Paris, Roma, Londres, Lisboa, Venecia, Génova, Italia, Bruselas

miércoles, 21 de enero de 2015

Madrid 1936, salvando las grandes obras del Museo del Prado.



Hoy hablaremos de un museo que no estaba ideado para ser un museo, pues Carlos III tenía intención de destinar el edificio a ser sede del Real Gabinete de Historia Natural. Pero la invasión de Napoleón Bonaparte hizo que se cambiase de idea, se decidió crear un museo a imagen de los que ya había por las grandes capitales europeas. Su nombre iba a ser el de Museo Josefino (en honor a José Bonaparte, hermano del emperador y que estuvo durante un tiempo por estos lares manejado el feudo del emperador, hay que tener en cuenta que para los españoles con nuestra guasa característica lo conocemos como "Pepe Botella"). Al final fue Fernando VII "el deseado" pues llegó después de que los franceses arriaran velas, el que tomó la decisión definitiva de alojar en él las Colecciones Reales. En 1819 se abrió por primera vez al público. El nombre tiene su miga pues se debe a una simple coincidencia con el lugar en el que se levantó el edificio, un prado. Concretamente era el Prado de los Jerónimos, un terreno adyacente al Monasterio de los Jerónimos. En un principio llevó el nombre de Museo Real de Pinturas, y Museo Nacional de Pintura y Escultura. Pero al final el pueblo fue el que le dio el nombre que lleva en 1920, nada de nombres rimbombantes, vamos a ver, no está situado en un prado, pues ea!... Museo del Prado!
Del Prado hay mucho que decir y que explicar, pero hoy os quiero hacer partícipes de unos sucesos, que ocurrieron en fechas aciagas para nuestra historia, y que tuvieron como protagonistas a las obras de arte que albergaba, junto con gente anónimas que ayudó a protegerlos durante tres largos años.

Estamos a principios de Junio de 1936, y en España no para de aumentar la tensión entre dos bandos con diferentes ideales. Aún no ha estallado el conocido “Alzamiento”, de momento las obras de arte alojadas en el Museo del Prado no pueden ver lo que se le viene encima al país, tampoco los españoles pueden llegar a saber lo que ocurrirá en los próximos tres años. La gente va pasando el mes de junio entre calores y rumores, pero no es hasta el 18 de julio cuando estalla la guerra. Una guerra cruenta, de hermanos contra hermanos que durará tres años y que servirá de ensayo para la II Guerra Mundial. Tampoco saben que después de la guerra vivirán durante 40 años bajo un mismo yugo, con vencedores y vencidos conviviendo en un mismo pueblo, ciudad o país.

El levantamiento en diversas áreas del país durante ese verano, hizo que empezara un conflicto armado que dividiría el territorio en dos bandos confrontados. Las tropas rebeldes, más preparadas y acondicionadas para el combate estaban situadas en el protectorado de Marruecos y pronto se hicieron fuertes en diferentes ciudades del sur de España. Madrid se decantó por el bando republicano, es decir que apoyaba al gobierno del momento, es por ese motivo en que se convirtió en un objetivo militar de primer orden. Es por ello que ya en el otoño de ese año las tropas rebeldes dirigidas por el general Varela se acercaban a Madrid. Ya en los meses de Octubre y Noviembre se instalaron en los alrededores de la Casa de Campo. Estas tropas rebeldes contaron con la ayuda de la aviación italiana y alemana, que bombardearon la población civil con la excusa de que supuestamente habían objetivos militares ubicados en los barrios madrileños populares. La situación es tan grave que se decide salvaguardar las obras de posibles saqueos. El 6 de noviembre de 1936, los aviones alemanes de la Legión Cóndor se ceban con la ciudad, las bombas alcanzan el Museo del Prado. El presidente de la República, Manuel Azaña, decide que ha llegado el momento de completar la evacuación de las obras iniciada tímidamente bajo la dirección de Rafael Alberti. El presidente considera que puede haber más repúblicas, e incluso más monarquías, pero un tesoro como el que alberga el Prado solo hay uno. Era tal su obsesión por salvar sus obras que llegó a decir que prefería pegarse un tiro, antes de que cualquier cuadro sufriera el más mínimo daño.
En esos momentos de incertidumbre un grupo de gente anónima decide dejarlo todo para poder salvaguardar su arte y su vida, serán los que protegerán y conservarán en nombre del Estado, el Patrimonio Histórico Artístico y bibliográfico, creando la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico del país. Así que un buen día concretamente el 21 de julio, el director del Museo del Prado, don Javier Sánchez Cantón, entrega al conserje del museo una lista con las 250 obras que deben ser retiradas de las salas en caso de alarma. Con la retirada de las obras de las paredes, empezaba el desmantelamiento del Museo del Prado en un intento de ponerlas a salvo. El 30 de agosto el Museo del Prado cierra sus puertas al público. El equipo especial encargado de la protección de las obras estará dirigido por Francisco Javier Sánchez Cantón y Pedro Muguruza. Los cuadros más valiosos se descuelgan y se trasladan a la planta baja del edificio.
El 19 de septiembre el Gobierno nombra director del Museo del Prado a Pablo Ruiz Picasso, pero el pintor no llegará a tomar posesión del cargo, así que Sánchez Cantón continuará ejerciendo de director en funciones. A finales del mes de octubre solo quedan en los muros del Museo algunos cuadros de menor valor cuyo emplazamiento presenta cierta seguridad. Los objetos de las vitrinas, entre otros el Tesoro del Delfín, también son trasladados a una sala de la planta baja cuyas ventanas han sido resguardadas. Las esculturas son protegidas, unas con sacos terreros, otras rodeándolas con cojines llenos de serrín, y en algunos casos se bajan de sus pedestales. Al cabo de pocas semanas todo el contenido del segundo y tercer piso del edificio ha sido evacuado, a excepción de algunas estatuas, las mesas de piedras duras y la biblioteca. Los locales destinados a proteger los cuadros se encuentran todos en la planta baja: la rotonda, las salas de la escuela flamenca, las salas del legado Bosch, el vestíbulo de la rotonda y el pórtico de Murillo.
El 5 de noviembre Sánchez Cantón es informado de que el Gobierno ha decidido trasladar las principales obras de arte a Valencia. Esa misma tarde llega la orden ministerial con la lista de las obras escogidas, en total cuarenta y dos obras que deberán ser preparadas para una inminente evacuación . Treinta y siete cuadros son del Museo, otros cinco provienen de El Escorial, de la iglesia de San Ginés y del Monasterio de la Encarnación, que están alojados en el Museo como medida cautelar.

Del museo se preparan obras de Tiziano, de Tintoretto, de Velázquez, del Greco, de Goya… se hace a regañadientes, pues Sánchez Cantón ve mayor riesgo para la integridad de las obras el viaje que si se quedan en Madrid. El gobierno republicano quiere salvar las obras por motivos de seguridad, aunque no hay que negar de que también hay razones políticas para hacerlo, pues de esta manera mantendrá el control directo del tesoro artístico español. La evacuación se llevará a termino, pero de una manera precaria precisamente porque faltaba personal técnico, los materiales de acondicionamiento y los medios de transporte son escasos. A pesar de las dificultades serán trasladados más de dos mil cuadros, casi toda la colección de tapices reales y miles de libros, documentos y objetos histórico artísticos .
El 16 de noviembre sobre las siete de la tarde el Museo sufre un primer ataque aéreo de los bombarderos italianos y los de la legión Cóndor, nueve bombas incendiarias caen sobre los tejados del edificio, otras tres con gran potencia en los alrededores, lo que provocará que se rompan cristales en las ventanas, galerías y lucernarios  y alguna que otra escultura que se había quedado en el edificio por ser difícil su traslado.
La precaria salida de las primeras obras, fue mejorando en cada viaje. Se embalaron miles de piezas, se recubrieron con cartón impermeable y se empaquetaron a bordo de camiones que viajaban a 15 km por hora.

«Las Meninas, by Diego Velázquez, from Prado in Google Earth» de Diego Velázquez - The Prado in Google Earth: Home - 7th level of zoom, JPEG compression quality: Photoshop 8.. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Las_Meninas,_by_Diego_Vel%C3%A1zquez,_from_Prado_in_Google_Earth.jpg#/media/File:Las_Meninas,_by_Diego_Vel%C3%A1zquez,_from_Prado_in_Google_Earth.jpg
La noche del envío de Las Meninas y el Carlos V a caballo de Tiziano, nadie durmió pues ese viaje fue bastante arduo. En ese traslado se tentó a la suerte de manera bastante imprudente. Sólo el ángel de la guarda de la Infanta Margarita pudo impedir el desastre aquella noche del 9 de diciembre de 1936 en que sendos cuadros cruzaron sobre rodillos el puente del Jarama. En el caso de “Las Meninas” de Velázquez, que debido a su altura, no pudo pasar por debajo de un puente de hierro y gracias a esas personas anónimas fueron llevadas a rastras por los caminos para así conseguir salvarlas. Se confió ciegamente y de forma temeraria en el compromiso y el coraje del pueblo y de los milicianos, a quienes se había concienciado de la trascendencia de su misión. Gracias a su entrega las obras llegaron a salvo a Valencia. Antonio Machado en su día dijo: “En España lo mejor es el pueblo […] en los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”.



«Torres de Serrans» de Felivet - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Torres_de_Serrans.jpg#/media/File:Torres_de_Serrans.jpg
El 2 de enero de 1937 salió camino de Valencia el Retrato ecuestre de Felipe IV, pintado por Velázquez para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. El retrato viajó en un camión militar conducido y custodiado por milicianos, viajó acompañado por la Rendición de Breda (conocido también como Las Lanzas) del mismo pintor. Las obras permanecieron en los depósitos de las Torres de Serranos de Valencia, una autentica fortaleza, permanecieron allí hasta el mes de abril de 1938, cuando se decidió un nuevo traslado hacia Cataluña, concretamente al castillo de Figueres, cerca de la frontera con Francia. Allí les esperaba Manuel de Arpe, el restaurador que iba siguiendo a las obras del Prado. Al pobre restaurador se le acumulaba el trabajo, pues varios cuadros habían sufrido daños con el último traslado. El cajón con el Retrato de Felipe IV a caballo había recibido un golpe con la rama de un árbol, mientras que el de Las Lanzas había chocado contra un balcón. Un mes después, el 7 de mayo, otros dos cuadros sufrían un accidente bastante más grave en el mismo trayecto.
«Castell de Peralada 20» de Gordito1869 - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY 3.0 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Castell_de_Peralada_20.JPG#/media/File:Castell_de_Peralada_20.JPG
La Carga de los Mamelucos y los Fusilamientos del 3 de mayo, de Goya se rompieron tras chocar con otro balcón. Según los informes estos cuadros llegaron al castillo de Perelada liados en un cilindro, destrozados, hasta tal punto que uno de ellos estaba dividido en dieciocho pedazos. Para poder restaurarlos se trajeron los materiales necesario del extranjero, pues en España escaseaban.
Poco antes de que las tropas insurrectas cortaran el paso entre Levante y Cataluña con la ofensiva de Aragón, en marzo de 1938, el Gobierno republicano así como los intelectuales y el Tesoro Artístico deciden retirarse hacia Barcelona y traerse las obras hacia Cataluña. En siete expediciones viajaron los tapices de las colecciones reales, el Tesoro del Delfín, 361 pinturas del Prado, 52 obras de El Escorial, el Palacio Nacional, la Academia de San Fernando, junto con obras de colecciones privadas. Se depositaron provisionalmente en el Monasterio de Pedralbes una parte, y otra en una casa de Viladrau y en una villa de Sant Hilari. 


Castell de Sant Ferran. Figueres
A finales de abril, se decide trasladar al castillo de San Fernando de Figueras tapices, esculturas y otros objetos. Para mayo y junio trasladan al cercano castillo de Perelada las obras de más valor entre las que se encuentran las pinturas del Prado, las de El Escorial, las del Palacio de Liria y las de la Academia de San Fernando. En el Convento de las Carmelitas vecino se colocaron los tapices, libros y objetos de orfebrería. Pero aún es necesario encontrar un tercer depósito, y en el mes de agosto deciden que las minas de talco de La Vajol, es un buen lugar para ello. Aquí depositarán los objetos requisados por el Tesoro Público, junto con joyas, protegidas por el ministro de Hacienda, que vivirá allí también. El presidente de la República, Azaña, estuvo viviendo junto a los cuadros del Prado en el Castillo de Perelada. 
Pero todas las obras no se quedaron en España, estamos ya en 1939, la guerra está perdida y llega la hora del exilio para muchos españoles. El 3 y 4 de febrero de ese año comenzó de nuevo la operación para evacuar las obras del castillo.
Pero antes de poder hacer el último traslado el pintor Josep Maria Sert se va a Ginebra para entrevistarse con el secretario general de la Sociedad de Naciones con el fin de lograr su apoyo para evacuar el Tesoro Artistico Español. El secretario, Jacques Avenol, se compromete a solicitar al Gobierno republicano la autorización para sacar del país las obras en peligro, con la condición de que la petición sea respaldada por las principales entidades culturales europeas. A su vuelta, Sert, asesorado por Menéndes Pidal y Marañón, inicia las gestiones ante Academia de Bellas Artes de París  poco después la Sociedad de Amigos del Louvre y el Consejo de Museos Nacionales respalda la solicitud. Un mes más tarde los museos holandeses, belgas, suizos e ingleses se suman a la causa.
Las obras son trasladadas en tren, cuando el 13 de febrero llegas las obras a Ginebra, los operarios que abrieron las 572 cajas del tesoro respiraron aliviados, los 45 Velázquez, los 138 Goyas y los 43 Grecos seguían allí con el resto del tesoro. Durante los cuatro días que dura la evacuación se realizan setenta y un viajes. Dentro de dos mil cajas se trasladan los tapices de la colección real, 361 cuadros y 184 dibujos del Museo del Prado, 52 obras del Museo de Arte Moderno, 31 del Palacio Nacional, 16 de la Academia de San Fernando, 15 de El Escorial, 345 de colecciones privadas e iglesias madrileñas, otros tantos procedentes de Cuenca, de Aragón, de Segorbe. A todo esto hay que añadir el Tesoro del Delfín, el de los Quimbayas y el tesoro de la catedral de Cuenca.


«La familia de Carlos IV» de Francisco de Goya - Museo del Prado. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:La_familia_de_Carlos_IV.jpg#/media/File:La_familia_de_Carlos_IV.jpg
Parece mentira que sólo tres de todos los cuadros sufrieran desperfectos durante esta última evacuación: La familia de Carlos IV, de Goya, que en el momento de ser descolgado se cayó sobre la cabeza de un funcionario del Museo del Prado provocando una giba en la parte superior izquierda. Otro fue La lucha con los mamelucos y el tercero Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío” también de Goya, que se desgarraron en un extremo al chocar la caja en la que eran trasladados con un balcón en Benicarló
Durante los cuatro días que dura la evacuación se realizan setenta y un viajes. Dentro de dos mil cajas se trasladan los tapices de la colección real, trescientos sesenta y un cuadros y ciento ochenta y cuatro dibujos del Museo del Prado, cincuenta y dos obras del Museo de Arte Moderno, treinta y una del Palacio Nacional, dieciséis de la Academia de San Fernando, quince de El Escorial, trescientos cuarenta y cinco de colecciones privadas e iglesias madrileñas, once de pueblos de la región centro, once de Cuenca, treinta y siete tablas procedentes de Aragón y diecisiete de Segorbe; además del Tesoro del Delfín, el de los Quimbayas y el de la catedral de Cuenca.
«El Tres de Mayo, by Francisco de Goya, from Prado thin black margin» de El_Tres_de_Mayo,_by_Francisco_de_Goya,_from_Prado_in_Google_Earth.jpg: Francisco de Goyaderivative work: Papa Lima Whiskey 2 - Este archivo se derivó de: El Tres de Mayo, by Francisco de Goya, from Prado in Google Earth.jpg:. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:El_Tres_de_Mayo,_by_Francisco_de_Goya,_from_Prado_thin_black_margin.jpg#/media/File:El_Tres_de_Mayo,_by_Francisco_de_Goya,_from_Prado_thin_black_margin.jpg
Sólo tres de los cuadros habían sufrido desperfectos durante la evacuación: La familia de Carlos IV, de Goya, que en el momento de ser descolgado se cayó sobre la cabeza de un funcionario del Museo del Prado provocando una giba en la parte superior izquierda, y La lucha con los mamelucos y Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, también de Goya, que se desgarraron en un extremo al chocar la caja en que eran trasladadas con un balcón en Benicarló.
Tras una breve exposición en la sede de la Sociedad de Naciones las pinturas fueron devueltas a Madrid en septiembre de 1939. Timoteo Pérez Rubio, presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico intentó, sin éxito, hacer entrega de los inventarios elaborados durante la evacuación de las obras al nuevo gobierno militar, presidido por el general Franco, quien, se negó a pagar a la Sociedad de Naciones los gastos de repatriación (tal y como se había acordado con el gobierno derrocado) de dichos gastos se hicieron cargo Cambó, el duque de Alba y Romanones. El nuevo gobierno ordena a Sánchez Cantón que se haga cargo del Museo pero esta vez como subdirector. Se crea el Servicio de Recuperación del Patrimonio Artístico, que localiza en un polvorín de Cartagena varias cajas con cuadros del Museo del Prado, en Alcoy y en Valencia también se encuentras importantes depósitos.

Estación del Norte. Regreso a Madrid de las obras del Museo del Prado. 9 de septiembre de 1939. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Colección Fotográfica Martín Santos Yubero. Madrid.
El regreso de las obras desde Ginebra también tuvo su historia, pues Europa se encuentra bajo la amenaza de una nueva guerra mundial, las obras salen en tren la noche del 6 de septiembre de 1939, en sus bodegas estas las obras del Museo del Prado, cuando llega a Francia recorre todo el país con las luces apagadas, para evitar los bombardeos alemanes. En octubre las obras se encuentran ya en Madrid, tras un periplo de casi tres años. En esta aventura el único que estuvo con las obras de arte desde el mismo momento en que salieron de Madrid, fue el empleado del Museo del Prado, Timoteo Pérez Rubio. Desde Noviembre de 1936 hasta que volvieron el 9 de septiembre de 1939, cuando atravesaron de nuevo las puertas del museo para presidir aquellas paredes. Hay que resaltar que todas esas obras tuvieron unos ángeles humanos que las protegieron y se puede decir que otros ángeles también lo hacían, pues hay casos en que se podrían haber perdido cuadros importantísimos y gracias a la providencia, el destino, la suerte o cómo lo queráis llamar no sufrieron grandes daños.
Debemos dar las gracias a todos aquellos que participaron en la odisea de salvaguardar todas esas obras de arte, pero la verdad es que una vez que los cuadros volvieron a su lugar de origen el reconocimiento que deberían haber tenido no fue tal. Los nombres de todos los participantes acabaron olvidados y enterrados en la ignominia. La propaganda franquista les acusó de destruir o vender las obras, además fueron represalias en su mayoría. Pero hay que reconocerles que a pesar de las dificultades y los errores, fue un logro prodigioso. Suerte que al llegar la democracia pudo rehabilitarse la memoria de aquellos hombres y mujeres. Pero no fue hasta el año 2005 cuando se celebró la exposición Arte Protegido cuando conocimos tal epopeya.

Si queréis saber más el historiador Arturo Colodaro Castellary (Huelva, 1950) reconstruye el relato de lo sucedido en “Éxodo y exilio del arte. La odisea del Museo del Prado durante la Guerra Civil” (Cátedra). También hay un documental “Salvemos el Prado”, realizado por Alfonso Arteseros, con declaraciones de testigos y protagonistas de la aventura. Para los que queráis verlo en película está “La hora de los valientes”, con Gabino Diego y Leonor Watling como protagonistas.
Para ver el documental Las cajas Españolas en este link de Youtube. Merece mucho la pena, y se verá el contexto histórico de lo sucedido.