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domingo, 14 de febrero de 2016

Los Cafes de París, del Procope a los cafés del Palais Royal...




Desde el siglo XVII hasta nuestros días, la moda del café literario ha estado viva en París, y mediante este post conoceremos algunos de ellos, no todos, pues en la época dorada de los cafés parisinos había más de un centenar.


Según Georges Courteline el mundo se podía clasificar en dos: El mundo se divide en dos clases, los que van al café y los que no lo frecuentan nunca. Son dos mentalidades completamente distintas y contrapuestas, y los que van al café son infinitamente superiores” hay que tener en cuenta la época en que hizo esta afirmación además de que era un escritor que tenía una fuerte vena satírica, a menudo irreverente hacia la hipócrita sociedad burguesa del París de la época, burguesía a la que pertenecía y conocía tan bien. Otra de sus célebres frases fue “Se cambia más fácilmente de religión que de café”.


Ya hemos dicho que el primer café data del siglo XVII, concretamente fue en 1672 cuando el armenio Pascal instaló en la Feria de Saint Germain el primer despacho de café. Pronto su compatriota Maliban, en 1675 decidió abrir un establecimiento que servía café en el número 28 de la rue Buci, este es el primer establecimiento que se conoce de un local de café ya que el de la feria de Saint Germain era una pintoresca barraca.
"Café Procope 2" by sergemelki - Flickr. Licensed under CC BY 2.0 via Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Caf%C3%A9_Procope_2.jpg#/media/File:Caf%C3%A9_Procope_2.jpg

Maliban abre su café pero será un fracaso, en cambio su primo Grégoire que se establece en la Rue Mazarine, al lado de la Comédie Française, triunfa. Otro que café que triunfará será el que regente la viuda Fournier, en la Rue Saint-Antoine. Pero es en el Procope donde se revolucionará el mundo del café. Francisco Procopio era de Palermo, donde nació en 1650, con veintidós años llega a París y es contratado por Pascal para que atienda el kiosco de café de la feria, pues el dueño tiene intención de abrir un nuevo establecimiento en el Quai de l’École.


En 1675, Procopio se nos casa y gracias a la dote de su esposa en 1686 abrirá su propio negocio en la Rue des Fossés Saint-Germain, en las afuera de las murallas de la ciudad pero al lado de un teatro. Es entonces cuando decide afrancesar su apellido, a partir de ese momento se le conocerá como Procope. Como las tabernas y cabarets son unas salas oscuras, llenas de humo, con mobiliario más bien escaso y con unos dueños dudosos; decide que su establecimiento será especial, lo decora lujosamente, lo llena de espejos, coloca mesas de mármol en lugar de madera, los asientos son cómodos y abundantes para que la gente se quiera quedar…
Decide que venderá café, licores también y fruta confitadas. El éxito es inmediato, sus primeros clientes son los comediantes del rey que se establecerán en frente de su café, es el año 1689 cuando se inaugura la nueva sala de la compañía de actores de Molière.


Pero no solo acudirán actores, sino que también serán asiduos los escritores, los nobles burgueses… y un público que antes no había pisado nunca un establecimiento parecido, las mujeres de buena sociedad, que ni por asomo se habían acercado a ningún cabaret. Ellas serán las que se pasarán horas y horas degustando el café o los refrescos que sirve.
Cuando Procope ya ha hecho suficiente fortuna, decide cederle el negocio a su hijo, Procope Couteau, que era médico, autor dramático y cafetero.


Según parece y es una herejía negarlo para los parisinos, la Enciclopedia nació en el Procope, de una larga conversación entre Diderot y d’Alembert. El gran Beaumarchais, se pasó la noche del 27 de abril de 1784 bebiendo mientras esperaba a que acabase la representación de “las Bodas de Fígaro”, fue un éxito total, pero le valió tres meses de prisión. Voltaire tenía una mesa especial donde pasaba las horas charlando con Benjamin Franklin, tal vez por ello muchos estadounidenses visitan el Procope como lugar de peregrinación ya que consideran que su constitución bien podría haberse gestado en este lugar.
En el momento revolucionario fueron al Procope todas las grandes figuras que participaron en la Revolución Francesa, pues la mayoría eran vecinos del barrio, Danton, Marat, Camille Desmoulins, Robespierre, Fabre d'Eglantine… De aquí salieron las consignas para atacar la Tullerías el 20 de junio y el 10 de agosto de 1892.


También lo visitaron años más tarde los románticos, con Víctor Hugo a la cabeza, que se defendió de las duras críticas que recibió con su obra Hernani, acompañado de Théophile Gautier, George Sand, Alexandre Dumas…
Si queréis visitarlo tenéis dos accesos, el principal se encuentra en el número 13 de la rue de l’Ancienne Comédie, a unos pasos de Odéon y de la Iglesia de Saint-Germain-des-Prés, aunque también se puede entrar los una calle peatonal del pasaje Saint-André. En este pasaje, lleno de cafés y tiendas, encontraréis restos de los que se considera el muro más viejo de París, se trata de la muralla de Felipe Augusto, erigida a principios del siglo XIII, lo encontrareis sobre el nº 4, cuidado con el adoquinado del suelo, pues es original y los zapatos de tacón lo hacen bastante peligroso. Este es un pasaje bellísimo por el que me encanta perderme, como curiosidad os diré que en el nº 9 estuvo viviendo de alquiler el doctor Guillotin, el inventor de tan macabro "utensilio" y que creó el terror durante bastante tiempo. 

Pero éste no era el único café de París, pues tras la Revolución Francesa y hasta finales del siglo XIX los cafés aparecieron por doquier en todo su esplendor.


El primer café literario parece ser que fue el Parnasse, que abrió cerca del Pont Neuf, en el lugar que actualmente se encuentra los almacenes La Samaritaine. Este café estaba regentado por Jerôme François Charpentier. Aquí solía acudir un joven letrado que quedó prendado de la hija del dueño. Este joven era nada más y nada menos que Georges-Jacques Danton, aún no era conocido como revolucionario, se limitaba a ejercer como leguleyo. Después de un breve noviazgo con Antoinette Gabrielle Charpentier, el 14 de junio de 1878  se casa con ella en la Iglesia de Saint-Germain-l’Auxerrois, la muchacha aporta al matrimonio una dote de 20.000 libras que junto a algún que otro préstamo de la familia de Danton, hacen que pueda establecerse como un abogado importante. 
"Danton-Statue-Paris". Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Danton-Statue-Paris.jpg#/media/File:Danton-Statue-Paris.jpg
La pareja se establece en el número 20 de la Cour du Commerce, en un apartamento de 6 piezas. El matrimonio tiene ya tres hijos y están esperando un cuarto cuando Danton debe partir a Bruselas de viaje. Su esposa se queda en París, pero el 10 de febrero se pone de parto, y Danton aún no ha regresado, el parto se complica y la madre y el bebé fallecen. Danton regresa a París siete días después, deshecho, se culpa de lo sucedido… Ha tenido una idea un poco macabra, quiere verla por última vez, para ello contacta con un escultor sordomudo que conoce, se trata de Claude André Deseine, que será el encargado de hacer un busto de su esposa fallecida. El problema es que su mujer está enterrada en el cementerio de Santa Catalina, y tienen que profanar su tumba. Con la “ayuda” del vigilante del cementerio abren el ataúd, Danton, destrozado se arrodilla ante los restos de su esposa y le implora perdón, el perdón por su marcha a Bruselas, y el perdón por su frivolidades sexuales… al final antes de ser denunciados y de que salte el escándalo por lo sucedido, consiguen hacer el molde del busto de la difunta, dicho molde se encuentra en el museo de Troyes.       
El café Parnasse rivalizara con el Laurent que se encuentra en la Rue Dauphine (esquina con la rue Christine) como café literario y artístico.


El café Laurent aún sigue en activo a pesar de haber sido inaugurado en 1690 por François Laurent, aquí se reunían Fontenelle, Houdar de la Motte, Jean Jacques Rousseau, Voltaire… En este café los estudiosos de la “Encyclopédie” discutían ante una taza de “Eau de Café”. Aunque no sólo servían esta novedosa bebida, también tenían te de la India, Limonade y algún que otro dulce. 
El Laurent sobrevive al paso del tiempo con mayor o menor fortuna, en 1945 obtiene la licencia para abrir durante toda la noche, tal vez debido a que como vecinos tiene las Messageries de Presse que no paran de trabajar durante las 24 horas del día, la guerra está a punto de acabar y la información es crucial en estos momentos.
A partir del año siguiente el nombre de Laurent pasará al olvido, ahora será conocido como Le Tabou. Estamos en plena posguerra, ahora su clientela será más intelectual, durante las noches, por aquí se reunirán Sartre, Albert Camus y Simone de Beauvoir. Además se convertirá en un templo del Jazz en París, en él empezará su carrera musical Boris Vian y Juliette Gréco.
A Simone le pilla al lado de casa, pues durante unos meses vivirá en lo que ahora es el Hôtel d’Aubusson. Anteriormente conocido como Hôtel de Mouy, una casa del siglo XVII que se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas muy coqueto.
           
A lo largo de los siguientes años, y gracias al auge de esta nueva bebida fueron apareciendo cafés como champiñones, la propietaria del Café des Grâces, situado en la rue de l’Arbre Sec, creó en su establecimiento allá por el 1680 el primer billar público en su establecimiento.

Pero tal vez el lugar donde había más cafés literarios por metro cuadrado en la ciudad estaba en el Palais Royal.
En 1624, el Cardenal Richelieu acaba de ser nombrado Presidente del Consejo de Francia, ante tal cargo decide que es momento de buscar un lugar cercano al Louvre para instalarse, así que compró el Hotel de Rambouillet junto a varios terrenos que lo rodeaban, tenía la intención de construirse una residencia digna para un hombre de sus funciones. El arquitecto escogido fue Jacques Lemercier, quien llevó a cabo el proyecto en 1634. Lo que no se esperaba el cardenal es que tan sólo podría disfrutar de su palacio unos pocos años, concretamente 8, pues murió en 1642. En su testamento lega el palacio a Luís XIII, cuando éste muere un año después el palacio pasará a manos de la reina viuda, Ana de Austria, que se instalará allí con sus hijos el que será Luis XIV y Felipe de Orleans.


El Palais Royal en un primer momento llevaba el nombre de Palais Cardinal, debido a que fue edificado por orden del Cardenal Richelieu, pero fue durante la época de la Fronda, cuando se fue a vivir a él Ana de Austria cuando se le cambió el nombre por Palais Royal.
En 1692, Luis XIV decide regalarle el palacio a su hermano, Felipe, Duque de Orleans. El palacio seguirá en manos de los Orleans hasta 1793. No será hasta el siglo XIX cuando el Palacio Real se convertirá en la sede de instituciones políticas y administrativas, primero se instaló el Consejo de Estado (1875), luego el Consejo Constitucional (1958) para acabar albergando desde 1959 el Ministerio de Cultura.
Galería des Proues
A pesar de que el palacio sufrió varias transformaciones . el palacio original, el de Richelieu, conserva la característica planta con forma de H, con ante patio y patio de honor. En 1781, Luis Felipe José de Orleans quiso construir un edificio que rodease los tres lados del jardín, las plantas bajas tenían arcadas en las que se ubican los comercios. A estas tres galerías las bautizara con el título de sus hijos Montpensier, Beaujolais y Valois En el ala de Valois, que sería la de nuestra derecha si la miramos desde el patio de honor, se encuentra la galería des Proues, y data de 1634, es uno de los pocos vestigios que aún se conservan del palacio cardenalicio. La planta baja, está decorada con rostros y anclas, y nos recuerda el cargo de Subintendente de Navegación y Comercio que ostentaba el cardenal Richelieu.
Galeria Valois
Galería Valois


La Galería Montpensier se finalizó en 1784, al igual que las otras dos, y es la que se encontraría a nuestra izquierda. En esta parte es donde Jean Cocteau se instaló en 1940, concretamente en el número 36, y donde viviría más de diez años.
Galería Beaujolais
La Galería de Beaujolais es la que une las dos anteriores, en ella se encuentra el restaurante Le Grand Véfour, cuyo nombre rinde homenaje a el cocinero de Felipe Igualdad, Jean Véfour que hizo del café de Chartres un lugar de referencia para la gastronomía desde 1784. En estas galerías se encuentran algunas boutiques de lujo como Stella McCartney, Marc Jacobs, Shiseido...

Felipe Igualdad, tenía intención de construir una cuarta ala que cerraría el jardín por el sur, pero debido a que se quedó sin medios se construyeron unas galerías provisionales de madera, corría el año 1786 y al lugar lo conocían como el “Campo de los Tártaros”. En 1828, el duque de Orleans, futuro rey Luis Felipe, encargó a Pierre Fontaine que acabara el Palacio Real, aprovechando que las galerías de madera habían sufrido un incendio, se sustituyeron por la Galería de Orleans, una lujosa galería acristalada con numerosas tiendas e iluminada con gas. Tal fue el éxito que tuvo, que originó la moda de los pasajes cubiertos de París.


El espléndido palacio situado al lado del Louvre y cercano a los nuevos barrios que se están construyendo, comprende un vasto jardín rodeado de galerías, es propiedad del duque de Orléans, el primer príncipe de sangre y una de las mayores fortunas de Europa. Pero es un palacio que cuesta de mantener,  y su propietario no está dispuesto a perder dinero con él, así que para sufragar gastos y con gran sentido de negocio, decide alquilar las galerías a modistas, libreros, a casas de citas, a “tripots” (garitos de dudosa reputación) y como no a los cafés.


Rápidamente se instalan en las galerías 19 cafés, el Café de Foy, en el número 59,  creado en 1749 por un oficial, Monsieur de Foy que luego lo venderá a un tal Jousseau, cuya esposa era tan bella que el mismo duque de Orléans visitaba de continuo el café, tanto lo visitaba y al recibir las atenciones de la dama en cuestión, que les permitió poner algunas mesas y sillas delante de su establecimiento, en el jardín. Acababa de nacer la primera terraza parisina. Fue en este café donde un periodista revolucionario, se entera de que el ministro de Finanzas, Necker, ha sido cesado. Así que se sube a una mesa y empieza a arengar a su distinguido público para que se levanten en armas contra el rey, se trata de Camille Desmoulins… está germinando el descontento y la futura Revolución.
"P1050210 Paris Ier galerie de Beaujolais grand Vefour rwk" by Mbzt - Own work. Licensed under CC BY 3.0 via Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:P1050210_Paris_Ier_galerie_de_Beaujolais_grand_Vefour_rwk.JPG#/media/File:P1050210_Paris_Ier_galerie_de_Beaujolais_grand_Vefour_rwk.JPG

Le Café de Chartres (el actual Grand Véfour, el único superviviente) en el nº 80, Le Caveau en el 89 lugar de citas y pugnas de los partidarios de dos músicos que se disputaban el favor de los parisinos, uno era el alemán Gluck que se disputaba el honor con Puccini. Le Café Mecanique, en el 99, Le Beaujolais, en el 13, Le Valois en el 170, le Café Polonais en el 29, le Café des Varietés, en el 214, el Café Lamblin en el 102, Les Mile Colonnes, llamado así por las treinta columnas que decoraban el salón y que se multiplicaban por los grandes espejos que había en las paredes. Su propietaria era una bella mujer, Madame Romain, verdaderamente espectacular pues se cuenta que el novelista Walter Scott se enamoró perdidamente de ella, y el caricaturista inglés Rowlandson la inmortalizó en un célebre dibujo donde lo que más destaca es su busto. El amo del café, su esposo, en cambio era un tipo bajito, gordo y feo que contrastaba con su imponente mujer. Su primer negocio se encontraba en la Rue Saint honoré, y se llamaba Le cafe du Bosquet. A madame Romain la llamaban la Belle Limonadière, tan espectacular era la mujer, que el ayuntamiento tuvo que destinar a dos guardias para agilizar la circulación por delante de su café. En 1826 murió su marido por una caída del caballo que montaba en el Bois de Boulogne, ella aguantó algunos años más en el negocio, hasta que pasados diez años decidió retirarse a un convento donde dedicarse a hacer confituras rompiendo el corazón de sus admiradores.

Le Café Corazza en el 12, abrió sus puertas en 1787 en la galería de Montpensier, y acabó convirtiéndose en el cuartel general de los jacobinos, un club revolucionario a cuya cabeza se encontraba un joven Robespierre.
Le Café Fevrier en el 113, le Café Italien y en el subsuelo le Caveau des Aveugles, sin olvidarnos que a  la entrada del Palais Royal, pero no en el mismo palacio el café de La Régence.
Este último no era más bien un café, sino toda una institución. Abierto en 1718 debe su nombre a la belleza de la mujer del dueño, la bella Madame Leclair.  Tal es la fama de la señora que por aquí pasan Voltaire, Rousseau, el duque de Richelieu y el Mariscal de Saxe, Diderot, Grimm, Philidor, un joven Robespierre, e incluso un jovencísimo Bonaparte recién salido de Brienne. El emperador de Austria, José II, de paso por la ciudad en 1777 exige entre tanta recepción oficial, acudir de incógnito a La Regence.
Con su veintena de mesas cubiertas de tableros de ajedrez, la gente juega también a las damas mientras se toman algo.


Pero en el Palais Royal no solo hay negocios, para aquellos que sólo quieren pasear o dejarse ver ante la sociedad parisina, lo mejor que se puede hacer es pasear por su jardín.
El jardín tiene 226 metros de largo por unos 92 de ancho, y fue rediseñado por Le Nôtre en 1674, el antiguo jardín de Richelieu había sido diseñado por Pierre Desgots en 1633. El jardín actual respeta los ciclos naturales y utiliza preferentemente plantas perennes, intentado que sea una jardinería sostenible.
En este jardín, en 1786 se instaló un pequeño cañón de bronce, era obra del relojero Rousseau, que tenía una tienda en la galería de Beaujolais. Estaba colocado sobre el Meridiano de París y permitía que los parisinos pudiesen poner en hora sus relojes a las doce del mediodía, cuando se disparaba. Constaba de una lupa que encendía la mecha gracias a la luz del sol. En 1911 dejó de utilizarse, ya que se impuso la hora de Greenwich. Por suerte desde el 2002 hay una réplica que sustituye al original, aunque fue robada en 1998, desde 2010 vuelve a escucharse todos los miércoles al mediodía.


El encanto y la tranquilidad del lugar durante el siglo XX atrajeron a grandes literatos que decidieron establecerse en él. Colette, vivió primero en el número 9 de la Rue Beaujolais en 1926, después se marcharía para de nuevo volver en 1938 y donde escribiría la mayor parte de su obra hasta su muerte en 1954.
Otra vecino del lugar fue Jean Cocteau, que lo descubrió en 1940, en la rue de Beaujolais conocerá a Stefan Zweig antes de que tuviera que exiliarse en los Estados Unidos. Cocteau compro el apartamento del número 36 de la rue de Montpensier, y vivió allí durante más de 10 años, años bastante creativos que darán lugar a “El águila de dos cabezas”, “Los padres terribles” o “La Bella y la Bestia".