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sábado, 6 de septiembre de 2014

La Cava Baja, y sus posadas...Lucio y el Capitán Alatriste



En el último post sobre Madrid, nos quedamos en la Plaza de San Andrés, con la visita a la iglesia que lleva el mismo nombre. En el de hoy, empezaremos la visita de la villa desde la Plaza del Humilladero, y entraremos en la Cava Baja, una calle donde abundan antiguos comercios y restaurantes con todo el sabor del viejo Madrid y es una de las calles más antiguas de la villa. Y que era una "cava", pues las "cavas" eran minas que los árabes utilizaban para entrar y salir en tiempos de guerra sin ser vistos por el enemigo. Más tarde esas cavas fueron refugio de bandas de ladrones y hubieron de ser cegadas por las autoridades del momento con el fin de cortar la delincuencia que padecía la ciudad. Ahora imaginémonos que estamos unos cuantos siglos atrás en el tiempo, estamos en un mundo de arrieros de diligencias que transportaban el correo a los pueblos de la provincia, de carros, de caballerías que entran y salen por los enormes portalones, del "espabilado del timo" que espera que surja el "lila" que va a caer víctima de su propia ingenuidad y avaricia pueblerina...

Tanto la Cava Baja como la Cava Alta, se puede decir que corresponden a los fosos que rodearon las murallas cristianas. La Cava Baja siempre ha sido un lugar lleno de animación que aumenta con la vida nocturna de sus bares y restaurantes a lo largo de los siglos. Su origen ya hemos dicho que correspondían a los antiguos fosos que estaban en el exterior de las murallas para evitar asaltos sorpresa, por ellas se permitía la entrada y salida de las murallas aunque estuvieran echadas las puertas, tal es así que la leyenda cuenta que por ellas gran parte de los árabes que quedaban en la villa se fugaron justo cuando Alfonso VI reconquistó Madrid.
La más importante de las dos es la Cava Baja que va paralela a la Cava Alta (ésta se extiende desde la calle Toledo hasta la Plaza del Humilladero, mientras que la baja lo hace desde Puerta Cerrada, hasta la misma plaza). En esta calle se establecieron la mayoría de las fondas, tabernas, posadas y hospederías que recibían y albergaban a los vendedores que solían llegar desde Toledo, Segovia o Guadalajara, a vender sus mercancías en los mercados de la Cebada o de San Miguel, y según de donde procedían recibían aposento en una determinada posada o en otra. Estas posadas solían ser edificios independientes, y a lo largo de los años fueron mejorando notablemente, desde sus orígenes en el siglo XVII, donde solo se daba alojamiento al viajero y a sus caballos, hasta que avanzado el siglo XIX ya ofrecían la posibilidad de comer a la carta, y alojarse en mejores condiciones. Además eran centros comerciales para la venta de los productos traídos de otras regiones. La profusión de las posadas u hospederías motivó, a su vez que creciese el número de talleres artesanos que surtían a los trajinantes; toneleros, latoneros, cordeleros, boteros, etc... Todos los vecinos de la zona vivían a la sombra de estos negocios, y los establecimientos de los alrededores servían para el almacenamiento de los géneros.

Antiguo escudo de la Villa, con el dragón
Así que podemos decir que la Cava Baja es la calle de las posadas históricas de Madrid. Entre el siglo XV y XIX fueron numerosas las posadas que se localizaban en esta calle: la posada de la Villa (en el nº9, es del 1642, ahora es un restaurante), la de Las ánimas (que no tiene nada que ver con la discoteca tan de moda que lleva el mismo nombre), la de Vulcano, la del Pavo Real, la de San José, la del Navío del Gallo, la de San Pedro (también conocida como el Mesón del Segoviano), la de San Isidro (en el nº6, ahora son apartamentos), la de la Soledad, la del Madroño, la del León de Oro (en el nº 12) , la del Portugués, algunas ya desaparecidas. Era tal el trajín de viajeros que las compañías de postas y diligencias decidieron establecer las paradas de sus carruajes en la Cava Baja. Ya en el siglo XX  fueron despachos de billetes y paradas de autobuses, como el que con destino a San Martín de Valdeiglesias se ubicó junto a la Posada del Dragón
En una de ellas, se alojaron al parecer los asesinos del embajador republicano inglés Antonio Ascham, una partida de cinco ingleses católicos y jacobitas, que se confabularon en Madrid para vengar, en la persona del embajador, la muerte del rey Carlos I de Inglaterra; y que según el viajero monárquico Edward Hyde llevaron a cabo en un hotel de la calle del Caballero de Gracia, donde se encontraban los pocos establecimientos de este tipo que hacia 1650 había en la capital de España.

La posada de la Villa: 
Allá por el siglo XVII se encontraba en el lugar que ocupa hoy el restaurante el único molino de la Villa de Madrid. Este edificio se incendió, y entonces se construyó uno nuevo que albergaría la Posada de la Villa era el año 1642, (en el número 9), le dieron este nombre porque el edificio pertenecía al ayuntamiento. Pero lo que vemos actualmente es una remodelación y recuperación que se hizo en los 80, ya que estaba a punto de caerse, gracias al dueño del restaurante se consiguió salvar y sigue dando comidas a los visitantes. Como curiosidad hay que comentar que a los mesones que pertenecían al ayuntamiento se les ponía sobre la puerta los escudos de armas del municipio, y un león dorado, como emblema de la casa real de Castilla, es por ello que a la segunda posada la bautizaron como el León de Oro.

Posada del León de Oro  c/ Cava Baja, 12. Es la última superviviente como alojamiento, ya que se mantuvo abierta hasta 2011. Sus muros tienen una larga historia.  El León de Oro pertenece a la familia Sanz Montero desde 1893 y forma parte del catálogo de establecimientos centenarios de la Cámara de Comercio. Los queseros castellanos eran clientes habituales, así como los vendedores de miel y los charcuteros, que pasaban allí largas temporadas porque entonces también se utilizaba como almacén. 
Contaba además con otros viajeros y huéspedes fijos que para alojarse tenían que cumplir con una serie de normas, como no llegar borracho ni  más tarde de las 11 de la noche, y  si un hombre y una mujer llegaban para alojarse juntos se les solicitaba el libro de familia. Hasta su reciente remodelación y apertura como hotel las habitaciones no contaban con ducha puesto que existen cerca unos baños públicos.
  
Os dejo el teléfono 911 19 14 94 y el  Mapa de situación por si queréis reservar una habitación en ella.

La Posada del Dragón, en la Cava Baja, 14 y 16. Lo que hoy conocemoscomo Posada del Dragón, fue a comienzos del siglo XVI, una Alhóndiga ( es decir el granero municipal, lugar de almacenamiento del Pan y donde también se regulaba su distribución y venta). Fue propiedad de la Villa de Madrid y se remonta a la época de los Reyes Católicos. Construida como casa de huéspedes en 1868 por el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, atendiendo a los postulados arquitectónicos que había en la época para este tipo de establecimientos, de ahí que en la memoria del proyecto se hiciera alusión expresa a que todas las plantas estuvieran divididas en habitaciones, guardando las medidas necesarias de higiene y dotando la planta baja de cuadra y cochera con capacidad para tres coches. 
La Posada del Dragón forma parte de un edificio histórico protegido. Es una corrala del siglo XIX, en cuyo interior se encuentran restos de la muralla árabe y cristiana, una bañera de mármol, un pilón-abrevadero, una escalera de madera.La Posada del Dragón debe su nombre al mítico dragón que estaba situado en piedra sobre la la llamada Puerta Cerrada de la muralla, llamada también de la Culebra, pues en aquellos tiempos se discutía si era dragón o culebra.

antoñita bañera

Una curiosidad es que en aquellos años la ciudad tenía dos escudos que utilizaba indistintamente en el pasado: estaba el escudo del Oso y el Madroño, que aún se conserva y que todos conocemos y el del Dragón que ya no se utiliza, pero que antiguamente podía encontrarse en distintos puntos de la ciudad y concretamente en la Plaza de Puerta Cerrada, donde va a parar la Cava Baja, que es la calle en la que se sitúa esta Posada. Todavía se puede ver cómo era este antiguo escudo en el hasta hace poco Ayuntamiento de la Plaza de la Villa de Madrid. La actual Posada del Dragón es la antigua posada rehabilitadaAsí, nada más entrar nos adentramos para poder disfrutar el patio de la corrala descubierta, que ahora se utiliza como terraza. En cuanto levantamos la vista, nos llama la atención esta estructura arquitectónica tan típica de Madrid a partir del siglo XVI y sobre todo en el siglo XIX, en la que solían vivir emigrantes llegados de distintos puntos del país. También podemos ver el antiguo abrevadero de granito en el patio y una bañera de mármol en los aseos de las zonas comunes (se comparten con el restaurante La Antoñita), las 27 habitaciones de la Posada del Dragón se dividen en tres pisos: En la planta 1ª se rinde homenaje a los árabes y castellanos de la España de los siglos IX y XII, en la planta 2ª es protagonista el estilo palaciego de la época en la que Madrid acoge a la corte y se convierte en capital en el siglo XVI y finalmente en la planta 3ª, está inspirada en el Madrid contemporáneo y concretamente el de la vanguardia de los años 50, que se deja notar en elementos como el teléfono o las lámparas retro Uno de los atractivos de la Posada del Dragón es que cuenta en el portal de al lado con el Restaurante La Antoñita abierto a todos y ubicado en una antigua tienda de jabones, por suerte han dejado los letreros históricos de su fachada y su bañera de mármol, donde se elaboraba el jabón, que se ha instalado en los lavabos, junto a una reproducción del primer plano de Madrid, el de Mancelli, adornando sus paredes y como no el hecho de poder ver a través del suelo de cristal la antigua muralla cristiana de los siglos XI y XII.
c/ Cava Baja, 14 Teléfono 91 119 14 24. Mapa de situación  


“LPosada de San Pedro, en la Cava Baja número 30. Esta casa de corredor a la que se accede por un curioso zaguán fue desde 1740 la Posada de San Pedro, como todavía atestiguan los balcones de madera que rodean su patio central, el que además hacía sus veces de caballerizas e incluso de lugar de mercadería. En 1921 el escritor Ramón Gómez de la Serna le cambió el nombre por el de Mesón del Segoviano, porque su propietario era natural de este lugar. A sus cenas y celebraciones acudían intelectuales y escritores como Azorín, Pérez de Ayala y Gómez de la Serna, además de los inquilinos y viajeros que se hospedaban en sus habitaciones, pues todavía se seguía manteniendo el viejo negocio de la posada con capacidad para 42 inquilinos. Aún en el siglo XX llegaba cada viernes hasta dicho mesón, el "Ordinario de Illescas", un carromato tirado por mulas, propiedad de una larga dinastía de carreteros apegados a su oficio desde 1680.En el zaguán del casi mítico mesón se le dio al escritor Francisco Grandmontagne un sonado homenaje en 1921,en el que participaron amigos suyos como Antonio Machado y Azorín, entre otros cien personajes de la literatura española y la vida madrileña.En el mencionado zaguán, a mediados del siglo XX todavía podían verse expuestos y emparejados un carro de mulas y un viejo y flamante automóvil fabricado en Detroit. En 1965 era un punto obligado del recorrido turístico.El mesón tenía un estilo manchego rural y su especialidad eran las sopas de ajo (Sopa mesón del segoviano),además del queso manchego, los champiñones al ajillo y las gambas.


Ahora viene una curiosa historia, Lucio Blázquez entró a trabajar en este mesón cuando tan sólo contaba 12 años, entró como botones, aunque hacía de todo, limpiaba suelos, cristales, los baños... declaraciones de Lucio unos cuantos años más tarde:  "A los 15 años ya era jefe. La dueña, Doña Petra, me quería muchísimo; lo mismo que mis compañeros. Con 25 años, algunos de los clientes habituales, entre los que se encontraban el escritor Camilo José Cela, el pintor Eduardo Vicente y el arquitecto Eduardo Anasgasti, me animaron a montar mi propio negocio. “Tu no tienes que ser empleado; tienes que ser el dueño”, me decían. Lo mismo que cuando me echaron del pueblo, que me decían que tenía que ir a Madrid porque el pueblo se me quedaba pequeño. Y así empecé. Busqué un local, en la misma calle, y a los 10 días de abrirlo ya era una taberna “de moda”. Se puede decir que desde entonces, 54 años, estoy “sin mesa. Todo reservado”. Tengo el récord del mundo en reservas de mesa. Petra, la dueña del Mesón el Segoviano, cuando se jubiló me dijo: “Lucito –así me llamaba-, voy a dejarlo ya, tengo 84 años, y este negocio no se lo puedo dejar a nadie más que a ti”. Y yo pensaba, encima que la he hecho la competencia estableciéndome a 100 metros de su local. Pues eso, sólo me lo quería traspasar a mí. Algo habría visto en mí para dejarme su negocio.  Es en 1974 cuando lo compra y pasa a llamarse Casa Lucio. Su estilo inicial era la cocina castellana y poco a poco fue adquiriendo platos de la cocina madrileña. Fue un local de moda entre políticos y hombres de negocios y a pesar de los cambios conserva cierto aire tradicional. Algunos historiadores y conocedores de Madrid consideran que El original Mesón del Segoviano se encontraba en la acera de enfrente de Casa Lucio, ya que se comunicaba a través de un pasadizo con la Calle del Almendro, y que actualmente es el restaurante Viejo Madrid (que también es propiedad de Lucio)...la verdad, he buscado información para contrastar y no me queda muy claro, pues hay que tener en cuenta que la numeración de las casas ha ido variando a lo largo de los años, unas veces era el número 30, otras el 35 o el 32... ves a saber!

Pero si lo que queréis es entrar en una taberna del siglo XVII, lo mejor que se puede hacer es ir a la Taberna del Capitán Alatriste (propiedad del dueño de la Posada de la Villa) situada en la calle Grafal,7 en pleno corazón del Madrid de los Austrias, entre las dos Cavas. Se trata de una casona de más de 500 metros cuadrados repartidos en dos plantas con una capacidad para 150 personas.
El edificio es del siglo XVII pero las cuevas del interior datan del XVI, con restos de la antigua muralla. La decoración está inspirada en el Siglo de Oro y luce objetos encontrados en los lugares más recónditos (espadas, picas, lanzas... incluso hay una reproducción del cuadro "la rendición de Breda" conocido popularmente como "el de las lanzas", abunda la madera maciza de nogal perteneciente a un castillo segoviano, todo el conjunto tiene un aire de un típico mesón vamos como si estuvieras en la Taberna del Turco, a la que suele acudir en el libro, pero con manteles y posiblemente más limpia que la de aquellos tiempos... La oferta gastronómica es contundente, típica del siglo XVII.
Pero si queréis conocer más del Madrid de Alatriste visitar el siguiente blog está realmente bien, además os recomiendo leer las novelas de Arturo Pérez Revert, o en su caso ver la película que tiene como protagonista a Viggo Mortenssen, o esperar a que Telecinco decida emitir la miniserie de 13 episodios "Alatriste" que ha rodado en unos estudios de Budapest, donde han tenido que recrear el Madrid del siglo de Oro, es una lástima que no lo hicieran en los escenarios reales, supongo que debía ser un lío tener paralizada parte de la ciudad, y seguramente que hacerlo "en vivo" sería un gran esfuerzo tanto ecónomico como logístico, una pena! Pero bueno, aquí os dejo unas fotos de los dos actores que de momento han protagonizado al gran capitán, Viggo en la película y Aitor Ocio en la serie, ahora a escoger entre un rubio o un moreno..