que una parte muy importante de dichas joyas, son hechas expresamente para ella.
Pero en 1910 llega el momento en que Agustina decide retirarse de los escenarios y de la vida galante a la que estaba acostumbrada durante tantos años. Esta es una decisión que sorprende a muchos dado  que era una mujer que vivía del espectáculo y parecía necesitar el halago de su público, y de sus pretendientes para vivir.
Algunos libros o documentos apuntan a que la Bella Otero decide retirarse por que no quiere que nadie la vea envejecer y que todos la recuerden como la mujer de medidas perfectas que en su momento conquistó París. En 1964 la Bella Otero, muere, el final de su historia es un tanto atípico dado a que después de “amasar” tal cantidad de patrimonio a lo largo de su vida profesional, fallece en la habitación de una pensión en Niza, sola y arruinada. El propio Casino de Montecarlo es el que se encarga de costear tal habitación dado a la fortuna que ella misma perdió en sus mesas. Cantante, bailarina, actriz y según algunos escritos de la época apuntan a que también cortesana. Amante de los hombres más importantes e influyentes de su tiempo. Llegó a relacionarse con el mismísimo Rasputín. Toulouse Lautrec, la inmortalizó en un cuadro en 1894 el conocido artista le dedicó a Carolina Otero una obra a pastel conservada en el Museo de Albi, en Francia.



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Si queréis vivir en París la época de la Belle Époque, podriais ir a comer  o cenar al Bouillon Chartier, y visitar la exposición en el Petit Palais, donde os podréis sumergir en esa maravillosa época.



La exhibición se denomina « Paris 1900, la Ville spectacle » (La ciudad espectáculo) y está abierta al público desde el 2 de abril (de 9 a 18 horas, salvo los lunes que cierra) y será clausurada el 17 de agosto. "El Petit Palais" tiene su entrada principal por la avenida Winston Churchill. Hay mucha cola para poder ve la exposición que muestra uno de los períodos de gloria de la historia de Francia. Hay ciertas y razonables demoras porque la capacidad, aunque gigantesca del edificio, obliga a permitir el ingreso en grupos.
La gente sabe que la exposición se ha preparado en base a más de 600 obras, películas, vestimentas de época, afiches, fotografías, muebles, alhajas, etc.  Los vestidos de las mujeres y clásicas vestimentas de los hombres, han sido cuidados y restaurados con especial dedicación, se mantienen intactos y han sido cedidos a la exposición en préstamo por el Museo de la Moda Galliera donde se organizan exhibiciones temporales dedicadas a la moda de todas las épocas.