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miércoles, 13 de abril de 2016

El Sestiere de San Polo en Venecia: del puente de Rialto al Ponte de le Tette, cortesanas, farolillos rojos y cuadros de Tintoretto.


El recorrido de hoy por Venecia es mucho mejor realizarlo en domingo o en lunes, que son los días en que el mercado de pescado de Rialto está cerrado. Estaremos más cómodos para el paseo, para visitar el mercado cualquier otro día nos mostrará todo su esplendor.
La salida será desde el mismo Puente de Rialto, desde lo más alto podemos admirar el Canal Grande, en el lado izquierdo se encuentra la Riva del Carbón, y a la derecha la Riva del Vin.

By © Jorge Royan / http://www.royan.com.ar, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15530719

La Riva del Vin va  desde el Puente de Rialto hasta la Iglesia de San Silvestre, en el lado del sestiere de San Polo. Es uno de los pocos tramos del Gran Canal por el que se puede hacer recorridos peatonales. El nombre le viene del hecho de que en este lugar comenzaron a arribar y a amarrar barcos cargados de vino. Algunas crónicas venecianas confirman de que ya a principios del siglo XIV la ribera se usaba para el transporte y comercio del vino, Sobre esta ribera existió un edificio, era la sede del “Uffizio del Dazio del Vin” (oficina del arancel del vino). Dicho edificio desapareció en 1842. 

Hacia la Riva del Vin nos dirigiremos, mientras cruzamos el puente os recordaré que para construirlo fueron necesarios tres años, desde 1588 a 1591, y que los cimientos se encuentran formados por una 10.000 estacas, otra curiosidad es que para sufragar los más de 250.000 ducados que costaba la obra, se instituyó una lotería. Pero antes del puente que podemos ver existía uno anterior, era un puente de barcas que construyó en 1181, Nicolò Barattieri, y al que bautizaron como el Puente de la Moneda (Ponte della Moneta).
Pero con la creciente importancia que iba adquiriendo el mercado de Rialto, el tráfico sobre el puente flotante iba creciendo, así que hacia el 1250 fue necesario sustituirlo por un puente de madera, al que bautizaron como el Ponte de Rialto.

En el siglo XIV dicho puente de madera se quemó y para evitar que sucediera de nuevo, se decidió que se construiría en piedra, ya estábamos en el siglo XV cuando se construyó  con dos filas de comercios a lo largo de los lados del puente. El puente se derrumbó en dos ocasiones, así que en 1551 las autoridades convocaron un concurso para reconstruirlo, al proyecto se presentaron los mejores arquitectos: Sansovino, Palladio, Scamozzi, Vignola, incluso Miguel Ángel… al final en 1588 el encargo fue llevado a cabo por Antonio da Ponte, un ingeniero hidráulico, que realizó el proyecto en tan sólo tres años, aunque el coste del mismo fue superior a los 250.000 ducados. Al final tiene una única arcada, está cubierto por un elegante pórtico y se encuentra dividido en tres rampas por dos filas de comercios que se unen en el centro por las arcadas.


Dejando el puente a nuestras espaldas, nos encontramos en la Isolda di Rivo Alto, el corazón económico de la antigua Serenísima, el Mercado de Rialto. En aquella época se daban cita los mercaderes de todos los países, aquí intercambiaban sus mercancías, desde los paños de Flandes, a los chales bordados, las cortinas de seda, las maravillosas telas que vestirían a las mujeres más bellas de Europa...también se intercambiaban todo tipo de perfumes y bálsamos traídos de oriente, el sándalo, el incienso, el almizcle, el clavo de olor, la pimienta (considerada el oro negro de la Edad Media, pues se usaba como moneda de cambio para la nuez moscada...) la canela, el alcanfor, el azafrán, el opio de El Cairo, el láudano, los colorantes para los tejidos... en este mercado de Rialto se podía encontrar de todo.

Bajo los pórticos estaban los joyeros y los lapidarios que comerciaban con turquesas de Persia, esmeraldas de la India, cristales de roca, lapislázuli afgano, rubíes, zafiros, topacios, diamantes...
A todas estas maravillas de mercancías había que añadirles las verduras, los pescados, las frutas... pasearse por esta zona en su mejor época debía ser una verdadera fiesta para los sentidos.

En Rialto se trataba de todo, se importaban y exportaban todo tipo de mercancías valiosas, aquí se encontraban los mercaderes de medio mundo, venecianos, lombardos y florentinos hacían negocios con alemanes, árabes y persas. Se vendía y se compraba tanto al por mayor como al detalle, se cambiaba moneda y se intermediaban en los negocios. El gobierno cobraba aranceles sobre todo los que se comerciaba. A los pies del puente, en la plazuela delante de la iglesia de San Giacomo de Rialto, se trataban los grandes negocios, mientras hacia la orilla se encontraba el mercado popular para las compras del día de los venecianos. En esta plazuela se encontraba también un banco de depósitos, el “Banco Giro”, era una especie de banco además de un círculo de los comerciantes más ricos. En la fachada de la iglesia de San Giacomo se lee una antigua inscripción en piedra que reza así: !Alrededor de este templo sea ecuánime la ley del mercader, justos los pesos y leales los contratos”

By Didier Descouens - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10304224


San Giacomo es una de las iglesias más antiguas de Venecia, se trata de una construcción iniciada en los primeros asentamientos, allá por el siglo V. Aunque el edificio actual se remonta al siglo XI o XII,  y que sufrió varias reestructuraciones y reformas que no consiguieron alterar su aspecto original. En la fachada hay un gran reloj (1410) colocado sobre el pórtico gótico que, siglos atrás, era muy común en todas las iglesias, y que parece ser que nunca ha funcionado muy bien.
De frente a la iglesia surge la columna del bando, sostenida por el Jorobado de Rialto, dónde la Señoría Veneciana hacía leer bandos, las proclamas oficiales y condenaba a los culpables. Entre los puestos de verduras del mercado de frutas de Rialto, se ve una columna baja de pórfido, traída a Venecia desde la ciudad de Acre en 1291. La escalera se utilizaba para acceder a la columna desde donde el Comendador proclamaba las leyes o anunciaba las salidas de las Galeras hacia Oriente Medio. Dicha escalera se encuentra sostenida por una estatua que está curvada, postura poco corriente, a la que bautizaron como Il Gobbo di Rialto, es una estatua del siglo XVI de un hombre arrodillado, es obra de Pietro da Salò, en 1541.
Estamos en el Campo San Giacometo, donde los marineros y capitanes de los barcos se reunían para embarcar.

De Sailko - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38959266Durante la Edad Media, los ladrones eran condenados a correr desnudos desde San Marco hasta Rialto, entre dos hileras de gente que les iban propinando latigazos. La columna del Jorobado era la meta, y llegar a ella suponía acabar con el tormento, hasta el punto de que, cuando los delincuentes llagaban a ella, abrazaban y besaban la estatua. A mediados del siglo XVI se solían colgar de la columna unas poesías satíricas y libelos contra la degeneración de las costumbres del clero y del estado.

Para preservar y evitar que la estatua fuera demasiado idolatrada por los convictos, años después el punto de llegada se situó en el primer pilar de la izquierda del Bancogiro Sottoportego, el pilar es fácilmente reconocible porque se puede ver aún un león y una cruz.

La curiosidad de este “campo” es que tiene un porche en todo su perímetro, se lo conoce como el Sottoportego de Bancogiro, se creó para que los diversos talleres, almacenes y oficinas de la zona se conectaran. Bajo este sotoportego se desarrolló el sistema de giro, es decir la transferencia de créditos de una cuenta a otra bajo la supervisión de un banquero.   

A espaldas del Jorobado se encuentra la Calle della Securtá, donde se encontraban ya desde el siglo XIV las sedes de las compañías de seguros marítimas. En el lado izquierdo de este campo se encuentra el soportal de Rialto o Ruga dei Oresi (joyeros) que nos lleva de nuevo hacia el puente de Rialto.

Antes de continuar con la visita podemos hacer una parada en el Caffè Vergnano 1882 una cafetería, pasticceria y salón de té donde degustar un maravilloso café ya se viendo alguna exposición, o disfrutando de la terraza con vistas al Canal Grande.  

Siguiendo el canal llegaremos hasta el Campo della Pescaria, donde se encuentra el mercado del pescado, detrás del mercado se encuentra el restaurante A le Poste Vecie, se encuentra en el mismo lugar donde el servicio postal de la Serenísima tenía sus instalaciones, se trata de un edificio histórico donde comer los típicos platos venecianos. Para llegar hasta él se tiene que cruzar un puente privado de madera, está decorado con frescos y tiene un jardín interior muy romántico. Desde aquí nos dirigiremos hacia el Campo San Cassiano, lugar en el que se levantó el primer teatro de ópera público en el mundo, pues en aquella época allá por el siglo XVII todos los teatros de Venecia eran privados, pues pertenecían a las familias aristócratas. Hasta que la familia veneciana Tron junto a un empresario veneciano, decidió que había un nicho de mercado para poder hacer negocio con la ópera y un teatro al que pudiera acceder cualquiera que pagase una entrada. En este teatro se estrenó L'Andromeda de Manelli que se encargó de la música mientras que Ferrari hizo el libreto.              

By Didier Descouens - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20082067En este campo también se encuentra la iglesia que le da el nombre, la Iglesia de San Cassiano. Es la iglesia más antigua de la ciudad, se encuentra en el mismo lugar desde el año 726 y está dedicada a San Cassiano de Imola, aunque en un primer momento la titular era Santa Cecilia, patrona de la música y de los músicos. En 1376 fue consagrada y se remodeló en el siglo XVII. Cuando la ves por fuera, dirías que puede ser cualquier cosa menos un recinto religioso, pero es cuando entras en su interior cuando puedes apreciar toda su belleza, y más en la capilla de San Cassiano, donde tendremos el placer de contemplar tres cuadros de Tintoretto (La crucifixión de Cristo, La resurrección y el Descenso al Limbo) además de disfrutar un interior barroco en colores pasteles claros que le otorgan mucha luminosidad en su interior, y que contrasta con la sobriedad de su exterior.

Perderse en Venecia es muy fácil, y aunque lleves un mapa seguro que te vas a perder, así que lo mejor es pasear e ir descubriendo lo que te encuentras a tu paso, así que te puedo indicar más o menos por donde ir, pero luego depende del sentido de la orientación que uno tenga que llegarás al lugar. Y llegarás, más tarde o temprano, pero llegarás.

Otro lugar interesante del Sestiere de San Polo se trata del Ponte de le Tette. Para llegar hasta él desde San Cassiano, tomaremos la Calle dei Boteri hasta Rio Terà de le Carampane donde nos iremos hacia mano derecha. Estamos en la zona donde se reunían las prostitutas que rehusaban encerrarse en las casas del llamado Castelletto (un grupo de casa del barrio de San Matteo), donde la Serenísima, en 1360, había tratado de concentrarlas imponiéndoles una serie de normas. Pero ellas con el tiempo se fueron redistribuyendo por la ciudad.

Con el objetivo de hacer frente a la sodomía, que había llegado de Oriente, la Serenísima se vio obligada a fomentar la presencia de meretrices, así que ordenaron que de noche se mostraran desnudas de cintura para arriba y se situaran en las puertas y ventanas, para que fueran vistas, se iluminaban con faroles y así animar el ardor viril de los venecianos que iba declinando hacia su mismo sexo. Por aquellos años, cada semana se reunía el consejo veneciano para decidir el futuro de los que eran considerados culpables de sodomía, pues era muy castigada, ya que se imponía a la víctima la pena capital por ahorcamiento entre las columnas de la plaza de San Marco, y por si no fuera suficiente, sus restos eran quemados hasta que sólo quedaban las cenizas.

Si atravesamos el puente, a nuestra izquierda se ve una pasarela aérea que unía el palazzo Albrizzi con el teatro, que en otros tiempos, se levantaba al otro lado del canal y a la derecha se encuentra la Fondamenta de la Stua (la estufa). Los Stua eran los baños públicos donde la gente iba a lavarse, a curarse los callos y a hacerse aplicar los ungüentos de moda para combatir las enfermedades. Muchos de estos lugares se ganaban pronto la categoría de prostíbulos. Podemos decir que nos estamos moviendo por el atuténtico "barrio de luces rojas" de la ciudad, el barrio de las vecia carampana, cuyo significado quiere decir vieja arpía o vieja puta. El gobierno de la Serenísima había instituido el uso de "faroles rojos" en la zona de Rialto, para indicar que era el barrio de la prostitución.


En Venecia había varios tipos de prostitución, como en muchas otras ciudades, en los palacios se encontraban las cortesanas, a las que consideraban como "geishas" y que podían escoger con quién estar, y las pobres que tenían que ir mostrando sus encantos desde los balcones. La República Veneciana regulaba con mano de hierro la conducta de las cortesanas, sólo podían ir a los restaurante o pasearse por la ciudad los sábados, sino recibían azotes y latigazos además de tener que pagar varias multas. Las "cortesanas" solían ser jóvenes y hermosas, tenían un nivel de educación bastante alto en comparación con otras mujeres de su época, incluso algunas ganaban tanto dinero como un capitán de barco. Las que querían dejar la profesión se dedicaban a ahorrar para poder tener suficiente dinero para su dote y así poder casarse. Una de las cortesanas más famosas de la ciudad fue Veronica Franco, provenía de una familia burguesa y llegó a triunfar como escritora. Su obra más conocida se trata de "Poeme in Terze Rima", aunque también publicó "Il catalogo di tutte le piu principale et honorate cortigiane di Venecia", en el que constaban los nombres y direcciones, así como el precio de las cortesanas más destacadas de Venecia. Era tan importante que en 1574, en su salón acudió un huésped que pronto se coronaría rey de Francia, se trataba de Enrique de Valois, hijo de Catalina de Médici.    

A Veronica Franco la podríamos considerar una "cortigiane oneste" este nombre correspondería a las cortesanas intelectuales. Veronica era bien educada y sofisticada, inteligente, con ingenio y personalidad, se desmarcaba de las mujeres corrientes gracias a que su madre también se dedicó a ser una "cortesana honesta". Era una prostituta, porque el sexo estaba dentro de sus obligaciones, pero a diferencia de la prostituta corriente, el sexo para ella sólo era una faceta más de los servicios que ofrecía una cortesana. Por ejemplo se esperaban de ellas que fuesen bien vestidas y estuviesen lo suficientemente preparadas para tratar una variedad de temas de conversación ya fuera arte, música o política. En algunos casos provenían de familias acomodadas y eran casadas con maridos de clase social inferior a sus "clientes", de esta manera sus relaciones de trabajo podían mejorar el estatus de sus esposos, así que el marido solía saber cual era la profesión de su esposa y lo llevaba bastante dignamente.
Luego estaban las "cortigiana di lume",  una clase inferior de cortesanas menos intelectuales solían ser las que se alumbraban con las luces de las candelas, para anunciarse ante sus clientes.