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jueves, 5 de marzo de 2015

Londinium : donde una reina guerrera arrebató la City a los Romanos.

  




























En el año 52 a.C. Julio César acababa de conquistar las Galias y decidió, cruzar el canal de la Mancha, más que nada para darse un paseo por las islas que estaban al otro lado del canal, por curiosidad...
Sus legiones desembarcaron en las costas de Kent y desde allí fueron hacia Gales, atravesando el Támesis a la altura de Westminster. Pero la visita no podríamos considerarla turística ni tampoco fue pacífica, pues en el camino se enfrentaron a unos bárbaros recios y combativos, a los que describieron como “belgae”, quien iba a pensar que unos cuantos belgas se les habían adelantado en la conquista del territorio.
Los celtas, que ya llevaban un tiempo residiendo en las islas, se habían retirado hacia el interior, y percibían a los nuevos invasores romanos como un alivio frente a los belgae. Por esa simpatía que les tenían es por lo que César tuvo algún trato con ellos, observó su organización como tribu, admiró sus artesanías y por último decidió echarles una mano para ahuyentar a los primeros invasores. Después de ayudarlos César no se quedó en Britania, se volvió a la Galia junto a su cuarta esposa Calpurnia. Se marchó con tanta prisa que no dejó ni un destacamento romano por si había intención de volver. Pasaron los años y las tribus celtas se fueron asentando en la zona, hasta que los romanos decidieron volver cuando, precisamente poco después de que los britanos empezaran a hostigar la Galia Romana.

Era el verano del año 41, y las tropas romanas embarcaron en el puerto fortificado de Bolougne-sur-Mer, con el propósito de cruzar el canal de la Mancha e invadir las Islas Británicas, debieron pensar que era mejor invadir ellos primero, a que los Britanos se crecieran y acabaran instalándose en parte del Imperio. La expedición contaba con 40.000 hombres, la mayoría eran galos romanceados que formaban parte de cuatro legiones, al mando estaba un general veterano, Aulo Plauto. Tomaron tierra en la zona de Kent, cerca de lo que ahora es el túnel submarino que atraviesa el canal. Desde allí avanzaron hacia poniente, y junto al río Medway mantuvieron un decisivo combate con los britanos. 
Siguieron el río que los llevó a la orilla del Támesis, lo cruzaron a la altura de Westminster. Una vez estaban en la ribera norte plantaron el campamento mientras esperaban a que llegase el emperador Claudio. Aunque no lo sabían entonces, acababan de asentarse en el centro de la ciudad. Ciudad que ellos mismo fundarían después. Claudio llegó a la isla y en tan sólo 16 días sus legiones avanzaron a través de Essex, la campaña fue victoriosa y consiguió que los once jefes de las tribus britanas rindieran vasallaje al emperador. Éste regresó rápidamente a Roma para anunciar a bombo y platillo la conquista de la gran colonia que César había despreciado.
El campamento, se transformará con el paso del tiempo en una población romana, con un importante puerto, con sus fondas y comercios que abrirán sus puertas a los numerosos mercaderes y marineros que están de paso por la ciudad. Londinium sigue creciendo velozmente y acaba siendo la capital de la provincia de Britania, una de las más ricas y florecientes de todo el Imperium.

Durante la primera fase de su existencia, Londinium sufrió algún tipo de catástrofe cada vez que se cumplía un decenio. En el año 50 hubo un devastador incendio que redujo a cenizas la ciudad, en especial los barrios más modestos, que eran de paja y madera. Fue tal el caos que se hubo de levantar de nuevo casa por casa, y reconstruir el puerto. Diez años más tarde, cuando todo ya estaba reconstruido y empezaba a funcionar de nuevo, sufren una primera invasión con su correspondiente saqueo que volverá a devastar la ciudad.
Esta primera invasión comenzó en lo que sería el actual condado de Norfolk, allí estaban tranquilos los britanos cuyo gran rey Prasutago, murió en el año 60. El hombre era prudente y había sido vasallo y aliado de los romanos,  su reino vivía en paz y prosperidad hasta que llegó su muerte. En su testamento legaba la mitad de sus bienes y territorios al Imperio Romano, y la otra mitad era para su esposa Boudicca y sus hijos. Pero el reparto no gustó nada a los romanos, pues no solo cogieron su parte, sino que encima invadieron y saquearon el resto del territorio y sus poblaciones. La reina viuda fue azotada públicamente y dos de sus hijas secuestradas y posteriormente fueron vendidas como esclavas, junto a otras mujeres y niños. La viuda humillada y enfurecida se puso al frente de un multitudinario ejército vengador, y llegaron a Londinium. Entraron a sangre y fuego, masacraron a los militares y funcionarios que no habían conseguido escapar, saquearon y quemaron palacios y templos, proclamando el fin de la dominación romana es que no hay nada peor que hacer enfadar a una mujer y robarles el pan de sus hijos...

En Londres aún recuerdan a la reina Boudicca, a pesar de que destruyó la ciudad, tiene una estatua al lado del Westminster Bridge (parada de metro Westminster), frente al Parlamento, es una estatua de bronce de 1850 hecha por Thomas Thornycroft. Hay una leyenda local que insinúa que Boudicca se encontraría enterrada debajo de la vía 10 de la estación de Kings Cross.
Después de todo lo que recibieron los romanos, y no me refiero a bienes materiales, éstos no se dieron por vencidos, se replegaron en Gales y volvieron para reconquistar la ciudad y se quedaron. Reconstruyeron de nuevo el puerto y el muelle, y pactaron de nuevo con los jefes britanos para volver a tener tranquilidad en sus territorios.
En el siglo II se inició un largo periodo de paz, que dio lugar al embellecimiento y modernización de la capital, así como la construcción de los grandes y lujosos edificios emblemáticos de las ciudades romanas. Es decir el gran Foro, con su arco de columnas, su plaza pavimentada y sus estatuas alegóricas; se levantaba en la actual City londinense, justo en la intersección de Lombard Street con las calles Gracechurch y Fenchurch. Por esta zona se había construido la nueva basílica de tres naves dedicada al emperador y otros dioses romanos. Hacia el noroeste se situaban los cuarteles de la guarnición, más o menos donde ahora se alzan los rascacielos de Barbicane. En el actual Guildhall, entre el ayuntamiento y el Banco de Inglaterra había un amplio anfiteatro destinado a las representaciones escénicas. También había un circo de arena para las carreras de cuadrigas, al que se accedía por la calle Knightrider. Los almacenes de abasto de la antigua Londinium se encontraban en el mismo lugar donde estaban los mercados de Cheapside y East Cheap, se descubrió cuando éstos fueron derribados.


Los hallazgos arqueológicos accidentales han sido frecuentes, gracias a ellos se ha podido saber que la ciudad romana estaba adornada por estatuas gigantescas, eso se supo al encontrar una mano de bronce de casi medio metro hallada al repavimentar Thames Street. O la gran cabeza de Adriano que se encontró durante un dragado del río Támesis. 

La visita del emperador Séptimo Severo se produjo en el año 207, éste era un emperador original, que rechazó los fastos de Roma y abolió las míticas tradiciones del ejército imperial. De origen cartaginés siguió una política de apartar a los romanos de los cargos públicos y de los mandos del ejército, en beneficio de personalidades y jefes locales. El fue el que prioriza terminar la muralla, mientras que son sus hijos los que se dedican ha hacer el trabajo sucio con los rebeldes. Marco Aurelio Basano, uno de sus hijos se aficionó a vestir las típicas blusas celtas llamadas “caracallas”, durante los cinco años que la familia imperial permaneció en Britania. El emperador murió en la actual York, y como siempre, sus hijos se pelearon por el poder; ya en Roma, Marco Basiano asesinó a su hermano para proclamarse como único emperador. Sus contemporáneos y la historia lo llamaron siempre por su apodo celta, Caracalla (¿será el de las Termas? las que hay en Roma).
La muralla que había finalizado el emperador antes de morir formaba un semicírculo que englobaba lo que sería hoy los límites de la City. Desde entonces y a lo largo de 2000 años, en ese perímetro de 130 ha. se erigieron los edificios que fueron sede del poder político, religioso y económico que manejaron la ciudad. La muralla tenía seis puertas fortificadas, que daban paso a las carreteras romanas. De la primera puerta occidental, cerca de Saint Martin, en Ludgate, salía el camino que llevaba a Cornualles. La puerta principal del oeste, Newgate, daba paso a la calzada que llevaba a Gales. En la puerta norte, Bishopgate, salía el camino hacia York, y la puerta del sector oriental, Aldgate, llevaba hacia Norwich.
Con el declive del Imperio Romano en el siglo III la ciudad empieza a despoblarse, abandonada a su suerte por Roma los jefes britanos la atacan constantemente, aunque sus pobladores consiguen rechazar gran parte de los ataques. Pasan los años y también los emperadores romanos, el imperio se desmorona hasta que se parte en dos. El Imperio Romano de Occidente, o lo que queda de él ya no puede hacerse cargo de una lejana Britania y las legiones romanas comienzan a retirarse en el año 407, tres años  más tarde los soldados y funcionarios romanos abandonan Londinium a su suerte. A partir de ese momento Londinium deja de ser romana, y comienza la historia de Londres o London, nombre que significa “bravura”, una definición que les viene que ni pintada teniendo en cuenta lo que les espera a lo largo de su historia.


Si queréis descubrir lo que queda del Londinium romano, podemos visitar el anfiteatro romano, que fue descubierto en 1988 por los arqueólogos del Museo de Londres. Tras quince años de restauración abrió al público. Lo podemos visitar conjuntamente con el ticket de la Guildhall Art Gallery (atención a partir de las 15:30h la entrada es gratuita, eso sí, no hay mucho tiempo para verlo pues a las 17h cierran). Este anfiteatro se construyó en sus orígenes en madera, era el año 70 d.C. En el siglo II d.C. el muro de arena y algunas estructuras se construyeron en piedra y ladrillo, además lo decoraron con pinturas murales y mármoles egipcios, pero el resto del edificio, sobre todo las gradas siguieron siendo de madera. Tenía una capacidad de 8.000 espectadores. Estuvo en uso hasta el siglo IV, hasta la caída del Imperio Romano y la invasión de los sajones. Los mármoles y piedras labradas se reutilizaron para otras construcciones durante la Edad Media. Al final en su emplazamiento se construyó el Guildhall, data del 1410 y aún se conserva en la misma plaza. Una vez que accedamos al Guildhall Yard, nos vamos a encontrar una gran plaza, en cuyo pavimento se encuentra marcado en pizarra negra el perímetro de la arena que ocupaba el anfiteatro. 

El fuerte romano de Cripplegate se encuentra cerca del Museo de Londres, la verdad es que es un museo muy interesante además de gratuito, abre de lunes a domingo de 10 a 18h. Acoge más de 47.000 objetos romanos que se encontraron en Londres y alrededores. En él podremos ver una domus romana, con sus mosaicos originales, o bien las esculturas de mármol que procedían del Templo de Mitra (situado en Queen Victoria Street, <M> Barbican) Durante unas excavaciones para la construcción de un hotel, se encontraron un águila romana que sujeta una serpiente con su pico, formaba parte de un mausoleo del siglo I - II dC. Al sur del museo, en Noble Street aún quedan en pie parte de los restos de una torre, que fue reforzada en época medieval, y una parte de las murallas del fuerte romano de Cripplegate.

En un parking subterráneo bajo el London Wall están los vestigios de la Porta Principalis Sinistra del fuerte. Para visitarlo hay que concertarlo en el Museo de Londres. Si seguimos hacia el norte, London Wall Street, hay más restos de las murallas levantadas hacia el año 200 d.C. En los    alrededores y en el interior de la Torre de Londres también queda algo, pero es en Tower Hill donde se conserva el tramo de lienzo amurallado, está flanqueado por una estatua del emperador Trajano. Si aún queréis ver más cosas de romanos, no podéis olvidaros del British Museum, allí tenéis para dar y vender.

Un pequeño secreto a compartir si vais caminando por Lower Thames Street, son pocos los que se dan cuenta de que unos de los mejores restos del Londres romano se encuentran ocultas bajos sus pies. En la casa de baños de Billingsgate, que fue descubierta en 1848, actualmente sus restos descansan bajo los edificios del número 101 de Lower Thames Street, la pena es que aún no están abiertas al público. Debido a la situación de como encontraron los restos, se ha desarrollado un proyecto para poder estudiarlo y abrirlo al público, durante el London Open House de 2012 se pudo visitar. De momento hay que esperar para hacerlo.

Y como siempre, si queréis más información leeros este blog, super interesante además sigues una ruta establecida, vamos una pasada. La próxima visita a Londres lo recorreré sin duda alguna. O en esta página web del Londres Romano, está en inglés.