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lunes, 15 de diciembre de 2014

Montparnasse: bailes, can can, el reino de Kiki de Montparnasse, de los bohemios, de los escritores de la generación perdida...


Bonjour, mes amis! vamos a continuar nuestro paseo por la ciudad de la luz: París. Seguimos por la orilla izquierda del Sena, hoy pasearemos por Montparnasse. El barrio de moda en el periodo de entre guerras para los grande   s escritores de la "generación perdida".
El Monte Parnasso, era, en las leyendas griegas, la montaña sagrada de Apolo y las Musas. Y éste fue el apodo elegido para llamar a una pequeña colina natural formada por inmundicias y sedimentos de las antiguas canteras en la época de la Reina Margot, en el siglo XVII se convirtió en un lugar muy frecuentado por los estudiantes de versificación, pues se reunían en él para leer sus poemas. En el siglo XVIII el montículo fue arrasado para construir el Boulevard de Montparnasse, diseñado por Luís XIV, y que en poco tiempo se convertiría en uno de los paseos más elegantes de la ciudad, con cuatro hileras de árboles. Era tal la fama para pasear que cogió la avenida, que algunos cocineros audaces tuvieron la idea de abrir allí unos bailes campestres y merenderos, junto con numerosos cafés y jardines donde podían acudir los más humildes, fue aquí donde se bailó el Can Can por primera vez. 

Hacia 1900 el barrio conoce a los bohemios a Max Jacob, y Apollinaire, que junto con otros tantos se reunían en La Closerie des Lilas, poco después van llegando los pintores con Modigliani, Zadkine, Soutine, Chagall. En Le Dôme, La Rotonde, La Coupole, o le Select acogen las tertulias del momento, a las que asistían exiliados políticos rusos como Lenin y Trotsky, a los que se les unían Stravinsky, Satie o los surrealistas André Breton y Cocteau.
El barrio también debe su fama a los numerosos bretones que a principios del siglo XX se instalaron en los alrededores de la estación donde dejaba el tren procedente de Bretaña. Por esta zona se empezaron a vender los típicos Crêpes (dulces) y las Galettes (salados hechos con trigo sarraceno).

De este modo nace la "Grande Chaumière" un local que conoció la fama hasta 1853, época en que fue sustituido por la Closerie des Lilas. La Grande Chaumière era un baile donde solían ir los militares y estudiantes a divertirse, en un principio era una casita de madera con el techo de paja donde los mismos bailarines servían las bebidas; durante sesenta años fue el lugar al que acudir para divertirse, posteriormente se construyó un local de dos plantas, se diseñó un maravilloso jardín, e incluso había una montaña rusa. Pero todo pasa de moda, incluso la Grande Chaumière acabó siendo demodé, sobre todo cuando un antiguo empleado del baile, François Bullier, recompró en 1847 "le Prado d'Eté" situado en el número 31 de la Avenue de l'Observatoire, lo transforma completamente y planta 1000 lilas rebautizándolo con el nombre La Closerie des Lilas. 

El establecimiento abrió sus puertas el 9 de mayo de 1847, originariamente era una parada de las diligencias que hacían la línea Orléans-París. Aquí los viajeros podían encontrar una habitación para pasar la noche, luego pasó a ser un modesto café.
La popularidad del lugar se debe al poeta Jean Paul Fort Moréas, que organizó una reunión en la Closerie, envió invitaciones con el lema "los poetas y artistas de todos los países, uníos!". Tras el éxito de la convocatoria se decidió que cada martes se hiciesen lecturas poéticas. Apollinaire llevó allí a Picasso, Max Jacob llevó a toda la pandilla desde el otro lado del Sena (Bourdelle, Braque, Bonnard, Léger, Modigliani...)
Otros visitantes ilustres fueron Lenin, Trotski, Hemingway y Scott Fitzgerald, en la terraza de la Closerie mientras Hemingway escribía gran parte de su novela Fiesta, Fitzgerald le insistía en que leyera su obra El Gran Gatsby, en realidad Ernest fue uno de los primeros en hacerlo.
Pero regresemos a comienzos de siglo, cuando Montparnasse se convierte en la capital del Cubismo, el barrio de llena de jóvenes pintores extranjeros que formarán sin saberlo la École de París. A la cabeza de todos ellos Modigliani, que dejó su Italia natal para quedarse en este barrio de artistas y de tabernas, donde solían reunirse. Como La Rotonde, en 1911 Libion compró un pequeño bistro al que solían acudir los trabajadores de la zona, para ampliarlo compro la tienda de zapatos de al lado, vendió todo el stock de zapatos que aún quedaba en la tienda e instaló una barra de bar. Poco después amplia de nuevo el local comprando la tienda del otro lado, para así tener una sala para los clientes más habituales, como Lenin y Trotsky que tenían una mesa reservada siempre. Entre sus muros se presentó Modigliani a la artista inglesa Nina Hamnett en 1914 diciendo: "Modigliani, pintor y judío". Picasso y Diego Rivera eran asiduos, como el japonés Tsuguharu Fujita, cuya presencia era exótica hasta para los más vanguardistas. Este japonés tenía su estudio en la Rue Delambre nº 5 y se convirtió en íntimo amigo de Matisse y de Picasso, y fue alumno de la bailarina Isadora Duncan, de quien tomará lecciones de danza, o lo intentará.

En frente estaba Le Dôme, en un principio era una antigua taberna datada en 1896, es por tanto el más antiguo de todos. Se hizo famoso entre los alemanes tras una exposición de Vincent Van Gogh en Múnich, a partir de esa exposición los jóvenes pintores alemanes soñaban con venir a París. Estos pintores fundaron la Escuela de Múnich. Otros asiduos clientes eran Rousseau, Chagall, Whistler, Apollinaire, Max Jacob, Cocteau, S Stravinsky y otros tantos.
Los artistas más pudientes como Picasso, alquilaban apartamentos en la Rue Schoelcher, el pintor alquiló uno que deslumbraba a todos sus amigos por su lujo. El 14 de Julio de 1914 se organizó en el Carrefour Vavin un gran baile al que acudió la flor y nata del barrio. Aquella fue una fiesta tumultuosa, el último reflejo de una época que terminaría tan sólo quince días más tarde, con la declaración de la I Guerra Mundial, el 1 de agosto de 1914.
Durante el periodo de entre guerras el distrito se hizo popular entre los norteamericanos expatriados como Hemingway, y conocidos como la "Generación Perdida", se reunían en Le Sélect, el primer bar que permaneció abierto toda la noche. Era el santuario de la comunidad intelectual norteamericana en París, servía de punto de encuentro a escritores, pensadores y artistas americanos, que habían emigrado a la ciudad en busca de la libertad y huyendo de los convencionalismos y el puritanismo estadounidense de principios de siglo, así como de la Ley Seca. Ese fue el caso de Gertrude Stein, que se enamoró de la vida que le ofrecía París, hasta el punto de abandonar su carrera de medicina y nunca volver a EEUU, convirtiéndose en un referente y la protectora de la vanguardia artística del momento. Pero no fue la única norteamericana influyente que marcó el barrio, otra fue Sylvia Beach, que en 1919 creó la librería Shakespeare and Company, que se convirtió en el punto de encuentro de los grandes literatos norteamericanos como Hemingway, Fitzgerald, y Henry Miller que escribió en ese tiempo "Trópico de Cáncer". (ya hemos hablado de ella en el blog, si queréis saber más).

El 20 de diciembre de 1927, en una helada noche se inauguró otro local,  La Coupole, cuya inmensa sala del restaurante contaba con 24 columnas decoradas por artistas locales. Y en el sótano había una sala de baile decorada en negro y rojo, con grandes espejos que aún daban mayor sensación de amplitud, la fiesta era continuamente amenizada por dos orquestas. Pero tal vez lo más concurrido era el bar, al que se entraba por el Boulevard. Por aquí se dejaba caer Lenin para jugar al ajedrez, tal vez para olvidar que aspiró a ser modelo del escultor Bourdelle, pero, como el mismo confesaba "no tenía la talla"...
No hay que hacer un gran esfuerzo para trasladarnos a esa época, para imaginarnos a Dali y Buñuel empezando algo que más tarde se conocería como Surrealismo, con proyectos como "Un chien andalou", o Alexander Calder que se encontraba construyendo sus primeras obras de arte móviles, o poder contemplar a la gran Isadora Duncan revolucionando el mundo de la danza. O a Gershwin proyectando "Un americano en París". Pero tal vez hubo un personaje que no era tan conocido, pero no por ello fue menos importante para la vida del barrio, hablamos de la reina indiscutible del momento, un ejemplo vivo de la esencia de ese París loco, Kiki de Montparnasse (1901-1953). 

Kiki era una mujer audaz, atrevida, la reina y musa del ambiente de vanguardia. Bajo ese nombre se escondía Alice Prin, una muchacha de provincias que se crió junto a su abuela hasta que cumplió los doce años, edad en la que fue enviada a París para trabajar junto a su madre como aprendiz en un taller de encuadernación por 15 céntimos a la semana. Se compraba ropa en el rastro, hacia que su negra melena brillase gracias a la brillantina y con pétalos de geranio daba color rojizo a sus labios. Un día su madre la sorprendió posando desnuda, y después de insultarla llamándola "puta asquerosa" la repudió. A Kiki no le quedó más remedio que marcharse de casa, en la calle y sin recursos empezó a vivir con un pintor que la animó a hacer la calle, pero Kiki no llegó a tanto, tan sólo se dedicaba a enseñar sus pechos a algún viejo verde por tres francos. Cuando trabó amistad con los artistas de la Rotonde, donde solía andar como Pedro por su casa, se sentía acogida y en familia. Estos pintores eran tan miserables como ella, pero acabarían siendo inmortales con el tiempo. Solía comer en una pequeña crémerie, regentada por una ex modelo italiana que aceptaba que los artistas le pagasen con un dibujo en la pared. Un buen día Kiki conoció a un norteamericano cargado de un halo de misterio, era Man Ray, recién llegado de la gran manzana. Sedujo a Kiki a primera vista, y consiguió que posara para su cámara, al dia siguiente, cuando vio las fotos se quedo impresionada, luego se desvistió y se sentó en el borde de la cama, a su lado...esa tarde no hubo sesión fotográfica. 


Acabaron viviendo juntos en una relación que mantuvieron durante años, Man Ray la fotografió en todo su esplendor, pero tal vez la mejor foto es la de Le Violon d'Ingres. Todo el mundo en Montparnasse decía que era alegre, sensual y provocativa, pero eso no evitaba que a menudo cayese en una tristeza que le llevaba a cantar baladas que hacían llorar a mares. Por las mañanas cuando acudía al café, y aún no se había el primer café de la mañana exclamaba sin pudor: "Hoy me han dado un buen revolcón". Vivía entre intelectuales, frecuentaba la casa de Gertrude Stein, la de Breton, la Ruche, que era una colmena de artistas en la rue Vaugirard. Pero había momentos en que le irritaba considerablemente el intelectualismo, tanto que un buen día les soltó: "Vosotros habláis mucho sobre el amor; pero no sabéis hacerlo". También posó para Fujita, para Modigliani, para Soutine y Chagall... 

Participó en ocho películas, pintó muchos cuadros y algunos retratos de sus amigos. En marzo de 1927 hizo una exposición a la que acudió "Tout Montparnasse" incluso el ministro de Interior Albert Sarrault. Esa noche cantó canciones indecentes ante una parroquia si remilgos. Dos años después la escogieron como la Reina de Montparnasse gracias a su franqueza demasiado impertinente, la multitud la escoltó a La Coupole, en donde se celebró un banquete. Años más tarde se aburguesó un poco al enamorarse de un recaudador de impuestos que como afición tocaba el acordeón. Se fue a la Rive Droite, pero nunca dejó de ser Kiki. Abrió un cabaret propio en la rue Vavin, pero Montparnasse empezó a decaer y los años dorados ya estaban lejos, y la guerra aparecía por el horizonte. Cuando la paz estuvo de regreso a la ciudad, su belleza ya se había marchitado, tenía la voz gangosa por el paso del tiempo y del alcohol, recorría los cafés del barrio cantando sus viejas canciones que a nadie le interesaba oír, luego pasaba el platillo. En la primavera de 1953 se desplomó en la rue Brea. Con su muerte se acabó la bohemia de un barrio que llegó a ser el centro del mundo durante unos años. En "Les souvenirs retrouvés" la memorias de Kiki, Hemingway escribió en el prólogo: "Kiki reinó en esta era de Montparnasse con mucha más fuerza de la que nunca fue capaz la reina Victoria a lo largo de toda su existencia".


«Cimetière du Montparnasse (zoom)» de Jérôme Blum - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 2.0 fr vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cimeti%C3%A8re_du_Montparnasse_(zoom).jpg#/media/File:Cimeti%C3%A8re_du_Montparnasse_(zoom).jpg
Dejemos ya el Boulevard de Montparnasse y cojamos el siguiente boulevard, el Boulevard Raspail que nos llevará hasta el Boulevard Edgar Quinet, desde donde tendremos una magnífica vista de la Tour Montparnasse (desde aquí seguro que os cabe en la foto!). Si seguimos adelante podremos ver a nuestra derecha el Cementerio de Montparnasse, justo en el número 5.
Napoleón planeó un cementerio extramuros de la ciudad para reemplazar a los numerosos pequeños cementerios que había por el casco antiguo de la ciudad, y que ya se encontraban saturados, llegando a ser un peligro para la salubridad de la ciudad. Inaugurado en 1824 se convirtió en el último destino de numerosos personajes ilustres, especialmente personalidades de la orilla izquierda. Está dividido por medio de caminos con un trazado geométrico que forman bloques o secciones. La rue Émile Richard lo divide en dos, una parte es el Grand Cimetière y la otra el Petit Cimetière. En el grande tenemos a Tristan Tzara (el líder del Dadaismo), a Man Ray, a Baudelaire, a Chaïm Soutine, a Jean Paul Sartre, a Jean Seberg, a Camille Saint-Säens. Baudelaire y Samuel Becket están muy cerca el uno del otro, y un poco más allá, al lado de la estatua del Ángel del Sueño Eterno, descansa Serge Gainsbourg.
En el Petit Cimetière hay una tumba bastante curiosa, la de la familia Charles Pigeon, es una cama en la que su esposa está durmiendo mientras el está tumbado a su lado pensativo. Cercana a ésta está la tumba de André Citröen,  y al lado tiene el escultor de la Estatua de la Libertad, Frédéric Auguste Bartholdi. Un poco más allá tenemos al militar Alfred Dreyfus (el del caso Dreyfus)  al que le hace compañía la esposa del Mariscal Pétain enterrada en el panteón familiar, sin su esposo que se encuentra enterrado en la Île d'Yeu donde estuvo encarcelado. La buena señora tiene como vecino a Guy de Maupassant. Como broche final podemos visitar a Jean Paul Sartre, a Simone de Beauvoir, al escultor Paul Belmondo (padre del actor Jean Paul Belmondo y tal vez menos conocido que su hijo...)