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miércoles, 7 de octubre de 2015

De cómo Nerón aprovechó un incendio para construirse una casita de recreo: La Domus Aurea



En un post anterior ya hablamos de Nerón y de su inculpación en el incendio que asoló Roma y del que no tuvo la culpa, a pesar de que muchos así lo creían. Hoy hablaremos de la Domus Aurea, que formaba parte de un mítico proyecto del emperador, y que había ideado para transformar la ciudad y convertirla en una nueva, a la que llamaría “Nerópolis” siguiendo el modelo de Alejandría. Es decir una ciudad de plano octogonal, con calles anchas y rectas, con enormes plazas, haciendo una ciudad mucho más habitable de lo que era Roma en ese momento. Pero eso era el aderezo principal a la que se suponía que tenía que ser su casa, un palacio descomunal que fuera lo suficientemente adecuado para el gobernante de un gran imperio.
Aprovechando el espacio libre que quedó, tras el incendio, y que ocupaban dos tercios de la ciudad, el emperador decidió que era un buen momento para dedicarse a construir su “casita”. La construcción fue y ha sido considerada como la empresa más extravagante de toda la historia de Roma, se construyó en muy poco tiempo, y lo que le dio el nombre fue una gran cúpula dorada que la decoraba. Pero no sólo había oro en la cúpula, sino en todas las partes de la casa, además los techos estaban estucados con piedras semi-preciosas y rematados en marfil, mosaicos, piscinas y fuentes por doquier, incluso un lago artificial. Las paredes estaban decoradas por frescos que trataban diferentes temas según el tipo de estancias, algunos suelos tenían piscinas y fuentes en las que repicaba el agua y se oía por todos los pasillos. Nerón estaba interesado en cada detalle, por pequeño que fuera, y supervisaba en todo momento a los dos arquitectos principales del complejo, Severo y Céler.


La Domus Aurea tenía un lujo que nunca se había visto hasta entonces, y ocupaba unas 50 hectáreas entre las colinas del Palatino y del Esquilino, su área era 25 veces la del coliseo, y albergaba 300 habitaciones.
Pero no sólo era inmensa la casa, sino que estaba rodeada de viñedos, bosques, campos de maíz y un lago artificial que estaría en el lugar que actualmente ocupa el Coliseo. Pero no penséis que era una casa para vivir a diario, pues no se ha encontrado una sola cocina o letrina en todo el complejo, y de las 300 habitaciones ninguna servía como dormitorio; de momento, se cree que la villa estaba dedicada exclusivamente a fiestas y eventos. Sus arquitectos eran Severus y Céler, unos genios de la época que utilizaron unas técnicas muy innovadoras.
Nada más entrar los invitados se maravillaban con una cascada de agua, que parecía que se les venía encima, pero que en el último momento desaparecía a través de un canal que estaba a sus pies. El maravilloso palacio contaba con espléndidos vestíbulos y columnas, varias bibliotecas y numerosas piscinas y baños, cuyas piletas eran de plata algunas con agua de mar, y otras con aguas minerales.
En el comedor principal había una enorme cúpula que giraba día y noche entorno a su eje mediante la fuerza del agua, o de los esclavos, los techos de los otros comedores estaban formados por planchas de marfil y oro, que se movían accionados por esclavos mientras se desarrollaba el banquete, los esclavos solían abrirlos para lanzar pétalos de flores y perfumes variados entre los invitados, una vez se pasaron lanzando pétalos, y se dice que un pobre invitado acabó asfixiado bajo tanto pétalo.
IMG_20150913_202253396.jpgEn las paredes que no estaban cubiertas por oro o piedras preciosas lo estaban por frescos. La mayoría de estos frescos son de Fabulus y de su estudio, pues la técnica del fresco demanda un trazo seguro y hacerlo con rapidez, Fabulus y su equipo acudían a la Domus tan sólo unas pocas horas cada día, mientras había suficiente luz natural para realizar el trabajo.
El acceso al palacio se planificó a través de la vía Sacra, la arteria más importante y ceremonial de toda Roma, y que procedía del cercano foro republicano, la calle, estaba ligeramente empinada por lo que se creaba un efecto de perspectiva ascendente hacia palacio, además a Nerón no se le ocurrió otra cosa que mandar construir una colosal estatua al escultor griego Zenodorus, nada, un muñequito de 35 metros de alto, se supone que era la imagen del dios Helios, aunque Plinio el Viejo y otros muchos estaban seguros que la estatua representaba al mismísimo Nerón. La estatua quería imitar al Coloso de Rodas y a la vez exaltar al emperador que se había convertido en un monarca absoluto y tenía ínfulas de divinidad. Es una paradoja, que dicha estatua fuera la que sobreviviera más tiempo de todo el complejo, ya que en el siglo IV aún existía aunque en otro emplazamiento, y la cara le iba cambiando según el emperador que gobernase. Esta estatua fue la que finalmente hizo que se conociera el anfiteatro Flavio como Colosseo, cuando el emperador Trajano la colocó al lado del anfiteatro. La estatua acabó destruida tras una incursión bárbara en el siglo IV.
Una vez acabado el palacio, y siempre según el biógrafo de Nerón, Suetonio, el emperador exclamó radiante cuando se trasladó a su nueva casa: “¡Por fin podré vivir como un ser humano! lo malo es que tan sólo pudo disfrutarla unos cuatro años, pues acabó suicidándose.
A finales del siglo XV,  por una de las estribaciones de la colina Esquilina, un paseante cayó por una grieta en el monte Oppio, se creyó que había ido a parar a una parte más baja de las ruinas de las termas de Trajano que están en la superficie. El muchacho descubrió unas “grutas” fascinantes, llenas de pinturas y muy coloridas que despertaron el interés y la pasión de los artistas renacentistas como Rafael, Miguel Ángel y Pinturicchio entre otros. Las decoraciones murales descubiertas dieron paso a lo que sería conocido como “grotesco” (la palabra venía de grotta: gruta y hacía alusión a las ruinas subterráneas de la Domus Áurea). Este movimiento se hizo muy habitual durante el Renacimiento, pues artistas como Rafael o Giovanni de Udine lo aplicaron en construcciones como la Loggia de la Stufetta del Cardinal Bibbiena en el Vaticano, o en Villa Madama. En los siglos posteriores al descubrimiento, las incursiones y visitas a las “grutas” fueron numerosas, incluso personajes famosos decidieron visitarlas, como fue el caso del marqués de Sade o Casanova, que no dudaron en dejar algún que otro grafitti con sus nombres, vamos como los que se suelen dejar en las puertas de los baños…
Visitando la Domus Aurea
Sin embargo, no sería hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los amantes del neoclasicismo empezarían a investigar sobre estos restos, atribuyendo dichos restos a la Domus Áurea de Nerón. Pero no sería hasta el siglo XX cuando se empezaron a hacer excavaciones más rigurosas. Entre 1912 y 1914 aparecieron nuevas salas del patio pentagonal, y más tarde una vez transcurridas las dos Guerras Mundiales se ha continuado con las excavaciones en la zona oriental.
Lo que hasta el momento se ha excavado nos ha dado a conocer un frente de 250 metros de largo por 60 de profundo, pero se calcula que el edificio aún se extiende en fachada otros 150 metros más, llegando a completar los 400.
Resulta que sólo se conserva la planta baja, que debió considerarse idónea para cimentar las Termas de Trajano, construidas justo encima, y que facilitó su salvación. El piso superior fue destruido, y lo que serían las termas de Tito, se cree que pudieran ser la zona de baño de palacio. Se llaman así porque se acabaron en época de este emperador.
Frescos en la Domus Aurea
Pero ¿cómo es que la Domus Áurea se encontraba bajo tierra? Pues la respuesta la tenemos tras la muerte de Nerón su querida Domus Áurea, se convirtió en una molesta extravagancia para los siguientes emperadores, así que fue desmantelada de mármoles y de todo lo que tenía valioso, como piedras preciosas, oro y marfil en un tiempo récord. El emperador Trajano aprovechó las circunstancias,  y a principios del siglo II d.C., quiso crear un espacio en el centro de Roma y allí levantar la basílica Ulpia junto con el mayor de los foros imperiales. Para ello eliminó un monte entero y usó sus tierras para enterrar el pabellón septentrional de la Domus Áurea, y que había sido devastado por un incendio. Vespasiano construyó el Anfiteatro Flavio (el Coliseum) sobre lo que antes había sido el lago artificial; los Baños de Trajano y el Templo de Venus en incluso Roma fueron construidos sobre el nuevo terreno. En cuarenta años la Domus Áurea había pasado al olvido, desaparecida completamente de la superficie, lo que paradójicamente hizo que sobreviviera al paso del tiempo, principalmente los frescos, que habían estado aislados de la humedad, en unas idóneas condiciones para su conservación.


Domus_fresco.jpg
Cuando la Domus Áurea se descubrió, no sólo entraron los artistas y curiosos para conocerla, sino que también lo hizo la humedad, y con ello comenzó su lenta e inexorable decadencia. Tras más de 20 años de restauración en 1999 se reabrió con gran pompa y boato, pero seis años más tarde tuvo que cerrarse de nuevo debido a que las lluvias torrenciales de 2006 causaron muchísimo daño en su estructura, hubo desprendimientos y problemas de seguridad en general. En febrero de 2007 se reabrió de nuevo al público pero restringiendo las visitas y obligándoles a llevar casco mientras se estuviera en su interior. De las 150 salas hasta el momento descubiertas, sólo se pueden visitar algunas pocas, y el salón octogonal no está incluido en ellas. Se pueden observar en algunas salas y galerías, el grave deterioro de la humedad y las filtraciones de agua. Lo peor de todo es que en invierno la humedad alcanza entre el 80 y 99% y afecta en gran medida a los muros y las obras de arte que encierra. En marzo de 2008 se volvió a cerrar debido a que la crisis afectó a los presupuestos de restauración, y volvieron los problemas de seguridad. Actualmente se hacen algunas visitas contadas, para pequeños grupos.
Además sobre el monumento se construyó el jardín del Colle Oppio, con árboles de gran tamaño cuyas raíces han afectado el interior del palacio y dañado sus frescos. Ahora se quiere transformar dicho jardín en uno sostenible, para aligerar la carga sobre la Domus Aurea, para ello se colocarán plantas y pequeños arbustos que tengan raíces poco profundas, que esconderán un complejo sistema tecnológico de sondas y sensores que monitorearán constantemente el estado de salud del palacio de Nerón, y al mismo tiempo se drenara el agua de lluvia, el proyecto tiene un coste de 20 millones de euros y se preve que se acabe en 2019.
Y como siempre, si queréis más información en los siguientes enlaces:

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El nuevo “jardín sostenible” que cubre la Domus Aurea. Foto:Corriere della Sera