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lunes, 7 de julio de 2014

Carcassone




Hoy voy a comentar una de las ciudades que he visitado en varías ocasiones, y que cada vez me sorprende porque descubro nuevos lugares. Primero nos pondremos en unos breves antecedentes históricos para poder comprender muchas cosas que sucedieron. Nuestra historia o viaje empieza en la ciudad de Carcassonne, con sus 2.000 años de historia, es uno de los conjuntos de fortificaciones medievales más completo que existen. Erguida sobre una colina, y gracias a la posición que ocupa, atrajo a todas las razas de conquistadores y cada una de ellas dejaron su huella.

Los Belgas o Volcos (como se les conocía en la época) y que ocupaban la orilla derecha del Rin decidieron pasear un poco y llegaron a la tierra donde vivían los Ligures, la zona que se encuentra entre los Pirineos Orientales y el Ródano. Estos pueblos se establecieron en Toulouse y por  el bajo Languedoc. Una de las tribus descubrió una colina interesante, un punto estratégico importante y decidieron quedarse construyendo una pequeña fortificación, a la que dieron el nombre de Carcaso. Hacia el año 800 a. C., la ciudad, situada en una colina, se convirtió en un importante centro de intercambio comercial.

Años más tarde los romanos aparecen en escena y ocupan el lugar, construyen una fortaleza (oppidum) en el promontorio para dominar todo el valle y tener controlados los viejos caminos que iban desde el Atlántico hacia el Mediterráneo, y los que unían a la Península Ibérica con el resto de Europa, y que justamente por aquí se cruzaban. Carcassone empezó a ser estratégicamente importante a partir del momento en el que los romanos fortificaron la cima de la colina, alrededor del año 100 a. C. y la convirtieron en el centro administrativo de la colonia de Iulia Carcaso, denominada más adelante como Carcasum y Carcasso.

      

Durante los turbulentos años de finales del siglo IV aC y comienzos del III, la ciudad se protegió con la construcción de un muro de unos 1200 m de largo.

La fortificación constaba de dos líneas de murallas y un castillo, a su vez rodeada de fortificaciones que se extienden una longitud total de 3 km. La ruta, seguía en gran parte el trazado de la muralla romana,  y que es claramente visible en dos tercios de su longitud. Los romanos estaban tan tranquilos por  la zona que no vieron venir a los visigodos, pues creían que estaban ocupados sometiendo a los Vándalos de la Península Ibérica. Pero dejaron el trabajo por concluir y decidieron cruzar los Pirineos y conocer nuevos pueblos, y mira tu por donde que siguiendo el camino se encontraron con Carcasona.

En el siglo V, los visigodos ocuparon la ciudad y construyeron más fortificaciones que aún se conservan. En 550 se estableció la diócesis de Carcasona y rechazaron con éxito los ataques de los francos.


Pasan los años y aparecen nuevos personajes en escena, los Árabes han cruzado los Pirineos y se han apoderado de Narbona (entre 719 y 721) cuatro años más tarde llegan a Carcasona, asedian la ciudad y la toman por asalto, pero mira tu por donde que solo la ocupan por un periodo breve 34 años. La verdad es que al estar poco tiempo no hay grandes indicios de que estuvieran en ella. Los musulmanes tomaron la ciudad en el año 725 pero el rey Pipino el Breve los expulsó en el 759, cediéndolo a Bellón, mítico primer conde de Carcasona y fundador de las ramas dinásticas de las casas condales de Barcelona y otras de Occitania y descendiente de la nobleza visigoda. 

Aquí podemos incluir la leyenda de Doña Carcas, según la cual Carlomagno (hijo de Pipino el Breve) sitia la ciudad en su lucha contra los musulmanes, el rey sarraceno Balaak es hecho prisionero, y luego lo matan por no querer abrazar la fe cristiana. En eso que Doña Carcas, la esposa del finado levanta el ánimo de los sitiados y cuando el hambre la priva de casi todos sus soldados (el cerco duró casi 5 años) emplea una estratagema: decide rellenar los uniformes de los soldados muertos con paja y colocarlos en las torres de la ciudad, incluidas las ballestas, y dando vueltas a lo largo de las murallas no para de lanzar saetas a los enemigos. También se cuenta que, habiendo recogido los gorros de los muertos, se iba asomando por las murallas con un gorro rojo, luego se colocaba uno blanco, más allá con uno gris o azul, ese jugueteo con los gorros hizo creer al enemigo de que tenía soldados suficientes para seguir con la defensa de la ciudad. 

Además por si eso no fuera suficiente, dio de comer al único cerdo que tenían, el último medio costal de trigo que les quedaba y lo arrojó desde lo alto de la muralla. Al despanzurrarse el cochino en el suelo, salió todo el trigo por lo que el ejército de Carlomagno creyó que estaban bien surtidos de víveres, pues eran capaces de dar de comer trigo a los cerdos. 

A consecuencia de ello, Carlomagno decide levantar el sitio y marcharse, pero Doña Carcas, viendo desde lo alto de la muralla como las tropas se marchaban mandó tocar las trompetas para llamar a Carlomagno con objeto de entrevistarse con él. De manera que los soldados gritaron al Emperador: "Sire,  Carcas te sonne" (Majestad, Carcas te llama) y de allí salió el nombre de la ciudad. 

En la reunión la dama se somete a Carlomagno, y se hace cristiana, el emperador admirando su valor y su astucia quiso que siguiera siendo la dueña de la ciudad y le da por esposo a un gentil hombre de la famosa estirpe Trencavel, y que sería el fundador de la dinastía de los vizcondes de Carcasona. 

En tiempos de Roger Trencavel, la vida de la ciudad era activa, los artesanos se dedicaban a sus trabajos; algunos tejían la lana que las mujeres hilaban en sus ruecas, los herreros herraban caballos, los carpinteros y los maestros albañiles mejoraban las defensas de la ciudad. La vida agrícola se realizaba a los pies de la fortaleza, el trigo era lo que más se cultivaba. Dentro de la fortaleza se realizaban justas, torneos, autos de fe...

Los siglos siguientes, los Trencavel se aliaron unas veces con los Condes de Barcelona, otras con los de Tolosa. Por ejemplo, a finales del siglo XII, el vizconde de Carcasona era feudatario del rey de Aragón, Alfonso II. Los Trencavel construyeron el castillo condal y la basílica de San Nazario.

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Carcasona es famosa por su papel durante la cruzada contra los albigenses, cuando la ciudad era un feudo de los cátaros. En agosto de 1209, el ejército de los cruzados de Simón de Montfort forzó la rendición de la ciudad después de un sitio de quince días. Tomó como prisionero a Raimundo Roger Trencavel y se convirtió en el nuevo vizconde. Amplió las fortificaciones y Carcasona se convirtió en una ciudadela de la frontera entre Francia y la Corona de Aragón. En el año 1213, la batalla de Muret, ganada por Simón de Montfort contra el rey Pedro II de Aragón, marcó el preludio de la dominación de los reyes de Francia sobre Occitania.

En 1240, Ramón Trencavel II hijo de Ramón Roger Trencavel intentó reconquistar sus antiguos dominios, pero no lo consiguió siendo expulsado junto con los ciudadanos que le apoyaron en la revuelta. La ciudad pasó a estar definitivamente bajo el control del rey de Francia en 1247, cuando Ramón Trencavel II renunció formalmente a su título de vizconde entregando el sello familiar. Luis IX perdonó entonces a las gentes que secundaron la revuelta y les permitió volver a Carcasona con la condición que se quedasen en la orilla occidental del río, fundándose la parte nueva de la ciudad al pie de la colina, llamada la Ciudad Baja o Bastida de San Luis. Luis y su sucesor, Felipe III, construyeron las fortificaciones exteriores. En esa época, la fortaleza se consideraba inexpugnable. Durante la Guerra de los cien años, Eduardo, el Príncipe Negro, no consiguió tomar la fortaleza alta en el año 1355 aunque sus tropas sí consiguieron tomar la ciudad baja, que saquearon.
En 1622, pocos días después de la visita de Luis XIII a la ciudad, se produjo un incendió que la destruyó en gran parte.
En 1659, por el Tratado de los Pirineos, la provincia fronteriza del Rosellón pasó a manos de Francia y la importancia militar de Carcasona se redujo. Las fortificaciones se abandonaron y la ciudad se convirtió en un centro económico, concentrado básicamente en la industria textil.

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Pero empecemos hablando de La Cité. La mires por donde la mires, cuando te acercas, bien por la autopista, bien desde la ciudad nueva o desde cualquier ángulo, sólo verla de lejos ya impresiona, tanto que no puedes resistir el impulso de acercarte más.Y hay que entrar para darse un garbeo por un espacio que fue palacio, castillo y fortificación y también para aprender que uno está ante una de las primeras restauraciones con fines turísticos de la Historia. En el Siglo XIX, un visionario como Eugène Viollet-le-Duc se interesó en saber cómo había sido la vieja ciudadela inexpugnable que tantos siglos resistió y que solo el progreso la derribó. Y para ello la reconstruyó basándose en planos y en documentos históricos. Un ejercicio de puro romanticismo que hoy la ciudad le agradece. No veas qué pintoresca la dejó.


Cuando llegas a las majestuosas puertas de entrada y sus espectaculares “ramparts” (caminos entre murallas), entre los dos círculos de murallas que la abrazan, ya queda claro que algo tan grande no es para estar solo un rato, ten por seguro que te va a atrapar, vas a volver. La ciudad medieval tiene 52 torres y 2 anillos de murallas que completan 3 kilómetros de defensas
La Ciudadela: pequeña pero completa. Dentro hay varios museos y puedes deambular por sus murallas y rampas. Está el Museo de Historia, por ejemplo, y la hermosa y antigua Basílica de St. Nazaire, con sus hermosos ventanales y tallas, por dentro y por fuera. 

El edificio románico se terminó en la primera mitad del siglo XII, pero sufrió modificaciones góticas en los siglos siguientes. Es así como ahora tiene una estructura románica en su parte posterior, bella pero severa y oscura, que contrasta con el gótico luminoso del ábside y transepto. A esta calidad y belleza contribuyó en el siglo XIX la renovación estructural de Viollet le Duc. Su afición por las gárgolas también se ve aquí. Saint Nazaire perdió en 1801 su carácter de catedral, en beneficio de la iglesia de Saint-Michel, en la ciudad baja. Pero en el año 1898 el Papa León XIII le otorgó el título de basílica.

Parte de su atractivo radica en unas gigantescas vidrieras policromadas que bordean todo el ábside e iluminan el interior con multitud de colores. Su interior, bañado por la luz que entra a raudales por los hermosos rosetones de la Virgen y de Cristo, delatan la altura de las naves, los impresionantes vidrieras y la piedra sepulcral bajo la que reposan los restos de Simon de Monfort.

Basílica de Saint Nazaire

Su visita es más que agradable ya que, además de los juegos de luces, también se oyen cantos gregorianos y realmente encuentras una gran sensación de calma que invita a pasar un buen rato dentro. La entrada es gratuita. Una vez dentro las sensaciones van creciendo, con sus calles empinadas pero fáciles de recorrer, sus plazas, cada una con su encanto particular y especial, sus terrazas, la basílica de Saint-Nazaire, al más puro estilo gótico, construida entre el siglo XI y XIV y si vas un domingo podrás asistir a misa a las 11am. su Chateau Comtal (castillo condal), los comercios y restaurantes, totalmente ambientados, las galerías de arte, sus majestuosos hoteles de aire medieval, disfrutar de su comida típica, como el “cassoulet”, regada con uno de los excelentes vinos de la zona, o, simplemente, de una fresca cerveza en una de las múltiples terrazas que encontrarás. Pasear mientras paladeas alguno de los múltiples dulces que son tan tradicionales, o sentir como un escalofrío recorre tu cuerpo mientras visitas el “Musée de l’Inquisition”.






Les Lices Hautes: están a sur de la ciudad y se trata del espacio que hay entre las dos líneas de murallas , en ese punto muy ancho. Te sientes pequeño caminando por allí porque la vista de las altas y numerosas torres es imponente. Parece que hasta el siglo XX la zona estaba repleta de casas pero durante los trabajos de restauración fueron derribadas. Este sitio se le escapa a la mayoría de los turistas pero vale la pena conocerlo.

A las afueras de la ciudadela, entre la vieja “cité” amurallada y la nueva urbe de Carcasona está el cauce del Aude, cruzado por un puente medieval, de doce arcadas construido en el siglo XII y todavía en uso. Puente típicamente medieval del siglo XIV. Hasta el siglo XIX fue el único acceso entre la Bastida St Louis y la Ciudad Medieval. Sus importantes dimensiones son debidas a la variación del cauce del río. Exclusivamente peatonal, permite el acceso rápido al Casco Antiguo. Las vistas desde la mitad son maravillosas. 

Este puente era el punto donde, a veces, se dirimían las disputas entre las dos urbes. El puente fue rehecho en el siglo XVI y en el XIX, y mantiene un aire severo que armoniza con la ciudadela fortificada. En la entrada del puente, la capilla de Nuestra-Señora de la Salud es el único vestigio del hospital más antiguo de la ciudad.

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Aunque la cité es el verdadero plato fuerte de Carcassonne, el resto de la ciudad también tiene cosas interesantes que ofrecer y hay que obligarse a dejar de vez en cuando el interior de la zona amurallada y adentrarse en la Bastida Sant-Louis, lo que sería la ciudad nueva fuera de las murallas.
La fundación de esta parte de la ciudad, data de 1247, fue edificada por orden de San Luís, según los planos de las bastidas de aquella época se levantó una ciudad de calles tiradas a cordel, es decir con ángulos rectos, con una iglesia al norte (la de San Vicente), una iglesia al sur (la de San Miguel) y un mercado en medio (la Plaza Carnot). En torno a una hermosa fuente de mármol consagrada a Neptuno, rey del mar.

La ciudad baja también ha sufrido lo suyo, en 1355, las huestes del Príncipe Negro, viniendo de Burdeos, se pararon en Carcasona para saquearla e incendiarla para después seguir su camino hacia Narbona. Durante la Revolución, se saquearon tiendas y se quemó el archivo del ayuntamiento. En ella no puedes perderte el Mercado Cubierto, el Palacete de Rolland. Construido entre 1746 y 1761 por Jean-François Cavailhès, antiguo comerciante de paño, fue también la propiedad de la familia Rolland entre 1815 y 1924. Hoy es el ayuntamiento y el monumento más representativo de la arquitectura del siglo XVIII, el Baluarte de Montmorency, la Puerta de los Jacobinos, la Catedral de Saint-Michel o la Iglesia de Saint-Vincent.

La Bastide Saint-Louis,  corresponde al pequeño pueblecito que nació en el año 1262 en el margen izquierda del río Aude y sería el casco antiguo de la ciudad, que también fue amurallada durante la edad media. El Jardín André Chénier. Tiene una historia muy interesante, y tiene su origen en la construcción de una plaza para conmemorar el regreso de Luis XVI tras la abdicación de Napoleón, en el año 1814. Tras sucesivas modificaciones a lo largo del tiempo, se ha convertido en un referente de la nueva ciudad. Pasear por la Place Carnot, la la plaza del pueblo, situada justo en el medio de la Ciudad Baja. Está bordeada de restaurantes y bares, y en verano hay mesas y sillas fuera. Es un excelente sitio para sentarse a beber algo y disfrutar de la vista pensando en la cantidad de siglos que han transcurrido por el lugar. Algunos célebres invitados tales como Balzac o Stendhal admiraron, a la sombra de sus árboles, su mercado y su fuente de Neptuno en mármol, esculpido por los italianos Barata, padre e hijos, en el siglo XVIII.

Desde la Edad Media, esta plaza ha albergado el mercado principal de Carcassonne; Mercado de las frutas y verduras todos los martes, jueves y sábados por las mañanas.
La Puerta de entrada de los Jacobinos: es la única de las cuatro puertas originales que fueron construidas en el siglo XIV como parte de las fortificaciones de la Ciudad Baja. La puerta fue reconstruida tal como es su estado actual sobre su emplazamiento primitivo en 1779. Al lado derecho de la puerta se encuentra un resto de muralla, está al final de la rue Courtejaire.

portail des jacobins
Otro punto interesante para visitar sería el Canal du Midi. Obra excepcional de Pierre-Paul Riquet realizada en el siglo XVII y desviado por Carcasona en 1777-1798, está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO desde 1996. El actual puerto de Carcassonne fue inaugurado el 31 de mayo de 1810.

Por último cabe reseñar las visitas que se pueden realizar por los alrededores de Carcassonne, como “Los ocho circuitos de la margarita cátara” que invitan a seguir itinerarios turísticos (de 50 a 200 km) con Carcasona como punto de partida y retorno. Cada ruta está asociada a un pétalo de la Margarita Cátara. Se puede obtener más información sobre estas rutas en la asociación “Tourisme et Loisirs”. También se pueden realizar visitas guiadas en Bus, o el sendero “Pèiras e vinhas”, de piedras y viñas.
Atención a todos, si queréis vivir algo espectacular en la ciudad de Carcasona, el próximo 14 de julio es vuestra fecha, pues además de visitar la cité, podréis disfrutar del Festival Pirotécnico que se realiza cada año el día de la fiesta nacional. Otro espectáculo tal vez un poco turístico son las luchas de caballeros o torneos, que se realizan diariamente (menos lo sábados) hasta el 28 de agosto en las lizas, previo pago claro (consejo, si os juntáis 10 personas o más os saldrá más barato). 


Un buen hotel para alojarse sería Hôtel de l'Octroi, cerca de la cité. O bien el Hôtel du Chateau, con un spa y un poco más caro.



sábado, 5 de julio de 2014

Los jardines de Venecia...un lugar para aislarse del bullicio.

Muchos podéis pensar que en Venecia, hay poco "verde", es decir que no hay ningún lugar donde relajarse bajo la sombra de un árbol, y no es así, lo que ocurre es que la mayor zona verde de la ciudad está en la punta, tenemos que dejar la Basílica de San Marcos detrás nuestro, y bajar canal abajo en dirección al mar.
Hubo un tiempo en Venecia estaba rodeado de campos verdes de la ciudad estaban destinadas para el cultivo o el pastoreo de los animales (de ahí el origen del campo de nombre), pero con el paso de los siglos, estas áreas han sido cubiertas progresivamente por adoquines, utilizados para la pavimentación de la ciudad. Hoy en día el verde público no es muy extenso, es un total de unos 120.000 metros cuadrados que están divididos en seis jardines repartidos por la ciudad. Estas áreas verdes son: la Pineta de Santa Helena, los Giardini di Napoleón, los jardines Groggia, los jardines Papadopoli, los Giardini ex Reali los jardines Savorgnan.


Los primeros a visitar podrían ser los Jardines Reales de Venecia,  que están al lado de la Piazza San Marcos, justo delante tienen la parada del vaporetto. Pero en ocasiones pasan desapercibidos por que lo primero que hace uno es ir hacia San Marcos, si no es por propia voluntad, es porque la marea de turistas te llevan literalmente hacia ella, y te olvidas de que hay un lugar muy apacible donde descansar de tanta belleza. 



Los antiguos jardines reales de Venecia (en italiano Giardini ex reali) es un parque público muy próximo a la Plaza de San Marcos. Durante el siglo XIX fueron conocidos como jardines napoleónicos pues  surgieron ante el deseo de Napoleón I de disfrutar de una mejor vista desde las ventanas desde la Procuratie Nuove. Y claro como era el "Emperador", su deseo se tuvo que hacer realidad y por eso se destruyeron cuatro grandes edificios, los mayores almacenes de grano de Europa, que databan del siglo XIV.


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Otro motivo para visitarlo es que así podemos aprovechar la cercanía de los baños públicos de pago (si señores, sí, en Venecia se paga para ir al baño, consejo viajero: como pagar has de pagar igual, mejor tomarte un espresso en la barra de cualquier bar, o bien un "Spritz" y aprovechar los baños del local), ubicados a pocos metros de la entrada. Los Jardines Reales de Venecia están abiertos durante toda la semana de 8,00 a 20,30 (DST) y 8,00 a 18,00 (horario de invierno). La parada más cercana de autobús acuático para llegar a los Jardines Reales son "Vallaresso" (línea 1) y "San Marcos" (línea 2).Se trata de un terreno con vistas al agua de la laguna, densamente arbolado , justo detrás de las Procuradurías Nuevas (Procuratie Nuove) . La obra inicial se llevó a cabo por deseo del emperador que quería mejorar las vistas desde su aposento en las Nuevas Procuradurías. Así se destruyeron tres edificios públicos del siglo XIV, que habían sido silos para el cereal. Los edificios llamados graneros de Terranova porque fueron construidos en la parte superior del relleno, es decir, "un nuevo camino", un poco como fue el caso de las zonas contempladas como "sacca". No muy lejos se puede ver un puente levadizo curioso del siglo XIX que unía los jardines con la Procuratie Nuove. Además, la vista del Campanile de San Marco es diferente de la habitual, entre las ramas de los árboles. 


Con vistas al muelle, en la actualidad hay dos estructuras arquitectónicas interesantes: hacia la plaza, un pequeño pabellón que actualmente ocupa la Compagnia della Vela, en el otro lado, hacia la Calle Vallaresso tenemos el maravilloso Harrys Bar, un lugar emblemático de la ciudad, con clientes como los que acudieron un día (en 1935, creo) en el que los camareros sirvieron el almuerzo simultáneamente al rey Alfonso XIII de España, la reina Guillermina de Holanda, el rey Pablo de Grecia y el rey Pedro de Yugoslavia. Una casualidad que estuvieran todos juntos, o tal vez no, quién sabe! Hemingway era un cliente asiduo, durante el largo y frío invierno de 1949 a 1950, Ernest Hemingway se instaló cómodamente en la sala de la Concordia. Aunque también visitaba el Inn en Torcello, el Gritti, pero era en el Harry's Bar donde tenía una mesa propia en una esquina. Era la época en que estaba acabando su obra  "A lo largo del río y entre los árboles" en la que él menciona el Harry's Bar muchas veces. El dueño suele explicar que cada vez que oía a alguien decir "Hemingway le promocionó el bar en sus obras, a lo que él respondía: "Está equivocado he sido yo y mi bar los que lo hemos promocionado, pues le dieron el premio Nobel después, no antes, de acudir a nuestro local..."
Y ya puestos, porque no entrar a tomar un típico Bellini, una creación del dueño, Arrigo Cipriani.

En su extremo oriental se levanta la Zecca diseñada por Jacopo Sansovino fue la Casa de la Moneda hasta 1870 y actualmente acoge la Biblioteca Sansoviana

Los Giardinetti Reali, o los Jardines Reales de Venecia, solo ocupan alrededor media hectárea. Pero aunque es un lugar pequeño, estos los jardines son el lugar perfecto para relajarse o dar un paseo. El parque cuenta con magníficos jardines, coloridos macizos de flores, abundante follaje y un buen número de bancos para sentarse y reflexiona.
Desde allí se puede ver la parte superior de la torre del campanario en la plaza de San Marcos, mientras que en las afueras podrás disfrutar de vistas panorámicas de la iglesia Santa María della Salute. 
Otro motivo para visitarlo es que así podemos aprovechar la cercanía de los baños públicos de pago (si señores, sí, en Venecia se paga para ir al baño, consejo viajero: como pagar has de pagar igual, mejor tomarte un espresso en la barra de cualquier bar, o bien un "Spritz" y aprovechar los baños del local), ubicados a pocos metros de la entrada. Los Jardines Reales de Venecia están abiertos durante toda la semana de 8,00 a 20,30 (DST) y 8,00 a 18,00 (horario de invierno). La parada más cercana de autobús acuático para llegar a los Jardines Reales son "Vallaresso" (línea 1) y "San Marcos" (línea 2).
  

El siguiente paseo que os propongo comienza en los alrededores de uno de los pocos parques públicos que hay en la ciudad: los Giardini Pubblici. Hay una parada del vaporetto que lleva el mismo nombre, así que no hay pérdida para llegar. Una vez hemos bajado del vaporetto, se abre ante nosotros un espacio en el extremo este de Venecia, están ubicados en la Riva degli Schiavoni, lejos de las zonas turísticas del centro. Zona verde, comúnmente conocida como los Jardines de Castello, fueron construidos en 1807 por decreto napoleónico en un área ocupada por un antiguo complejo religioso (iglesia y convento de San Domenico, la iglesia y el convento de San Antonio de Bari, la iglesia y el convento de los Capuchinos y el monasterio de San Antonio Abad y el Hospital de los Marineros). Después de la demolición de los edificios, se utilizaron los materiales resultantes para construir una pequeña colina sobre la que se erigió un café, ahora transformado en el Pabellón de la Bienal.


By Vid395 - Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19206185
Giardini Groggia

Establecidos por Napoleon I en el extremo sureste de la isla principal y extendiéndose desde la estatua de Garibaldi en el barrio Castello, los jardines públicos y los terrenos de exposición de la Bienal de Arte ofrecen bellas avenidas bordeadas por grandes árboles. Construidos en el lugar donde estaban ubicados monasterios e iglesias, la puerta del arco de la iglesia de San Antonio (a la izquierda, junto al canal) es todo lo que queda de esos edificiosLos Jardines Reales, construidos en el siglo XIX, fueron creados para brindarle a Napoleón las mejores vistas de la ciudad, un detalle, pues según se mire, Napoleón se dedicó a suprimirles todos los derechos que tenían como república, les saqueó arcas y tesoros (incluso se apropió del barco del Dux para llevárselo a París, los caballos de bronce de la Basílica de San Marcos se los llevó y los colocó en el Arc du Carrussel...) total, porque no quisieron aliarse con él en sus conquistas expansivas...ya se sabe o estás conmigo, o contra mi...que el pequeño Bonaparte, era mucho Bonaparte.
En los años impares el lugar alberga la Biennale,  y que se lleva a cabo durante el verano, es decir que el año que viene, 2015, ya tenéis excusa para visitar Venecia (¡cómo si no hubiera motivos suficientes para visitarla!). Una parte sustancial de estos jardines (42.000mq) fue asignada a la Bienal, y está abierta sólo cuando la exposición está abierta, mientras que el resto (18.000mq) se utiliza como jardín público.   Entre la Riva dei 7 Mártires, Viale Trieste y Via Garibaldi, en el distrito Castello, constituyen el mayor eje verde del centro histórico. Hubo un tiempo en esta área fue  una zona suburbana habitada por pescadores y encajeras y era conocido como la "Motta di Sant'Antonio". 
Su pacifica atmósfera le convierte en un lugar ideal para descansar del turismo y disfrutar de los sonidos de la naturaleza, leer un libro e incluso dormir una siesta.

El Campo de Santa Margarita es uno de los parques Venecia mas concurridos por los residentes y turistas, especialmente por sus amplios espacios naturales, con gran variedad de arboles y plantas, muchos jardines con flores, fuentes y banquetas por doquier. Este parque se encuentra ubicado en el distrito residencial de Dorsodouro, donde además se puede encontrar un gran mercado de frutas, verduras y pescado fresco. Muy cerca del parque hay muchos restaurantes y excelentes heladerías.

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El Parco delle Rimembranze  (El Parque del Recuerdo) está situado en el El Pinar de St. Helena, situado en la isla del mismo nombre, ofrece un encantador paseo a través de los árboles de pino en un camino vallado que bordea la cuenca de San Marco, con vistas espectaculares de la laguna y los jardines públicos junto a los espacios de la Bienal .
Este es uno de los parques más significativos de la ciudad, debido a que fue construido en homenaje a los soldados que perecieron durante la Segunda Guerra Mundial. En este tranquilo parque abundan todo tipo de arboles, plantas, jardines y bancos para descansar. El parque también cuenta con entretenidas zonas infantiles para la diversión de los más pequeños, extensas áreas con césped, e incluso una pista de patinaje. El parque se encuentra ubicado muy cerca de un área comercial, por lo que se ha convertido en el sitio ideal para descansar después de una agotadora sesión de compras.)

El siguiente jardín es el Giardino Giusti. Este jardín se remonta al año 1580, y es considerado uno de los jardines renacentistas más hermosos de Italia. Los maravillosos y elegantes jardines conformados por cercos de setos, arboles podados con formas (arte topiario), plantas en macetas y estatuas de piedra, contrastan perfectamente con otra zona un poco más silvestre y natural. Estas dos áreas bastante diferentes, una totalmente cuidada por el hombre, y la otra dejada crecer libremente, se unen entre si por una terraza de piedra.

Este jardín de estilo renacentista posee un diseño geométrico repleto de grutas, estatuas mitológicas, canteros con flores y setos.

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Giardini Savorgnan: Los jardines son parte del palacio Savorgnan. Representan una de las mayores zonas verdes de la ciudad, una zona muy bonita y limpia, y ahora nace como un jardín botánico ubicado a la sombra de otros árboles. Ocupará una superficie de casi 10.000 metros cuadrados que asumen la forma de diferencia de fase dos rectángulos entre ellos.



 

El Giardini Groggia, es un jardín cuadrangular "romántico"  del siglo XIX, con unas impresionantes vistas de la laguna, se encuentra en el sestiere Cannaregio Sant'Alvise lado de Villa Groggia. Una Villa con jardín y que fueron donados por la familia Groggia a una asociación, la gestión se encuentra actualmente en manos de la Municipalidad de Venecia. Se trata de una zona verde menos conocida y poco visitada, lo cual es motivo para hacerle una visita, pues es una de las zonas más tranquilas de la ciudad, un lugar de descanso con bancos y rodeado de vegetación y el silencio.



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Y por último están los Giardini di Papadopoli, que se encuentran en Piazzale Roma, aquí os recomiendo visitar el Jardín de Invierno del Hotel Papadopoli, con  numerosas especies de plantas tropicales diseñado por el arquitecto Peter Porcinai,

En los años treinta se decidió conectar Venecia con el continente por un viaducto para vehículos que flanqueaban la vía férrea ya existente es por ello que una parte del jardín fue sacrificada, es decir que era bastante más amplio. Estamos ubicados en frente de una de las zonas más antiguas de Venecia, donde ya el siglo VIII había un monasterio dedicado a la Santa Cruz, que fue el que le dio el nombre al distrito.