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martes, 15 de julio de 2014

Los castillos cátaros:

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En el blog de hoy hablaremos de la comunidad Cátara, o de los "Bons Hommes" que era como se les conocía por el Languedoc francés, e incluso por tierras catalanas. Este grupo bastante numeroso de mujeres y hombres, no hicieron otra cosa que seguir las enseñanzas del Maestro, en una época en que la religión cristiana, sufría una profunda crisis, tanto en las altas esferas religiosas de Roma, como en el pueblo llano. La religión cristiana se había desvirtuando en gran manera, por lo que estos cátaros, precisamente querían restituir al pensamiento religioso de la Edad Media. 

Su pensamiento se basa en los dos principios que existen entre el Cielo y la Tierra, el Bien y el Mal para ello debían practicar la Virtud, y la Piedad con el fin de ejercitar buenas obras por medio de la bondad, la verdad, los buenos pensamientos, y la tolerancia hacia el prójimo, requisitos estos imprescindibles, para obtener los “Inmortales Beneficios” tras estas prácticas indispensables, los cátaros salvaban el alma para la vida eterna. 

Pero he aquí el problema, tales doctrinas chocaban frontalmente con la ortodoxia del cristianismo, tan apegado a los bienes temporales o el poder de decisión sobre todas las gentes, reyes,  y gobernantes del estamento religioso; arraigando ya desde la época de Carlomagno, como poder teocrático hasta tiempos bien recientes. La vida de los cátaros era sencilla, sin bienes terrenales mas que los necesarios para la subsistencia; la oración y el trabajo, eran sus armas para poder llegar al final con absoluta paz, preparándose toda la vida para la muerte a la cual no temían; con este sencillo bagaje los cátaros podían redimirse accediendo así a la vida eterna, como felicidad que toda alma debía alcanzar.

En diversos burgos de Occitania, aparecieron en los momentos de máxima esplendor cátara, unas casas o residencias, para acoger a los creyentes que estaban de paso en sus largos viajes, pero que también disponían de habitantes estables. Eran las llamadas “casas cátaras”. No debemos imaginarnos en ningún momento estas residencias como una especie de convento o monasterio, al más puro estilo católico medieval y hasta cierto punto, oscurantista y cerrado en sí mismo. Las casas cátaras estaban abiertas y se convertían en un lugar de paso, como hostales. Sus habitantes regulares se dedicaban a algún tipo de oficio, de forma que la casa era también un taller de producción, muy habitualmente de tejedores, oficio muy arraigado entre la comunidad cátara, aunque también se crearon también tallares artesanales de todo tipo de objetos cotidianos. De esta manera, los habitantes mantenían también su propósito de vivir de su propio trabajo y no de las “aportaciones” impositivas como hacía el clero católico.

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Hubieron más casas femeninas que masculinas, ya que los buenos hombres acostumbraban a viajar más, mientras que las buenas mujeres eran más sedentarias, y por tanto, arraigaban mucho más en los núcleos habitados. Las casas femeninas acogían muy a menudo, mujeres jóvenes para aprender la doctrina cátara, mujeres que no disponían de recursos y eran ayudadas a mantenerse en el recinto, niños huérfanos… A todos ellos se les adoctrinaba en el catarismo, pero sin obligar ni coaccionar sus voluntades. Por otro lado, cada día se efectuaban en el interior de la casa los rituales del catarismo para afianzar la fe y mantener los vínculos de unión de la comunidad.
Los cátaros y su doctrina fueron en general bien acogidos, tanto por la nobleza como el pueblo llano, que veían en las formas de vida de los cátaros, un acercamiento espiritual hacia los primeros siglos del cristianismo, por la pureza de sus costumbres cátaras en comparación a la vida austera de los primitivos cristianos, admirando su pacifismo, su tolerancia y el trato hacia el prójimo, frente a las convulsiones de una época tan belicosa como fue la Edad Media.
Los cátaros no eran guerreros. La suya era una fe basada en una absoluta renovación moral: el mundo estaba dividido entre los dos principios fundamentales, el Bien y el Mal. Dios es el creador del espíritu; Satanás, de la materia. Los cátaros compartían pacíficamente sus tierras y sus vidas con los habitantes católicos de la región. ¿Por qué, pues, fueron sometidos a una persecución tan furiosa? Básicamente, podría decirse que la causa era que los “herejes” cátaros eran mucho mejores cristianos que los propios católicos.

El Cátaro imperfecto
Eran muy populares y también muy respetados por los habitantes de las poblaciones locales, que se convertían en multitudes simplemente por el ejemplo de la forma cátara de vida. Así que ya tenemos un par de motivos, resulta que los cátaros son mejores cristianos que los propios cristianos, y encima consiguen ampliar cuota de seguidores a costa de los "cristianos de pura cepa", es normal de que el Papa se pusiera de los nervios y quisiera borrarlos del mapa, pues las conversiones eran abundantes mientras que él iba perdiendo adeptos, y los consideraba “los apóstoles de Satanás”. Al extenderse y reforzarse cada vez el catarismo en el Languedoc, aumentaron las preocupaciones del Papa Inocencio III, que en esta herejía advertía una posible amenaza a la unidad cristiana. La muerte del legado papal Pierre de Castelnau, acaecida en 1208 en Saint-Guilles en circunstancias misteriosas, fue el pretexto para desencadenar la represión armada contra los herejes cátaros y todos aquellos que, por motivos religiosos o por intereses políticos, los apoyaban. La Inquisición tenía sus maneras para descubrir cátaros, todos aquellos que fueran delgados y pálidos, eran catalogados como tal (la razón, siempre estaban encerrados trabajando en sus talleres sin ver la luz del sol, y además sus dieta era muy frugal y vegetariana) otra manera de reconocerlos era si iban limpios pues esta comunidad tenía costumbre de lavarse cada día, algo inconcebible para la época, donde un caballero llevaba las mismas ropas durante toda una campaña bélica, el ir limpio era cosa de judíos y árabes.  Fueron largos años de lucha feroz, caracterizados por asedios y batallas, matanzas y represalias, masacres y torturas; largos años iluminados tan sólo por los oscuros resplandores de las hogueras en las que quemaban a los herejes. 

Montségur, Peyrepertuse, Quéribus, Carcasona, Termes, Puivert, Puilaurens… Los cátaros buscaron refugio en estas fortalezas, sufrieron y perecieron en ellas y, de un modo real o imaginario, sus espíritus aún rondan por allí. La mayoría de estos castillos son sólo ruinas, pero no cuesta imaginarlos en su papel de celosos guardianes celestiales de lo que ocurría en la tierra, y a los cátaros viviendo en ellos según sus estrictas normas, tocando el cielo con las manos y con los pies separados del suelo.
Los cátaros fueron borrados de la faz de la tierra hace unos setecientos años, más o menos. El último clérigo o perfecto cátaro, Guilhem Belibaste, consiguió escapar a Torroella de Montgrí, en Cataluña, donde vivió en compañía de una pequeña comunidad de creyentes exiliados, y más tarde se trasladó a Morella.

Después de toda esta perorata vayamos a lo que nos interesa, la visita de los diferentes lugares donde ocurrió toda la historia.
Si nos alojamos en Carcassonne, podemos ir haciendo excursiones a los diferentes puntos de la Ruta Cátara.  En este post nos fijaremos en los castillos del sur, los que estarían por debajo de Carcassona yendo hacia los Pirineos. Hay que tomar la carretera que nos lleve a Limoux de este pueblo quiero destacar el Carnaval de Limoux, pues es uno de los más largos que se celebran, del 6 de enero al 17 de marzo, los sábados y domingos y el Martes Grande, las arcadas de la Place de la Republique de Limoux resuenan con el sonido de la música tradicional precedida por las bandas del carnaval,  más que un desfile es una especie de danza, cuyas normas han pasado de padres a hijos durante los últimos 400 años. 

Las bandas de enmascarados se confunden entre la multitud, uniéndose a espectadores y músicos para ofrecer actuaciones improvisadas. Acompañado por varios músicos, una centena de "bandas", animan el Carnaval. De tres en tres, los miembros del grupo tienen el privilegio de dirigir la música. Entre los participantes están: el Pierrot, típico de Carnaval de Limoux, el goudil (del más noble al más normal, con un toque de parodia), y el dominó (negro, decorado con bandas satinadas con colores tornasolados).

CAMON - MIREPOIX - IGLESIA VALS: De vuelta al Medievo

De Limoux nos dirigiremos hacia Mirepoix, a través de la carretera D-626.
"De forma totalmente nítida divisé a mis pies, a más de mil metros de profundidad, la pequeña ciudad de Mirepoix. Sé que en tiempos anteriores a Cristo se llamó Beli Cartha. Significa ciudad luminosa, ya que Belis y Abellio, en enta región, fueron los nombres de esta divinidad.” Antes del cristianismo, Mirepoix se llamo Beli Cartha, es decir, Ciudad Luminosa. Concretamente fue fundada por los fenicios, que la denominaban Beli Cartha (Ciudad de la Luna). Fue la ciudad cátara por excelencia, la mayor parte de la población eran "bons hommes" que era como se les conocía. Según escritos de la época: Mirepoix es el centro de la herejía: todos los caballeros que participan de la vida de la villa son cátaros, empezando por su señor, Peire Roger. Beli es también el dios pirenaico Abellio, y este es, en palabras de Otto Rhan, uno de los avatares del Apolo luminoso. En esta tierra vivió Pierre Roger de Mirepoix, del linaje de los Belissen, ultimo defensor de Montsegur. Estamos pues en una plaza de primer orden de la iglesia catara.

Cincuenta años antes de que ardiera la pira de Montsegur, los enviados del papa ya tenían la convicción de que la nobleza de Mirepoix apoyaba -y no precisamente de forma velada- al catarismo. En 1206 tuvo lugar un concilio cátaro que reunió a varios cientos de -perfectos-; por entonces la nobleza caballeresca de la ciudad, empezando por sus mujeres, ya había recaído la iniciación catara. Esta nobleza aporto a la herejía no solo a sus mejores hombres y mujeres, sino además una riada de fondos que les permitieron abrir cierto numero de establecimientos en la villa.

Esta implantación hizo que cuando la ciudad se entrego a Montfort sin resistencia, la ocupación fuera tan fácil como ficticia. En 1223, poco antes de que entraran en la ciudad Raymond Roger de Foix y sus caballeros occitanos, los habitantes de Mirepoix se sublevaron y expulsaron a los francos. Las represalias que siguieron cuando la ciudad fue reconquistada por los señores del norte fue terrible. La ultima catara nacida en esta mirra fue condenada en 1318

La ciudad conserva casi intacto su aspecto medieval de finales del siglo XIII cuando fue reconstruida, pues la ciudad anterior resultó inundada por la crecida del río Hers. Se encuentra envuelta dentro de una muralla en la que se puede encontrar una magnífica puerta de entrada a la ciudad del siglo XIII. La gran plaza central (Place des Couverts popularmente) se encuentra rodeada por porches y soportales de madera tallados con esculturas y entramados, de los siglos XIII al XV. Los travesaños la antigua casa de los cónsules son los mejor conservados, observándose en la madera tallada cabezas de monstruos y humanas.

La catedral del románico tardío y gótico, fue consagrada a Saint Maurice en el siglo XIII. La nave central, de estilo gótico, es la más ancha entre las catedrales francesas góticas y una de las más amplias de Europa.  A mi me gustó mucho, parecía que por cualquier esquina iban a llegar los guardias del Cardenal Richelieu, persiguiendo a d'Artagnan, si, ya sé que no es el lugar, pero como decorado para películas de espadachines, duelos y persecuciones sería perfecta.

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Después de un buen "café au lait" acompañado de una maravillosa tarta, seguimos camino hacia Lavelanet, para llegar hasta Montségur. El pog de Montségur es un pico calcáreo coronado por las ruinas del castillo del mismo nombre, que con 1208 mt de altura, se encuentra en el corazón de los Pirineos del Ariège, en el macizo de Tabe. Tal vez sea el menos espectacular de los castillos de nuestra ruta, pero también es el más famoso debido a los trágicos acontecimientos de marzo de 1244. En la fortaleza se atrincheraron setecientas personas, entre las que había un grupo de 200 cátaros notables, que resistieron heroicamente el asedio de un ejército al mando de Raymond VII, conde de Tolouse, durante casi un año, y, una vez rendidos, ardieron en una inmensa pira en el Camp dels Cremats, situado a los pies del castillo. Su historia está tristemente marcada por la muerte de 225 cátaros, sacrificados en la hoguera, por no abjurar de su fe en el año 1244. Para llegar al castillo tenemos que hacerlo desde el Prat dels Cremats (Prado de los Quemados) donde una estela recuerda la tragedia. Su acceso es bastante duro, pero las vistas que se obtienen valen la pena el sufrimiento.

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montsegur
Cuentan las antiguas leyendas que Montségur fue construido por gigantes y que, desde épocas remotas, fue el punto de adoración al sol. Este curioso y científico hecho queda demostrado al exponer las características físicas de la fortaleza. Se trata de un conjunto en forma de pentágono irregular de 700 metros cuadrados. La puerta principal de acceso tiene 1.95 metros de ancho por 3.25 de alto (lo que no parece, a primera vista, muy adecuado para esta clase de construcciones). La longitud de la fachada principal (la del sudeste) es la del doble de la del torreón. Trazando una imaginaria diagonal desde éste, se va a parar al ángulo formado por la intersección de las fachadas este y norte. La fachada opuesta al frontispicio, está constituida por muros que forman un ángulo de 176 grados. Al proyectar el eje meridional del conjunto, se advierte que dicho eje lo daba, con extraordinaria precisión, una de las dos diagonales de la puerta principal un ángulo, con el insignificante error de 8 segundos, igual a la latitud de Montségur.

En el solsticio de primavera, se puede asistir al nacimiento del Sol. Sus primeros rayos penetran por una saetera y salen por la del lado opuesto atravesando el castillo. ¿Es simple casualidad o medió la arcana intención del constructor que la trazó desviada de su posición lógica que sería la estrictamente simétrica respecto al eje de la construcción? ¿Es el castillo un formulario secreto, inscrito en piedra, que transmite los misterios de sus constructores?. Según el estudioso F.Niel, Montségur fue reconstruido por los cátaros como templo solar o calendario y a ello se debe que las coordenadas de sus muros y saeteras se ordenen de forma peculiar, para que el edificio actúe como una especie de condensador de energías  telúricas que confluyen en aquella montaña, que ya era sagrada antes del cristianismo.


Este símbolo cristiano fue adoptado por las tierras occitanas de Languedoc y Provença, donde ya en muchas sepulturas pre-cristianas aparecía. La región de los cátaros, el Languedoc-Roussillon, adoptó para su bandera las cuatro barras catalanas y la Cruz d’Oc o Cruz Occitana. Los cátaros renunciaron a símbolos de idolatría pero esta cruz tiene una asociación con el mundo solar y con los doce símbolos del horóscopo occidental. Los Condes de Tolosa o Toulouse adoptaron este símbolo como parte de su escudo heráldico en el siglo XIII. Con el paso de los tiempos fue aceptado como símbolo heráldico-nobiliario. En 1211 los condes ya la llevaron durante la invasión francesa en sus territorios para acabar con el catarismo.



Los puntos mas notables de la edificación constituyen puntos de referencia que permiten la precisa observación de los ortos, no solo en los cuatro puntos del año (lo que permitió, sin duda, a sus últimos defensores celebrar la Bema), sino también el momento de la entrada del sol en cada sector zodiacal, lo que implica muy notables conocimientos astronómicos, y nos lleva a antiguos edificios poligonales, utilizados como observatorios, tanto en Europa como en Asia.”Así, en el solsticio de verano (21 de Junio), se puede observar en la repisa de una de las aspilleras de la fachada sudoeste del torreón, salir el sol por el hueco de la aspillera que tenemos enfrente, con desplazamiento de 10º a la derecha que corresponde exactamente al debido a la precisión de los equinoccios, en 720 años”.


Aparentemente, Montségur no parece diferente a otras fortalezas de la misma época y lugar . “Demasiado exiguo (en el asedio final se calcula que albergó a unas 1000 personas, con sus correspondientes víveres, armas, animales vivos, mobiliario, efectos personales, cacharros, cocinas, letrinas, leñeras, despensas, etc., que no se debían hallar muy a gusto en sólo 700 m2), escasamente acondicionado, muy poco confortable.     

Hacia 1204 la Iglesia catara asentada en esta zona, presintió que un gran peligro les acechaba. El Papa Inocencio-III acababa de nombrar al mando de su delegación en el Languedoc, a Arnau Amalric, abad de Cîteaux, al tiempo que solicitaba al rey de Francia, Felipe Augusto, que interviniera militarmente. Seiscientos Perfectos cátaros se reunieron en un Concilio en Mirepoix y pidieron al señor de Lavelanet, Raimundo de Péreille, que reconstruyera el Castillo.
Desde ese momento Montsegur fue frecuentado por muchos cátaros venidos de todas partes de forma que en 1232 se estableció allí “la cabeza y sede” de la iglesia cátara. Para asegurar su defensa, Pedro Roger de Mirepoix creó una guarnición de caballeros y escuderos, y de unos cincuenta hombres armados, todos acompañados de sus familias. Un total de quinientas personas que se establecieron en Montsegur (entre el castillo y el pueblo a sus pies) aunados por la creencia de los Perfectos.
El 20 de mayo de 1242 sucede un hecho que aceleró los acontecimientos. En Avignonet  resultan asesinados los inquisidores del Papa (recordemos que participaron los señores de Congost, del castillo de Puivert), lo que hizo que en el Concilio de Béziers del año siguiente, se encargara al senescal Hugo de Arcis la dirección militar del sitio de Montsegur y a Pedro Amiel, Arzobispo de Narbona, la dirección espiritual. Montsegur resistió hasta poco antes de la navidad de 1243, cuando un grupo de vascones escaló, de noche, el Roc de la Tour y los asediadores pudieron instalar allí sus trabucos.

En estos momentos, el Perfecto Pedro Bonnet y un creyente, abandonan el castillo con el tesoro de la iglesia cátara que, según se cuenta, escondieron en la spoulga fortificada de Bounan, una cueva de las inmediaciones.  La situación de los asediados era insostenible cuando el 2 de marzo de 1244 se vieron obligados a capitular. Montsegur había resistido un sitio de 10 meses.Al cabo de una tregua de 15 días, los cátaros que habían rechazado abjurar de su fe fueron condenados y, el 16 de marzo, más de 200 de ellos murieron en una hoguera que se había alzado al pie del pog (en el llamado “Prat dels cremats”, donde se alza una estela conmemorativa).  El día anterior a la hoguera, cuatro cátaros pudieron huir y llegar al Castillo de Usson, donde recuperaron el tesoro de la iglesia cátara. Luis-IX entregó Montsegur a Guy de Lévis y se convirtió en una fortaleza real. Estuvo habitado hasta el siglo XVI (gran parte de la geometría actual del castillo es de esta época) y después fue abandonado.

De Montsegur cogeremos de nuevo la carretera para llegar al siguiente castillo a visitar, y que es el Château de Puivert.
El Castillo de Puivert es uno de los mejores conservados.  Tiene unos 35 metros de altura, con seis torres de defensa que dominan el pueblo de Puivert instalado en una colina a 600 mt. de altura sobre un antiguo lago glaciar.  Su torre recién restaurada domina la llanura de Quercorb al norte, y vigila el inmenso patio del castillo que recuerda a los recintos de las justas y torneos. El salón de los músicos representa a los más famosos trovadores de los siglos XII al XIV. En 1170 se reunió en este pueblo la elite de los trovadores del País d’Oc. Con ocasión de este evento, Pere d’Auvernia compuso un famoso poema satírico occitano.
El castillo pasó a  manos de los señores de Congost (Bernat de Congost y su esposa Alpaïs), adeptos a la religión cátara, quienes tuvieron que refugiarse en Montsegur tras el asedio del castillo por las tropas de Simont de Monfort, en 1210, dirigidas por Pons de Bruyères, quien tomó el castillo. Los Señores de Congost murieron en Montsegur en 1232, pero sus sucesores participaron en la masacre de los inquisidores en Avignonet y defendieron Montsegur en 1244. Ya en 1310 Thomas de Bruyéres al contraer matrimonio con Isabelle de Melun reconstruye y amplia el castillo  tal y como puede verse hoy en día. Probablemente fue en memoria de esos trovadores que Thomas de Bruyères, dedicara los adornos de la habitación a los instrumentos musicales.
Photo Ph Dufour
Además en este Castillo se filmaron algunas de las escenas de la película “La Novena Puerta” (1999) de Roman Polanski, basada en la obra “El Club Dumas” de Pérez Reverte. Se tomó este castillo como la localización física en el mundo real del castillo que aparece dibujado en el Grabado nº 9 del libro de Aristide Torchia “De mbrarvmregninovemportis”. 


Al final el castillo cayó en manos de los cruzados tras tres días de asedio.En el pueblo de Puivert  se encuentra un famoso museo de usos y costumbres del país, así como un “Instrumentarium”, un museo de instrumentos musicales medievales reconstruidos a partir de los capiteles esculpidos en una de las salas del Castillo.

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Y seguimos con la visita, lo que viene a continuación es el reconstruido  Castillo de Puilaurens, es la fortaleza más meridional de Francia durante cuatro siglos, fue uno de los enclaves más importantes de la resistencia cátara. Durante el camino de subida, diferentes carteles nos informan de la flora local, haciendo más llevadero el camino de ascenso. Esta fortaleza se encuentra encaramada a un espolón rocoso que domina el valle del río Boulzane desde sus 697 metros de altura. Bloqueaba el acceso al Fenouillèdes y formaba parte de los llamados cinco hijos de la ciudad de Carcasona.
Fue reconstruido en 1310 tras la caída de los cátaros. Caracterizado por una hermosa muralla almenada interrumpida por torres redondas, el castillo de Puilaurens pertenecía a Chabert de Barbaira, un cátaro de sólidas convicciones religiosas, que lo defendió denodadamente hasta que le obligaron a capitular en 1256. El castillo desempeñó después una función de protección en los confines de Francia y España, y sufrió numerosas remodelaciones. Pero la fascinación de sus poderosas ruinas se mantiene intacta: se dice que merodea por él el fantasma de una Dama Blanca…

Nos acercamos a Quillan  este pueblo está situado en el centro de un circo inmenso, por lo que disfruta de un clima particularmente bueno. Es famoso por la fabricación de sombreros de fieltro, hecho que se anuncia por todas partes, con un inmenso sombrero presidiendo hasta los carteles publicitarios. Es un pueblo industrial, se ve muy grande, con fábricas y naves, y una estación con movimiento. Aquí lo interesante para mí, al menos, es llegar hasta Rennes-le-Chateau, para ello cogemos la D118 hacia Couiza, donde en un giro casi imposible, entramos en la D52 hacia Rennes-le-Chateau .  Aquí transcurre parte del libro de Dan Brown, el Código Da Vinci, y su misteriosa leyenda 

Rennes-le-Château
 
 

La iglesia es pequeñita, y lo que más sorprende es que dentro de la misma, en la puerta de entrada o de salida, según se mire, hay la figura de un demonio! En este blog está super bien explicado, os animo a leerlo: http://lamochiladelaura.wordpress.com/2013/05/01/rennes-le-chateau-parte-1/

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Después de Rennes-le-Chateau nos dirigimos hacia Cucugnan, allí primero nos desviaremos para ver el castillo de Peyrepertuse, para luego acercarnos al de Queribús.  El Castillo de Peyrepertuse , al que se llega tras cruzar las impresionantes Gargantas de Galamús , es posiblemente el más bello de todos los castillos cátaros. Casi inaccesible, a 800 metros de altura, Peyrepertuse es el baluarte feudal más vasto de toda la región y el que mejor se conserva. Se trata de una impresionante construcción militar del siglo XII, que se extiende a lo largo de 300 metros de cornisa rocosa. El acceso se realiza a través de un camino boscoso y, a menudo, el clima nos regala una niebla que hace la visita más especial, al final del cual hay unas escaleritas un poco empinadas. Al contrario de otras fortificaciones, no fue asediado, sino que prefirió rendirse al rey de Francia en 1240. Dentro de su doble cerco de murallas, el castillo de San Jordi parece casi una fortaleza dentro de otra fortaleza, con su increíble escalinata tallada en la roca, como suspendida en el vacío. Peyrepertuse se ve mejor desde abajo, desde el pueblo de Rouffiac-des-Corbières, pero hay que subir. Es una experiencia muy recomedable. Lo cierto es que cuando uno se encuentra allí dentro se pregunta qué clase de determinación hizo que esas gentes construyeran algo tan colosal a esta altitud. Penetrar en este silencioso mundo es algo difícil de olvidar.

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Sigamos hacia el siguiente y último castillo que se encuentra emplazado a 730 metros de altura, en el corazón de la Corbières, Quéribus parece una prolongación natural de la masa rocosa de la que emerge a viva fuerza con su imponente torreón. El interior no tiene desperdicio: ofrece la llamada “sala del pilar”, de estilo gótico. Es una maravilla. Último bastión de la resistencia cátara, Quéribus se rindió en el año 1255, once años después de que el legendario castillo de Montségur fuera conquistado. Acogió a gran número de cátaros tras la caída de Montségur.

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Queribus
La visión del  Castillo de Quéribus  impresiona, sin duda. Hay que subir una pequeña cuesta –no más de diez minutos- y de inmediato se encuentra uno en el interior de una inmensa e inquietante masa rocosa. Si el interior parece estar lleno de extraños fantasmas occitanos, cargado con una atmósfera misteriosa y espectral, la visión que se disfruta desde la parte más alta del mismo es de una belleza pasmosa. A tus pies se extienden las verdes y doradas llanuras del Rosellón. Más allá, a lo lejos, la superficie azul del Mediterráneo. También se contemplan, imponentes, las cumbres nevadas de los Pirineos. Hay un audiovisual muy logrado, que te enseña todo lo que se vivió en el castillo.
De regreso al pueblo de Cucugnan podemos ver que en la Iglesia de Cucugnan se guarda una imagen de la Virgen encinta, (la Wikipedia dice que cuenta con una exposición de vírgenes embarazadas ¡¡que cosas!!).  
Aún quedan castillos por ver, en el próximo post hablaremos de ellos, no vemos!