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sábado, 21 de febrero de 2015

Florencia Santa Maria Novella, los frescos de Ghirlandaio y la vía Tournabuoni con sus palazzos.




Desde la Plaza de la Catedral y el Baptisterio, entraremos a una ruidosa calle que se llama Via Cerretani, que nos llevará directamente a la Piazza Santa María Novella. Y que está cerca de la estación que lleva el mismo nombre. El barrio donde está situada no es muy bonito que digamos, casi la mayoría de turistas se dedican a pasear por la zona de la catedral, la Signoria y el Ponte Vecchio, y es una lástima porque este es uno de los monumentos religiosos más importantes de la ciudad. 
La iglesia de Santa Maria Novella, se comenzó en 1246, estaba extramuros de la ciudad, hasta que la rodeó el tercer tramo de murallas (de 1284 a 1333). Su fachada tiene algo especial que hace que sea más atractiva que la de Santa Croce, tal vez sea porque Santa María Novella es de los Dominicos, mientras que Santa Croce pertenecía a los Franciscanos.

Los Dominicos, cuando llegaron a Florencia se instalaron en una pequeña iglesia fuera de las murallas, en la parte opuesta de la ciudad donde se habían instalado los franciscanos. Iba pasando el tiempo y consiguieron hacerla más grande y embellecerla gracias a la ayuda de los frailes arquitectos Sisto y Ristoro. A la derecha de la fachada está el cementerio, es una parcelita muy sencilla de terreno, tal y como mandaba la tradición de esta orden. Los nichos que forman las paredes tienen entre sus muros los sarcófagos que pertenecían a las familias ricas florentinas, todos en mármol blanco y verde, es por ello que la calle que pasa por su lado se la conoce como la Vía degli Avelli (la calle de las tumbas).

Como siempre pasa las obras iban lentas por la falta de dinero, hasta el punto que tuvieron que pasar ciento cincuenta años para que Giovanni di Paolo Rucellai, un mercader que se había hecho rico vendiendo telas de color púrpura (tonalidad que sólo sabía hacer él) encargase a Leon Battista Alberti terminar las obras de la iglesia, fachada incluida. Paolo Rucellai para dejar claro de quién había contribuido en la construcción de la iglesia puso su firma, si queréis podéis buscar una vela hinchada por el viento, que es el signo de la buena ventura y el emblema de Rucellai, (una pista, está sobre alguna franja oscura para hacer contraste... así que, a buscar!).
En la parte superior de la fachada, aparece el nombre de Ruccellai latinizado: Johannes Oricellarius - MCCCCLXX (1470) año en que se consagró el templo. En la fachada otro monje instaló unos instrumentos que servían para estudiar el movimiento de las estrellas y de los planetas. Uno se parece a un reloj de sol, y a la izquierda hay una "esfera armilar".

«Masaccio trinity» de Masaccio - Web Gallery of Art:   Image  Info about artwork. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Masaccio_trinity.jpg#/media/File:Masaccio_trinity.jpg
En todas las guías aparece esta iglesia, sobre todo por los maravillosos frescos de Ghirlandaio, de Nardo di Cione y su hermano Andrea di Cione, de Filippino Lippi, de Andrea Firenze, de Paolo Ucello… vamos que podría considerarse un museo. Un consejo si tenéis poco tiempo para visitarla ir directamente a los frescos de Masaccio, para admirar La Trinidad, está situado a mitad de la basílica, a la izquierda mirando hacia el altar mayor. Los florentinos hacían cola durante días para admirar una pintura, que como si se tratase de un milagro, creaba el efecto de un espacio tridimensional sobre la superficie lisa de una pared, se dice que Masaccio lo pintó en tan solo veinticuatro días. El motivo del tema del fresco de la Santísima Trinidad tiene una razón de ser: para los dominicos éste era el día en que comenzaba su calendario. En la parte inferior del fresco hay unas figuras arrodilladas son el juez y su esposa, los que pagaron la pintura, y un esqueleto con una inscripción que debía aterrorizar mucho en su tiempo: io fu gia quel che vio sets: e quel chi son vio ancor sarete (yo era el que tu eres, tu serás el que yo soy). 

Ahora os recomiendo ir a la parte de atrás del tabernáculo de mármol del altar mayor. En la capilla, bajo una esplendida vidriera, están los frescos de Ghirlandaio: las Historias de la Virgen y de San Juan Bautista. Ghirlandaio tenía la costumbre de enriquecer las escenas sacras con detalles de la vida cotidiana de su tiempo, e incluía a parientes, amigos y colaboradores de los Tornabuoni, una rica familia florentina emparentada con los Médicis. 


Como es el caso del cuadro que tenemos al lado, representa el nacimiento de la virgen María, donde se puede ver la típica cama florentina, la habitación está recubierta de madera tallada y en lo alto hay un friso decorado con amorcillos. Las mujeres que llevan regalos son la hija y la nuera de Tornabuoni, ambas habían muerto de parto siendo muy jóvenes.
No es la única iglesia con frescos de Ghirlandaio, pues al fondo de la Vía Tornabuoni está la iglesia de Santa Trinità, con la capilla Sassetti. En ella el pintor tenía que ilustrar la vida de san Francisco, pero no pudo evitar que tanto Lorenzo el Magnífico como sus hijos, acabaran representados en su obra. Además en el fondo se ven monumentos y detalles de Florencia de la época, entre los que destacan el puente Vecchio y el puente de Santa Trinitá.

La plaza donde está situada también es interesante históricamente, pues era aquí donde en tiempos de Cosme I se realizaba en ella el Palio dei Cocchi, donde los carros corrían alrededor de dos estupendos obeliscos que estaba situados en los extremos de la plaza, y que aún se pueden ver. En torno a ellos se instalaban unas tribunas de madera para los espectadores, mientras que el gran duque y su corte se sentaban en un gran palco sobre elevado rodeado con estandartes. Pero hay que recordar que la plaza no había sido construida para celebrar carreras, sino para alojar a los fieles que no cabían en la iglesia. 


Saliendo de Santa Maria Novella podemos coger la Vía  del Sole que nos llevará a la Vía Tornabuoni, una calle elegante y señorial donde todos son palacios, como el Palazzo Strozzi, el Ruccelai, el Corsini o el Ferroni. Por Via Tornabuoni si nos paramos en lo que llamaríamos el triángulo de la moda, pues tenemos a Bulgari, a Gucci y a Roberto Cavalli. En esta última y después de una minuciosa restauración fiel a las estructuras originales, Roberto Cavalli, un florentino nacido y ligado a la tradición, reabrió el histórico "salón" de Florencia, quería devolver a la ciudad una de sus famosas cafeterías. Está en el número 83, allí encontramos el bar Giacosa, un bar que en otros tiempos tuvo un notable éxito allá por el siglo XIX. Fundada en el año 1815.  "Dulces, pasteles, vinos y licores, restaurante, salón de té, fábrica de chocolate... e inventores del Negroni."
Lugar de encuentro para una clientela refinada como el príncipe Ruspoli y otros nobles como della Gherardesca, Torricelli, y Corsi, el Caffè Giacosa se convirtió en el centro de la sociedad florentina, un escaparate refinado y de prestigio para los aristócratas y la élite que se reunían aquí para ver y dejarse ver. Inspirado por un fuerte deseo de mantener las soluciones arquitectónicas antiguas intactas, así como la mágica atmósfera de la época, Roberto Cavalli ha conservado no sólo la elegancia acolchada del entorno, sino también los cordiales camareros que habitualmente dan la bienvenida a los recién llegados con gran cortesía y "savoir faire".

El Caffè Giacosa está situado junto a la boutique de Roberto Cavalli y los clientes pueden acceder a él directamente para disfrutar de su menú refinado durante todo el día: desde el desayuno hasta el aperitivo, o para tomar una copa después de cenar. La atmósfera intemporal permite a los clientes a tomar un descanso y relajarse con el placer de un buen café y una oferta variada de pasteles delicados, chocolates, y vinos. Dentro del Palazzo Strozzi hay otro Giacosa.

Situado entre Piazza Strozzi y via Tornabuoni, el Palacio Strozzi alberga un rico programa de exposiciones y eventos, instalaciones de arte contemporáneo, conferencias, conciertos y desfiles de moda. 
De éste y de otros muchos palacios que se sitúan en la Vía tornabuoni, hablaremos más adelante, en un siguiente post.