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miércoles, 15 de abril de 2015

Reconstruyendo Londres, de los Estuardo a los Orange en un pis pas...

Londres se encuentra permanentemente en obras desde el incendio de 1666 que asoló la ciudad. El rey confía en su amigo Christopher Wren para la reconstrucción de la misma, en 1669 lo nombró arquitecto real, cargo que mantuvo a pesar de los diferentes monarcas que sucedieron a Carlos II. A Wren le debemos la reconstrucción de la Catedral de Saint Paul, además de que aún se conservan 24 iglesias proyectadas por él, como la de Saint James, la de Picadilly, la de San Clemente Danes, en  el Strand, o la de San Esteban, en Walbrook, cuya cúpula se considera una de las obras maestras de Wren. No sólo se dedico a las iglesias también se encargó de los edificios civiles como el Palacio de Kensington y sus jardines, el Hospital Real de Chelsea, y las reformas del ala este y sur del antiguo palacio de Hampton Court. A pesar del numeroso trabajo que tenía en cuanto a proyectos, tuvo tiempo para ser el fundador y primer presidente de la Royal Society. La muerte le llegó trabajando, a los 91 años, en 1723.


Mientras Wren se dedicaba a trabajar, al rey le buscaban esposa, rozaba la cuarentena y aún seguía soltero, y no era por falta de pretendientas, sino más bien porque tendría que dejar de hacer durante un tiempo lo que más le gustaba, visitar a sus numerosas amantes. Al final se casó con Catalina de Braganza, princesa portuguesa, que era católica, al igual que Jacobo el Duque de York y hermano del rey.
Y ya la tenemos liada, pues los anticatólicos no podían soportar que los posibles herederos del rey, ya fuera su esposa o su hermano, instaurasen de nuevo el catolicismo en Inglaterra. Tal es así que preferían que sucediese al rey el hijo ilegítimo que tenía. Su nombre era James Scott, duque de Mommouth, era el primer fruto de sus amores con Lucy Walter en 1649, y era un devoto anglicano.
La presión del Parlamento obligó al rey a negar la legitimidad del joven Scott, que aunque fuera protestante era bastardo, y esta palabrita es aún hoy, el mayor insulto que le puedes decir a un británico.
Como muestra de buena voluntad para con los anglicanos, hace que su hermano el duque de York se vaya de bolos por las cortes europeas para no tenerlo cerca, además ofrece una serie de limitaciones que atarían el poder de Jacobo si este llegara a reinar. Pese a todas estas concesiones, el parlamento se enfrenta cada vez más al rey y éste ni corto ni perezoso decide cortar por lo sano y disuelve definitivamente la tradicional institución.
http://www.galleryhistoricalfigures.com/figuredetail.php?abvrname=NellGwynne
Nell Gwyn
Pasan los años y el rey sigue tan jovial como siempre, fiel a su máxima: "Dios nunca condenará a un hombre por procurarse un poco de placer" no cejo de alternar sus obligaciones reales con las de cualquier hombre robusto y bien parecido. Era aficionado a la navegación, a la caza, a los caballos y como no a las mujeres, sus aventuras amorosas dejaron no menos de 15 retoños ilegítimos nacidos en Londres y alrededores, aunque no llegó a obtener la ansiada descendencia de su reina portuguesa.

"Barbara Villiers" by Peter Lely - archived web page of Euston Hall.. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Barbara_Villiers.jpg#/media/File:Barbara_Villiers.jpg
Bárbara Villiers
Entre sus amantes tenemos a Nell Gwyn, Lucy Walter, Bárbara Villiers (duquesa de Cleveland) y Louisa de Kéroualle (duquesa de Portsmouth y apodada Lelly). A pesar de todo ello el rey no abandonó su intención de mejorar la ciudad, y de ampliarla. Se drenó y canalizó el río Fleet, se ensancharon un centenar de calles con un mínimo de 4 metros y medio, reservó algunas de ellas para peatones exclusivamente, instauró la costumbre del paseo vespertino por esas calles. Una ordenanza estableció que los edificios de las calles más importantes no tuvieran menos de 4 plantas, sus muros debían tener un espesor suficiente para ser consistentes y evitar desgracias. En este tiempo aparecerán las primeras "square" o manzanas edificadas con una plaza en el centro. Los nobles y magnates que huyeron cuando el gran incendio, vuelven a la ciudad y se instalan en las afueras de la muralla, en el actual barrio del West End.

Podemos decir que el reinado de Carlos II fue bastante tranquilo, hubo algunos episodios trágicos, pero el rey podía morir tranquilo. Y lo hizo el 6 de febrero de 1685, de muerte natural, probablemente lo hizo feliz, pues había conseguido un trono que no se esperaba, obtenido el amor de sus súbditos, y sobre todo súbditas, y disfrutado de la vida tal y como siempre quiso. El mismo Londres que lo había recibido con alborozo, lo despidió con llorosa y sincera consternación en Whitehall.

Ya se sabe, a rey muerto, rey puesto. Y en esta ocasión le tocó el turno a Jacobo, el duque de York y hermano del finado. La pega es que era católico.
El heredero era un personaje bastante particular, tan conciliador como su hermano y igualmente disoluto. En el momento de acceder al trono, contaba con 52 años de edad, en su juventud había sido un excelente marino y un gran militar y está casado en segundas nupcias con María de Módena. En esos momentos se encuentra viviendo entre Bruselas y Luxemburgo, dispuesto a ocupar su trono, el heredero regresa a Londres y emprende una ardua negociación con los "tories" anglicanos, sector que ostenta la mayoría del Parlamento. Éstos admiran el historial militar de Jacobo en defensa de Inglaterra, gracias a su sinceridad en cuestiones religiosas deciden entonces que el mal menor es su religión, y deciden apoyar su entronización. Jacobo II será coronado el 6 de febrero de 1685, pero a los dos meses de la coronación, su sobrino bastardo James Scott, duque de Mommouth desembarca en la costa de Somerset, para reclamar sus derechos hereditarios, cuenta con una pequeña tropa y con el apoyo de los anticatólicos más radicales. El rey envía al ejército que lo derrotará, lo prenderá y lo ejecutará, hala! problema resuelto.
Al año siguiente se produce un levantamiento en Escocia, liderado por Archibald Campbell, el duque de Argyll, jefe de uno de los clanes más prestigiosos y respetados de Escocia, y cuyo padre había propiciado la coronación de Carlos II en la Abadía de Scone. Pero su linaje y ascendencia política no impidieron que tras ser derrotado, acabara de la misma manera que James Scott.

Este ramalazo que le suele dar al rey de ejecutar y represaliar a todo aquel que le haga oposición, preocupan primero y alarman después a cortesanos y parlamentarios. Al poco tiempo de estos sucesos la reina queda encinta, eso supone que el nuevo sucesor también será católico. A los anglicanos eso les preocupa, y le recuerdan la rey sus compromisos adquiridos de tolerancia y buen gobierno, a lo que Jacobo responde con otro alarde de autoritarismo. Destituye a la mayor parte de sus ministros anglicanos, y los reemplaza por católicos afectos a la reina. Poco después el arzobispo de Canterbury junto a otros cinco obispos más firman un documento público exigiendo al soberano el respeto a la preeminencia oficial de su credo. El rey, como jefe de la iglesia Anglicana, los destituye sin designarles sucesor. Al día siguiente, siete personalidades del Parlamento y la Iglesia envían una misiva al estatúder Guillermo de Orange, paladín del protestantismo europeo, y yerno de Jacobo II, pues se había casado con la princesa María, hasta entonces heredera de la corona Británica. En la misiva le ruegan que vaya para Inglaterra con un ejército y que convoque un nuevo Parlamento para decidir la legitimidad del inminente príncipe de Gales.
Al entrar en Londres, Guillermo de Orange se encuentra con que el rey ha huido a Francia, en 1689 el nuevo Parlamento declara la abdicación del rey ausente y ofrece el trono a Guillermo y María, que deberán reinar conjuntamente. El monarca holandés será coronado como Guillermo III. A pesar de todos sus intentos de dar un heredero a la corona, no lo logra. Y tras su muerte sucedida el 8 de marzo de 1702 la sucesión recaerá en su cuñada, Ana Estuardo. Ésta con una salud débil y delicada nombrará a John Churchill, duque de Malborough, Primer Ministro, cargo que ocupará durante 12 años. La buena reina Ana y su guapo príncipe consorte Jorge de Dinamarca, se dedicaron con mucho empeño a proveer un heredero que asegurara la continuidad de la dinastía. La reina tuvo 18 embarazos, de los cuales 13 resultaron fallidos. Los cinco niños que nacieron vivos fallecieron durante su infancia. La reina ya contaba con 43 años cuando murió su esposo, y viendo que no podría dar un heredero reafirmó el "Act of Settlement" o acta de Compromiso, que se había acordado en 1701 para evitar que su hermano Jacobo III y primogénito católico accediera al trono. En estas disposiciones se establecía que si se interrumpía la línea sucesoria de los Estuardo, la Corona pasaría a sus parientes alemanes de la casa de Hannover, que era la segunda rama descendiente de Jacobo I.

Durante los últimos años de la reina Ana, se había iniciado en la ciudad una fiebre constructora que se prolongaría a lo largo del siguiente reinado con Jorge I de Hannover. En Grosvenor Square, cerca de Hyde Park se concentran elegantes palacetes. Esta amplia y elegante square de forma oval se situa en el extremo noroccidental de Mayfair, sobre un solar que antiguamente ocupaba una antigua fortaleza. Su nombre nos recuerda al arquitecto Richard Grosvenor, que en 1725 incluyó el trazado de esta plaza dentro de un gran proyecto de urbanización de la zona. Quedan aún unos pocos edificios originales del siglo XVIII, pero la mayor parte de la construcción es moderna, como la embajada de Estados Unidos, de mediados del siglo XX. Esta imponente sede diplomática ocupa toda la manzana occidental de Grosvenor Square, en cuyo extremo opuesto se encuentra la embajada de Italia. En el número 25 de Brook Street, vivió entre 1712 y 1759 el gran compositor austríaco Georg Händel, aquí fue donde compuso la mayor parte de su obra.

No dejamos aún el barrio de Mayfair, pues en su centro se encuentra la Berkeley Square, la más refinada y aristocrática plaza de la época, presenta una elegante forma alargada con los extremos redondeados. En un tiempo estuvo rodeada de lujosas residencias del siglo XVIII, los bombardeos destruyeron gran parte de ellas y sólo quedan algunas fachadas. Quizá la más interesante de ellas sea la que ocupa el Landsdowne Club, construido en 1768. En el número 20 de esta plaza durante la II Guerra Mundial, el general Eisenhower estableció su cuartel general, es por ello que durante un tiempo a esta plaza se la conocía como "Eisenhower Platz". En la plaza hay un monumento que se colocó en 2003 en memoria de
los 67 británicos fallecidos durante los ataques del 11-S en Nueva York.  En sus cercanías se encuentra el templo de la Inmaculada Concepción y la casa donde nació la reina Isabel II, en el número 17 de Bruton Street, quiero recordaros que Isabel II es reina, por ser hija de rey Jorge VI, que a su vez fue rey porque el titular Eduardo VIII renunció al trono por amor a Wallis Simpson, es decir por una serie de circunstancias concretas, pues estaba bastante lejos en la linea sucesoria si todo hubiese ido según lo previsto.