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jueves, 19 de junio de 2014

De regreso a la île-de-la-Cité: hay más por visitar la Conciergerie, el Palacio de Justicia, la Sainte Chapelle...


Al otro lado del Parvis de Nôtre-Dame encontramos el Hôtel-Dieu, un antiguo hospital con cierto parecido a un cuartel, construido entre 1868 y 1878, en un antiguo convento, cuyos cimientos databan del siglo VII y donde las monjas cuidaban a pobres y enfermos. Fue construido a raíz de una epidemia declarada en la Cité, estaba tan abarrotado que se decía que en cada cama había un enfermo, un moribundo y un muerto. Es uno de los hospitales más antiguos de toda Europa. En la actualidad aún funciona como hospital público. Si rodeamos la isla por el Quai de la Corse, entre el Pont-au-Change y el Pont Saint-Michel, encontramos el Palacio de Justicia. Ocupando toda la parte occidental de la isla.

http://static.panoramio.com/photos/large/41923379.jpg En tiempos romanos había ya un palacio, más tarde el lugar fue ocupado por una magnífica residencia real durante el reinado de los Capetos, durante ese periodo era cuando lucía su máximo esplendor. Sería Felipe el Hermoso el que lo mandase ampliar para que acogiera la administración y el departamento judicial, poco después se convertiría, en el siglo XIV, en la sede del Parlamento. ¡Fue aquí donde Luis XIV proclamó "l'état c'est moi!". A partir del siglo XVI albergó el Parlement, cuyo referendo era necesario para que los decretos reales tuviesen fuerza de ley. La Revolución Francesa se encargó de anular al rey  y al "parlamento", pues todos sus miembros pasaron por el patíbulo. Desde la Revolución ha sido ocupado por los tribunales civiles y criminales.
El palacio es un verdadero laberinto, en el que 30 o 40 km de corredores subterráneos, unen celdas con los despachos de los jueces y a los tribunales, permitiendo que los acusados comparezcan ante el juez sin cruzarse jamás con el público. Pero no siempre ha sido así, pues durante la Revolución si había público, y solían ser mujeres, las "tricoteuses", que no dejaban de tejer mientras disfrutaban de los numerosos juicios que se celebraban. El acceso al palacio es por el "Cour de Mai" (patio de Mayo), tras la esplendida reja del siglo XVIII, este patio precede a los sombríos edificios reconstruidos tras el incendio de 1775. El nombre del patio viene dado por el árbol que cada primero de mayo plantaban en el los pasantes de la Baroche, estudiantes de derecho. Hay que destacar el vestíbulo o Salle des pas perdus (la sala de los pasos perdidos), que era antiguamente el gran vestíbulo del palacio, un antiguo salón gótico construido por Felipe el Hermoso y que fue destruido dos veces por el fuego. Una tortuga ilustra bajo el pie derecho, la lentitud de la justicia.
Todo el mundo se queda parado delante de la verja del Palacio de Justicia, pues es la que nos lleva a una joya escondida del gótico;: La Sainte Chapelle.
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Bóveda interior
Pero la parte trasera del palacio de justicia, la que da a la Place Dauphine, es también muy bonita. Con una escalera monumental que quiere dar a entender simbólicamente de que la justicia está al alcance de todos. Las esculturas representadas en la fachada son en bajo relieve, y representan la Justicia, la Fuerza, la Prudencia, la Verdad, la Equidad y el Castigo.
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Actualmente formando parte del Palacio de Justicia está La Conciergerie. Era parte del Palacio Real medieval que mandó construir Felipe el Hermoso ("hermoso" sólo de aspecto, puesto que fue un rey cruel y corrompido, que aplastó a los templarios, persiguió a los judíos y provocó la pobreza y miseria entre los parisinos). Ahora es un museo en el que también se realizan conciertos. Lleva el nombre del "concierge" (Compte de Cierges o Conde de las Velas) que en aquella época era el Condestable del castillo, por lo tanto el jefe de la casa real y superintendente del palacio, teniendo la facultad de administrar justicia en sus alrededores.La torre de la derecha, si divisamos el palacio desde el otro lado del río, también tiene el sobrenombre de Torre Bombec, pero es más conocida por su apodo: "la torre de la pregunta" por ser el lugar donde se reunían a los presos durante la revolución para la realización de los interrogatorios sumarísimos.
A su izquierda, y en el centro de la fachada hay dos torres gemelas. La de la derecha de ellas, se llama Torre de la Plata, era el lugar reservado para guardar el tesoro de la Corona francesa. La torre de la izquierda era la llamada Torre de César y allí el acusador Fouquier-Tinville tuvo su vivienda durante los años del Terror y tuvo entre sus actividades la labor de llevar la acusación pública contra la Reina Maria Antonieta, Robespierre, los Girondinos y los Dantonistas entre otros. Para escarmiento de Fouquier, él mismo murió allí acusado de "juzgar y ejecutar a un determinado número de personas sin que hubiera contra ellas ningún acta de acusación, a la izquierda del edificio, a pocos pasos del cruce del Pont d´Arcole y el Quai de la Corse y con vistas directas a la fachada principal de Notre Dame de París, nos encontramos con la cuarta torre, torre que, por poseer en su fachada de la Rue d´Arcole un reloj, se hace acreedora de llamarse Torre del Reloj (Tour de l´Horloge). En esta Torre del Reloj, de forma cuadrada, se instaló en 1370 el primer reloj público de París. El rey Carlos V fue el que encargó su construcción.
Archivo:Conciergerie GensdArmes.jpg
el Pabellón de los Soldados
Carlos V de Francia, que bien merecía el apelativo de Sabio, pensó que un reloj podría ser de utilidad para los habitantes de la ciudad de París, y que, por tanto, el mismo acordó construir un gran reloj para ser colocado en una de las torres de su palacio para que el público pudiera conocer la hora tanto de día como de noche.
Pero como no había un relojero suficientemente hábil en París para llevar a cabo dicha obra, el rey envió un mensajero a Alemania para negociar con Henry de Wyck, un relojero famoso, con el que llegó a un acuerdo para la construcción y el montaje de la máquina. El artista alemán, tuvo un apartamento asignado en la misma torre donde el reloj iba a ser colocado, y recibió seis céntimos diarios del rey durante ocho años consecutivos que es el tiempo que le llevó a ejecutar su trabajo.
Jean Jounence, un conocido fundidor de campanas, recibió la orden de crear la campana contra la cual, el martillo del reloj iba a dar las horas.
By Sammyday (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons
La Torre del Reloj tiene una altura apreciable, alcanza los cuarenta y siete metros de altura teniendo como punto culminante un pequeño mirador de forma octogonal rematado por un tejado decorado con azulejos azules y blancos (que no se distinguen por la suciedad que albergan).
Sus muros, como construcción defensiva que era, tienen casi un metro de espesor, por lo tanto, son casi infranqueables para el enemigo y, posteriormente, para los reclusos de la cárcel.
Carlos IX ordena rodear con frescos y ornamentos al citado reloj. Aunque su costrucción data de 1370, no sería hasta el siglo XVI cuando el escultor Germain Pilon diera forma a lo que hoy conocemos como uno de los más bellos relojes del mundo.

Pilon fue el encargado de realizar las esculturas del reloj. El reloj en sí está flanqueado por dos figuras alegóricas (una de ellas demasiado sensual) que representan a la Ley y a la Justicia.
La figura de la izquierda porta en su mano derecha unas tablillas con el texto latino "Sacra Dei celebrare pius regale time ius", o lo que se puede traducir por "Celebre el sagrado derecho de Dios a temer al piadoso rey", o en una traducción más libre "Piadoso observador de la ley de dios, respeta el derecho del Rey", donde se expresaba la máxima de que el poder del rey venía directamente otorgado por el poder de Dios.
En la parte de la derecha podemos ver otra imagen femenina que representa a la justicia, una figura que sostiene en su mano derecha una gran espada y, en la izquierda, una balanza, símbolo universal del juicio justo. 
Collection of the Museum of Ventura County, Private Collection
Maria Antonieta detenida
Poco después el edificio fue convertido primero en cárcel de palacio, y posteriormente en prisión de estado, entre sus huéspedes estuvieron: Ravaillac, asesino del rey Enrique IV, y Damiens, que lo intentó con Luís XV. También estuvo en ella la reina María Antonieta, Danton, y Robespierre antes de pasar por la guillotina; fueron juzgados en la Première Chambre Civile, que en 1793 fue llamada Salle de la Liberté, un curioso nombre para una sala donde el tribunal revolucionario condenó a unas 2,500 personas a muerte. Aquí puede verse la pequeña habitación donde los afeitaban y despojaban de sus posesiones antes de llevarlos a las carretas camino al cadalso. También se puede visitar la cocina, con sus cuatro fuegos, cada uno lo bastante grande como para asar un buey entero y que en el siglo XIV proporcionaba comida a 5,000 personas. Otra parte interesante es la capilla que albergó a los 22 diputados girondinos condenados a muerte y que actualmente contiene una colección de recuerdos de la época, como una hoja de guillotina, el crucifijo de María Antonieta y dos retratos suyos. Así mismo hay una recreación de la celda que ocupo la reina María Antonieta y el Delfín de Francia.
En el patio del Palacio de Justicia encontramos la Sainte Chapelle esta capilla palaciega de dos niveles, es la joya más destacada del gótico de París, pero sólo en ocasiones especiales se celebra misa en ella, aunque es costumbre celebrar conciertos con cierta frecuencia. La profunda religiosidad de San Luís le empujó a buscar y a adquirir, a precio de oro, las reliquias más veneradas de toda la cristiandad, las de la Pasión. En la década de 1230 el emperador de Constantinopla, estaba acuciado por las deudas se vio obligado a vender "la verdadera Corona de Cristo". A pesar del precio que puso, el rey la compró en 1239 y encargó a Pierre de Montreuil la construcción del más espléndidos de los relicarios. El arquitecto y los canteros trabajaron en tiempo récord, pues en 33 meses, ya tenían listo el lugar donde guardarían las reliquias, que habían costado el doble del dinero que se usó par pagar los gastos de la construcción del edificio. 


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Su exterior revela una estructura sencilla, un armazón de pilares que sostienen las bóvedas, tan ligeras, que su peso se equilibra por simples contrafuertes; entre los pilares no hay muros, sino 15 ventanales de 15 metros de alto. En las monumentales vidrieras se ilustra la historia del pueblo hebreo desde la creación del mismo hasta su llegada a Israel, con la instauración de la monarquía que concluye con la historia de Luis IX en el momento que recibe las reliquias. Son las vidrieras más antiguas de la ciudad, pues datan del siglo XIII. En un mundo sin libros, estas vidrieras tenían la función pedagógica y de predica, así, de vano en vano, se puede seguir de izquierda a derecha y de abajo a arriba, las principales escenas bíblicas tratadas con sencillez y colorido. A la izquierda de la entrada están las escenas del Génesis, le siguen las del Éxodo, Los Números, el Deuteronomio, los Jueces, Isaías y el árbol de Jessé, San Juan Evangelista y la infancia de Cristo. La Pasión, San Juan Bautista y el libro de San Daniel, Ezequiel, Jeremías y Tobías, Judit y Job, Esther, el Libro de los Reyes y por último el traslado de las Reliquias. En total 1134 escenas de la Biblia, dos terceras partes son del cristal original del siglo XIII. En el rosetón hay escenas del Apocalipsis.

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Cuando se produjo la Revolución, la iglesia se vio convertida en una tienda de harina, luego en un club y finalmente en un almacén de archivos judiciales. Bajo la Comuna se libró por los pelos de ser incendiada. La capilla superior está dedicada a la Santa Corona y a la Santa Cruz, la capilla inferior está dedicada a la Virgen María y era para uso público, mientras que la superior era de uso exclusivo para la familia real, en ella estaban la reliquias (un trozo de la Santa Cruz, otro de la Corona de Espinas y un clavo) y el rey era el único que tenía las llaves del relicario.
Si bajamos por el Quai des Orfebres, hacia la Place Dauphine, podremos disfrutar de una plaza encantadora. En 1607 Enrique IV concedió este emplazamiento al Juez Mayor, con instrucciones de que construyese una plaza cerrada por casas de igual fachada (los números 14 y 26 son de aquella época) y la dedicase al heredero al trono, el Delfín. André Bretón la describe en su novela Nadja como "uno de los lugares más profundamente recogidos que conozco". 

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Un poco más adelante, y uniendo la orilla izquierda con la Île-de-la-Cité, encontramos el Pont Neuf Este fue el primer puente sin casas y con aceras de la ciudad, se inauguró en 1607 bajo el reinado de Enrique IV ("le Vert Galant" que vendría a ser "el viejo verde" sobrenombre que le daban al rey por sus coqueteos). La construcción del puente fue a cargo de de Pierre Désille y Androuet du Cerceau, con un andén ligeramente arqueado, y 12 arcos en forma de media luna todos ellos de tamaño ligeramente distinto. Durante el siglo XVII era la sede de los "arracheurs de dents" los sacamuelas, que junto con los buhoneros, curanderos y charlatanes, se reunían en el puente para ofrecer sus "servicios". En este puente aparecieron los primeros Bouquinistes, los clásicos vendedores de libros antiguos de la margen del río. En 1635 se erigió una estatua de Enrique IV, en la Square du Vert Galant, que fue la primera representación de un monarca de Francia expuesta en un lugar público, por ello los revolucionarios la destruyeron en 1792. La que hay actualmente es de 1818. Las cornisas que se proyectan sobre el río están talladas con una hilera de divertidos rostros que caricaturizan a los ministros y cortesano de Enrique IV, junto a ellas hay otras de buhoneros, rateros y sacamuelas.