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domingo, 28 de febrero de 2016

Del cementerio "des Innocents" al cementerio más visitado del mundo, el Père-Lachaise...

Durante la Edad Media, había la costumbre en París de enterrar a sus muertos en las iglesias o en sus inmediaciones, en recintos de poca extensión, salvo el camposanto de los Innocents, que se encontraba contiguo a una capilla del siglo XII, y que fue creciendo con desmedida a lo largo del tiempo, tanto que llegó a estar rodeado por una galería abovedada en la que se iban acumulando las osamentas que se retiraban de las fosas.

Según cuentan los historiadores el cementerio era conocido como les Champeaux (pequeños campos), y se encontraba justo en lo que ahora sería la Plaza Joachim-du-Belay en el distrito de Les Halles.

Durante unas excavaciones de los años 70 se encontraron algunos sarcófagos de yeso de la época Merovingia, e incluía un lugar de culto que acabaría destruido cuando los normandos en el siglo IX hicieron sus incursiones en la ciudad. Por aquel entonces este lugar se encontraba a las afueras de la ciudad recordemos que el centro se encontraba en la orilla izquierda del Sena y la Île-de-la-Cité.

Bajo el reinado de Felipe II el cementerio fue ampliado y lo rodearon con un muro de tres metros de alto, en su inicio como cementerio se enterraba a los difuntos mediante sepulturas individuales, pero cuando llegaron las epidemias y las grandes enfermedades pasaron a enterrar en masa. Podían llegar a colocar a 1500 difuntos en una misma fosa, y hasta que no estaba llena, no se habría una nueva para alojar a otros 1500 más. 
En los siglos XIV y XV, para aliviar la capacidad de las fosas comunes, se construyeron unos osarios (charniers) a lo largo de las paredes del cementerio, donde depositarían los huesos. En agosto de 1424 se empezó a pintar un mural de la Danza de la Muerte, lo realizó un familiar del Duque de Berry, y se encontraba entre las diez arcadas, en la pared posterior de la arcada por debajo de lo que sería el osario, en el lado sur del cementerio, lo que sería la Rue Ferronerie.   Este fresco tenía una función educativa, quería mostrar a todo el que lo viera, que ante la muerte todos somos iguales. El fresco acabó destruido en 1669 cuando se demolió el muro para que la calle pudiera ser un poco más ancha. 
Pero ahora os explicaré que la calle que bordeaba el cementerio fue precisamente el lugar donde Enrique IV fue asesinado el 14 de mayo de 1610. La calle en aquellos tiempos era mucho más estrecha que la de hoy en día, y se encontraba llena de los numerosos puestos de las costureras sepulcrales, es por ello que el carruaje que llevaba al rey tuvo que parar, había demasiada gente en el lugar, cosa que aprovechó Ravaillac para apuñalar al rey frente al número 6, la casualidad o el destino quiso que esa tienda tuviera un anagrama de un corazón coronado atravesado por una flecha. En la actualidad, en su lugar se encuentra una cafetería que lleva el nombre del Café Coeur Coroné, y en el suelo hay un escudo de armas con la fatídica fecha. En la pared del edificio, que es del 1669, hay una placa que nos lo recuerda.

Durante el reinado de Luis XV, el cementerio y su alrededor ya resultaba insalubre para establecer cualquier negocio o vivienda, debido a su sobre uso y que muchos cadáveres no acababan de descomponerse. Así que Luis XVI intentó a través de dos edictos reales,  que se trasladaran los cementerios parroquiales, pero la iglesia se resistía a ello, la razón es que se beneficiaba en gran medida de lo que cobraban por los entierros, pues para reducirlos habían pasado a cobrar unos precios desorbitados. Así, que no se llegaron a  mover, hasta que en la primavera de 1780, se produjo un periodo lluvioso que hizo que las condiciones fueran insostenibles,  el 4 de septiembre de ese mismo año, un edicto prohibía enterrar más cadáveres en Les Innocents y en todos los otros cementerios de París. No había más remedio que exhumar los cuerpos y los huesos se trasladaron a las catacumbas en 1786, lo más “gore" del caso es que aún habían muchos cuerpos que no estaban totalmente descompuestos, y con la grasa que quedaba en ellos la “reutilizaron” para convertirlas en jabón y velas

En 1787 la pequeña iglesia fue destruida y el cementerio fue reemplazado por un mercado de hierbas y verduras. Junto a la iglesia, en 1549, se había construido una fuente la “Fuente de las Ninfas” que fue desmantelada y reconstruida en el centro del nuevo mercado, es la Fontaine des Innocents” en recuerdo de los inocentes que albergaba el cementerio.
Hay que tener en cuenta que este cementerio estuvo en funcionamiento desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, que había recibido a los difuntos de 22 parroquias de París , además de los que fallecían en el Hotel-Dieu, los que morían de la peste, y los ahogados en el Sena, también alojaba a los que morían en las carreteras o a los pobres de la “Corte de los Milagros”, así que los inquilinos de tan macabro lugar fueron cerca de 2 millones de parisinos o tal vez más, no se sabe con seguridad pues tan sólo se excavó la altura de 1,60 metros, es decir que sólo sacaron los cadáveres hasta esa profundidad. Seguramente en estratos inferiores aún hay cuerpos y huesos enterrados.


Durante su larga historia, el cementerio a albergado a distinguidas personalidades, como el chambelán de Carlos V, el secretario perpetuo de la Academia Francesa e historiador de Luis XIV, Francis Mezeray, o la mayor de las cuatro hijas del marqués de Nesle, amante junto a sus hermanas del rey Luis XV. Pero tal vez, el más conocido de todos sea Jean de la Fontaine, el maravilloso fabulosa. Aunque no está la cosa muy clara, pues unos dicen que se encontraba enterrado en el cementerio de la parroquia de Saint-Eustache, muy cercano.  En la actualidad se encuentra sus supuestos restos en el Pere Lachaise, aunque no sea muy probable.        

El encargado de la eliminación gradual de este foco de infección era el jefe de policía Lenoir, empezó a finales del reinado de Luis XVI, pero fue finalmente en 1785 cuando el Consejo de Estado ordenó la evacuación de los cementerios parroquiales y de los osarios, el lugar previsto para acumular tal cantidad de osamentas era la cantera subterránea que había bajo el llano de Montsouris, para dar cristiano reposo a los restos el obispo de París decidió bendecir el lugar. Mientras cada noche, cortejos de coches fúnebres subían al monte de Sainte-Geneviève para arrojar su macabro cargamento en un pozo que todavía existe, en el número 21 de la Avenida de Parc-Montsouris.


Este sumidero de 11.000 metros cuadrados, se utilizó también para hacer desaparecer discretamente a las víctimas de las luchas revolucionarias de 1788 y 1789. Durante el Primer Imperio, las catacumbas fueron aisladas de lo que eran las canteras, se reforzaron con pilares y se abrieron nuevas galerías y se autorizó su visita, que acabó siendo prohibida por considerarse un "espectáculo inmoral" en 1830, pero más tarde, en 1874 volvieron a dar permiso para visitarlas. Para visitarlas se entra por la plaza Denfert Rochereau y el recorrido total es de unos 800 metros, sigue el trazado de la Avenida René Coty, se calcula que pueden haber los restos de más de 6 millones de personas. Si queréis saber más sobre ellas en este enlace.


Sin embargo aún era apremiante la necesidad de tener nuevos cementerios en la ciudad, y durante la Revolución se eligieron dos terrenos, uno estaba en la barrera de Vaugirard, y otro entre la barrera Blanche y la de Clichy, el actual cementerio de Montmartre. Pero fue en 1801 cuando Nicolas Frochot, ex secretario de Mirabeau y prefecto del Sena, decidió que se creasen tres grandes cementerios, al sur estaría el de Montparnasse, al norte el de Montmartre y al este el más extenso, aprovechando la vasta propiedad de Mont-Louis, con su colina entre Charonne y Ménilmontant. Al oeste se encuentra el pequeño cementerio de Passy, donde sus inquilinos son de posibles, pues se encuentra cercano a los barrios con más poderío económico de la ciudad.

Este terreno de Mont-Louis había sido conocido como Folies-Regnault hasta 1626, año que pasó a manos de los jesuitas de la rue de Saint Antoine. Los jesuitas le dieron el nuevo nombre porque por allí Mazarino había paseado con Luis XIV cuando apenas era un niño. La finca tenía unas 44 hectáreas, había una casa de dos plantas, con jardín, huerto y viñas. En esta finca pasaría años más tarde sus vacaciones el padre La Chaise, confesor del rey, sin sospechar que su nombre acabaría dando nombre a uno de los cementerios más famosos del mundo el Père-Lachaise.
Tumba de Abelardo y Eloísa

En 1763 tras la expulsión de los Jesuitas, la finca fue vendida y pasó por varias manos, incluidas las del Barón Des Fontaines, pero acabó siendo adquirido por la Prefectura del Sena para convertirlo en necrópolis. El arquitecto Brogniart trazó las avenidas, rectas o sinuosas, y quiso rodearlo con un muro de arcadas, como si fuera un inmenso peristilo italiano, pero no pudo acabar la obra pues había mucha prisa por inaugurar el camposanto en 1804. Entre sus primeros huéspedes estaban Abelardo y Eloísa, que habían sido traídos desde la Abadía de Paraclet, cerca de Nogent-sur-Seine para ser depositados en un mausoleo con una excelente vista sobre París.
Las autoridades de la ciudad utilizaron una hábil publicidad para atraer a la posible clientela acaudalada, hablándoles de un "cementerio por fin libre de profanaciones, donde ninguno de sus moradores acabará en una sala de anatomía".
El nuevo cementerio se pobló rápidamente, el "tout Paris" quería tener su parcelita eterna en él, eso sí diferenciando claramente a que estamento o clase social pertenecía el difunto, se construyeron mausoleos, y estatuas que reflejaban los gustos más diversos y la posesión de buenas cuentas bancarias para pagar tal dispendio.
Al final el 21 de mayo de 1804, el cementerio se inauguró con la inhumación de una pequeña de cinco años, y se trasladaron los restos de algunos personajes ilustres como Molière, La Fontaine y los amantes Abelardo y Eloisa.

Al sur del cementerio se encuentra el Mur des Fédérés (el muro de los federados o de los comuneros). El 26 de mayo de 1871, la Comuna de Paris, estaba agonizando, y sus últimos combatientes se parapetaron en el cementerio, pero las fuerzas de Versalles consiguieron abrir una brecha a cañonazos en el recinto, se entabló una lucha feroz bajo una lluvia incesante que se mezclaba con la sangre de los combatientes. Un total de 147 comuneros, incluidos heridos y moribundos fueron fusilados por Thiers, que no mostró en ningún momento clemencia alguna con los vencidos, tal es así que se tardarían 25 años en alzar en el lugar del suceso un monumento para conmemorar lo que allí había ocurrido. Es por ello que cada 1º de mayo las fuerzas políticas y las sindicales suelen visitarlo como homenaje. Se trata de la "subida al muro" y marca la historia obrera de la capital, pues cada año desde el 23 de mayo de 1880, cuando se celebró el primer desfile frente al Muro, los franceses se colocaron una rosa roja en el ojal desafiando a la fuerza pública, pues aún quedaban dos meses para que se amnistiase a los comuneros. El Partido Comunista Francés rinde homenaje a las víctimas de la Comuna y a las del Nazismo acudiendo al Muro.
La Comuna de París es el único periodo de la historia de Francia en la que existió una ciudad en autogobierno. Fue muy breve, pero ese episodio revolucionario construyó lo que sería una fuerte masa obrera. Esta terrible lucha y posterior represión (los muertos van entre 25,000 a 30,000 según quien sea el que cuenta).

Este cementerio aloja un gran número de personalidades, así que si no queréis prolongar en exceso la visita, deberéis limitaros a los personajes concretos que queráis ver. Para ello mejor que obtengáis un plano del cementerio que indiquen la situación de los lugares donde reposan los famosos. 
Están enterrados los científicos Lavoisier, Cuvier y Gay-Lussac, los artistas David, Corot, Delacroix, Ingres, Daumier. Si lo que os apasiona es la literatura tenemos a Balzac, Alphonse Daudet, Beaumarchais, Jules Vallès, Oscar Wilde, Marcel Proust.
A Alfred de Musset lo encontrareis bajo un sauce, tal y como fue su deseo de ser enterrado. Otro inquilino del camposanto fue Leandro Fernández de Moratín, al que trasladaron al cementerio de San Isidro de Madrid. También encontramos a Chopin, a Sarah Bernhard, Colette, Gertrude Stein, Apollinaire, Georges Meliès, Edith Piaf, y como no al insigne y tal vez más visitado de todos, a Jim Morrison.